Mientras leía el libro, un pensamiento rondaba mi cabeza: ¿y tanto ruido para esto?
No me malinterpretéis: no es una porquería de libro. Pero se han pasado mucho con la publicidad, con que sería un boom, que marcaría un antes y un después en la literatura juvenil como lo hizo Harry Potter y como lo hizo Crepúsculo.
¿Qué pasa si dicen todo eso? Pues que, como es normal, nos esperaremos un libro genial que nos hará flipar en colores hasta ver unicornios y arcoiris en nuestra habitación mientras leamos.
Vale... tal vez me pase un poco, pero más se han pasado con la publicidad.
Si no lo hubieran publicitado tantísimo, el libro me hubiera parecía aún mejor.
...
Exacto, como ya he dicho, el libro no es malo. Simplemente puede decepcionarte si te esperas mucho de él.
Eso es, señores y señoras, queridísim@s lectores/ras, olvidad toda publicidad que os hayan metido en el cerebro y entregaos a este hermoso libro en cuerpo y alma, por qué tal vez tardéis lo vuestro en leerlo.
Kami Garcia y Margaret Stohl han conseguido escribir un libro original (fuera vampiros, hombres/mujeres lobo, hados y hadas y duendes) creándo sus propias criaturas, los Casters. No son nada del otro mundo (es decir, la repera), pero oye, son algo fuera de este pequeño mundo de la literatura juvenil, y eso se debe de tener en cuenta.
La narración en primera persona por parte de Ethan es
muy buena, ¡por fin un chico es el narrador, y no la ya archiconocida chica de la historia! Este punto, le da un aire de frescura a la novela, pero eso sí, eché de menos el deseo: en todos los libros de este tipo narrados por la chica, esta suspira por los brazos del chico, su rostro, su torso, etc. En cambio, Ethan debe de ser mogigato o algo, sólo alaba el pelo, los ojos y el rostro de Lena, para piernas y demás están Savannah Snow y Ridley (OMRidley♥). No me malinterpretéis, no soy un pervertido, pero escenitas de ese calibre si que figuraban en Temblor cuando narraba Sam, y uno se espera cosas así al leer una novela con un romance protagonizada por un chico.
Y esto me lleva a otro inconveniente del libro: los momentos Ethan-Lena de vez en cuando dejan mucho que desear, hay algunos que están bien (bastante bien), que te parecen dulces y sientes que Ethan y Lena no pueden acabar juntos, que eso provocaría su mayor infelicidad... pero otros se quedan cortos.
Lo peor de todo es el ritmo desigual que tiene la novela. A veces te mantiene enganchado a sus páginas, otras te entretiene, luego vuelve a engancharte y a querer más, y más tarde hay páginas que desearías arrancarlas del libro por ser tremendamente soporíferas e inservibles. Pero no todo se puede tener en esta vida, ¿verdad?
Entonces, si tiene estas pegas, ¿por qué un 8,5?
Sin duda, por el final.
Un final alucinante, que hizo que me quedase con los ojos como platos y con la boca más abierta que el túnel del metro. Y luego, el final final, los últimos versos. Ahí me quedé sin aliento.
Una segunda parte que me da un poco de miedo, por qué no sé que esperarme de ella: una segunda parte mejor, una segunda parte que se mantuviese en la línea de la primera parte, o una segunda parte peor. ¿Por qué? No puedo decirlo, sería un spoilerazo del quince.
No obstante, apuesto por la segunda parte mejor que la anterior, o eso espero y deseo.
En resumen: olvidaos de toda la publicidad masiva con la que nos han bombardeado y quedaos con que es un buen libro, entretenido y original, y que no tiene desperdicio, con un final de infarto todo y que se haga pesado de vez en cuando.
Adéntrate en el mundo de los Casters...
Las autoras: Kami García y Margaret Stohl
Kami Garcia vive en Los Ángeles con su marido, su hijo y su hija, pero pasó su niñez en las afueras de Washington DC (aunque asegura que siempre tuvo un pie en el sur). Estudió en la George Washington University, donde se licenció en Educación. Es profesora y organiza grupos de lecturas para niños y jóvenes. Comenzó a escribir en diarios durante su niñez. Confiesa ser muy supersticiosa y va siempre cargada de amuletos.
Margaret Stohl reside en Santa Mónica (California) con su familia. Ha estudiado Literatura Americana en Amherst y Yale, Filología Inglesa en la Universidad de Stanford y escritura creativa en la Universidad de East Anglia, en Norwich. Ha trabajado como diseñadora y guionista de videojuegos (por eso sus dos perros se llaman Zelda y Kirby).
Tanto para Kami como para Margaret, Hermosas criaturas es su primera novela y han sido seleccionadas por la cadena de librerías americana Borders como las voces más originales de enero de 2010 en la sección de literatura juvenil.
En la red son conocidas como «las chicas Caster».