domingo, 27 de julio de 2014

Tengo excusas

En realidad no las tengo.
Bueno, sí, sí las tengo, sería más adecuado decir que me odio por tenerlas. Caray, no es por nada, pero me estoy convirtiendo en el típico bloguero que va diciendo continuamente que va a volver, que se va a poner las pilas, y que nunca vuelve ni se las pone. Bueno, esto tampoco es verdad, porque yo sí que vuelvo, no es mi culpa que cuando vuelva os cuente cosas que a la mayoría os interesan tres pimientos, aunque algunas sean bien bonitas y otras no tan anticuadas. Bueno, tal vez sea mi culpa, pero qué le voy a hacer. Odio los pimientos.

El caso es que he pasado unos días fuera de mi ecosistema. Atravesé la vieja estepa castellana y me planté en la Capital, olvidando que soy un muchacho de provincias y creyéndome una persona nueva. Bueno, en realidad no. Es decir, sí me fui, pero no me creí nada, yo llevo la Provincia en mi corazón. Lo que sí que es cierto es que me lo tomé como una cura, como una toma de aguas de esas que hacían nuestros burgueses antepasados decimonónicos cuando se creían enfermos pero en realidad solo tenían problemas de estrés por ser tan ricos. Es decir, me dije «Solo existe este viaje», y de ahí que no tocase el ordenador (ni el blog, ni el twitter, ni el facebook) durante más días de los que podría haber soportado en situaciones normales. Tampoco es que tuviera tiempo. Y, oye, qué bien sienta. Creo que mi mal humor nace de las tantas tonterías que tengo que leer por las redes sociales. A lo mejor Thoreau tenía razón, le tendría que echar un vistazo.

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Olvidarme de todo también incluyó olvidarme de esa quijotesca adicción tan rara que tengo de leer continuamente y que, caray, a veces se hace muy pesada. También conllevó olvidarme de mis otros proyectos (que sí, que aunque no lo creáis tengo vida más allá de la pantalla y de las páginas). Todo ello ha producido un retraso considerable en mis planes (porque yo me organizo hasta las vacaciones). Y es que ahora estoy leyendo a uno de los pesos pesados, ¡igual que hace un año!.

reposo2

Vamos, que os he estado engañando durante toda la entrada. Cómo os debe de gustar que diga cosas sin decirlas, os lo veo en la cara. Yo no escribo para deciros que voy a volver, yo os escribo para deciros que no he estado y que voy a no estar durante más rato aún. Para que no sufráis por mí, vaya, porque sé que tenéis que sufrir mucho cuando no os doy la vara con clasicazos o con libros juveniles que hace la tira que se publicaron y que ya habéis leído. Menudo bloguero soy, tal vez me debería de replantear eso de grabar vídeos para ir más rápido y divertiros más. ¿Pero qué es la crítica literaria sin la palabra? Caray, mejor que me olvidéis cuando me pongo así, son gajes del oficio y de una mente cabezona y obcecada. ¡Ah, nunca digas "de este agua no beberé"!

Que sí, que voy a seguir no estando por aquí, pero para leer y para escribiros reseñas. Qué bueno soy, que sacrifico mis vacaciones para haceros felices, eh. Yo es que soy así; y cínico un tanto, también.

1 comentarios:

mayumako 27 de julio de 2014, 21:28  

Has utilizado "caray" dos veces en este texto. Te me estás abuelizando con tanto clásico xDDDDDDDDDDDDDDDDD (con amor todo).

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