lunes, 7 de julio de 2014

The (Elizabethan theatre) Experience

The (Classic) Experience es una sección de Lector Empedernido -como si yo fuera el único intelectual que reseña clásicos- en la cual haré pequeñas reseñas de las novelas clásicas que vaya leyendo (desgraciadamente, son pocas). Esta sección es aperiódica, es decir, tendréis una entrega siempre que a mi me salga del monóculo.


Antonio y Cleopatra, de William Shakespeare

Marco Antonio era uno de los tres triunviros del Segundo Triunvirato de Roma, portador de una tercera parte de la tierra. Cleopatra era la reina de Egipto, señora seductora del Nilo que da más hambre cuanto más alimenta. Antonio y Cleopatra se enamoran y viven su pasión durante años. Uno de los tres pilares del mundo acaba siendo el bufón de una ramera. El fuerte y poderoso triunviro se convierte en un hombre mayor incapaz de ganar una guerra. La cautivadora y bella reina se convierte en una mujer consumida por la espera y los celos. Ambos dejan de ser aquello de lo que se habían enamorado.
César Octaviano empieza a mover sus hilos. La guerra estalla. El mundo es demasiado pequeño para abarcar el amor y el poder. El mundo es demasiado pequeño para Cleopatra y para Antonio. El cielo se derrumba y la tierra se parte en dos. Solo la muerte puede unirlos.

CLEOPATRA

¿Por qué había de pensar que eras fiel y eras mío
(aunque tus juramentos sacudiesen el trono de los dioses)
si has sido infiel a Fulvia? ¡Qué locura tan desenfrenada
dejarse enredar con esos votos hechos de labios para
[afuera
y que se rompen nada más jurarlos!

ANTONIO

Mi dulcísima reina...

CLEOPATRA

No, te lo ruego, no le busques pretexto a tu partida,
dime tan solo adiós, y vete: cuando me suplicabas por
[quedarte,
entonces sí era tiempo de palabras; nada había entonces
[de partidas;
la eternidad estaba en nuestros labios, estaba en nuestros
[ojos,
y el arco de las cejas mostraba la felicidad; no había
[parte en nosotros
por muy pobre que fuese que no viniera de los cielos.
[Y aún es así,
oh tú, el soldado más grande de la tierra, convertido ahora
en el más grande mentiroso.

Como algunos sabéis, no era un gran admirador de Shakespeare. Romeo y Julieta me pareció un despropósito, y Hamlet, me doy cuenta ahora, no fue una obra que supe comprender en su momento, en parte, seguramente, por las prisas con las que me tuve que leer la obra para clase. Sin embargo, luego llegó la lectura de El rey Lear, que me hizo respetar algo más al dramaturgo inglés. Y por último he sido placado por la tragedia de Marco Antonio y Cleopatra. No era un gran admirador de Shakespeare porque ahora, creo, lo soy. Aunque sigo siendo anti-Stratfordiano.

Antony_and_CleopatraSi bien Romeo y Julieta nos mostraba un amor pasional, insensato y juvenil, un amor, en definitiva, que daba ganas de desear cualquier fatal desenlace, en Antonio y Cleopatra encontramos un amor adulto, un amor sólido y, como no (¿hay alguno que no lo sea?), insensato en un inicio, que evoluciona hacia un amor egoísta que hace perder los papeles a ambos protagonistas. Una vez más, los personajes shakespearianos son cosmovisiones individuales, islas perdidas en la inmensidad de la existencia, incomunicadas, que se equivocan por su incapacidad de comunicarse.

Paradójicamente, y aquí reside la magia de Shakespeare, su obra se construye sobre la palabra. Todo es palabra: el espacio, las relaciones entre los personajes, el tiempo; todo nos llega a nosotros, como lectores, a través del diálogo, y así nos percatamos del paso (o no paso) del tiempo y de la evolución de la relación entre Cleopatra y Antonio. Pero, obviamente, Shakespeare no utiliza sus versos como simples mecanismos narrativos: en esta obra he tenido el placer de encontrarme con los versos más hermosos del dramaturgo inglés que he tenido la oportunidad de leer.

ANTONIO

[...] ¡Oh tú, la luz del mundo,
ciñe mi cuello armado con tus brazos! ¡Salta hasta mi
[corazón,
atravesando mi coraza, y cabalga triunfante sobre él
siguiendo sus latidos!

Tampoco me gustaría acabar la reseña sin mencionar el fuerte carácter de Cleopatra, un personaje consciente de que es personaje, consciente de que con su palabra se está representando frente Antonio, frente a sus vasallos y frente al mismísimo público. Todas y cada una de sus intervenciones están llenas de esta consciencia, lo que la convierte en un personaje fascinante a la vez que odioso.

Así pues, ¿le tenéis ojeriza a Shakespeare? ¿No os ha encandilado su lenguaje a veces sublime y, otras, vulgar? Yo no podría hacer otra cosa, entonces, que recomendaros Antonio y Cleopatra, una tragedia sobre el amor y el poder y la imposibilidad de reconciliar ambos.

712 págs. (ed. bilingüe) * 12,30€ * Ediciones Cátedra (Letras Universales)


Eduardo II, de Christopher Marlowe

Hace mucho tiempo, en Inglaterra, gobernaba el rey Eduardo II, esposo de la reina Isabel de Francia y amante de su fiel Gavestone. Nada de esto resultaría extraño: todos los reyes han tenido amantes alguna vez. Pero tras la vuelta de Gaveston después de su exilio, todo se complica... Eduardo no puede evitar colmar de atenciones a su favorito, dilapida el dinero de la corona en fiestas y en caprichos; la corte empieza a molestarse, ¿cómo alguien tan despreciable como Gaveston puede tener más privilegios que los miembros de la aristocracia?; y la reina Isabel, sola e ignorada por un marido que no puede sentirse atraído por sus encantos, cada vez encuentra más placer en las atenciones que le dedica el joven Mortimer, quien no solo ansía conquistar el corazón de la reina, sino la mismísima corona...

MORTIMER EL JOVEN. ¿Cómo podéis amar a quien
todo el mundo odia?

REY. Porque él me ama más que todo el mundo junto.
Y nadie salvo hombres insensibles y brutales
Podrían buscar la ruina de mi Gaveston.

Nunca antes había leído nada de Marlowe, pero sí estaba al corriente de la supuesta rivalidad que hubo entre él y Shakespeare..., o de si realmente el nombre de "William Shakespeare" no era otra cosa que un pseudónimo del propio Christopher Marlowe, ya que se desconoce tanto la vida del famoso poeta inglés y tan poco rastro dejó de su personalidad en sus obras, que a veces llega a considerarse que Shakespeare no es más que una firma. El caso es que decidí lanzarme a probar a Marlowe con Eduardo II por dos sencillas razones: se trata de la primera obra moderna en abordar la homosexualidad y se considera el antecedente de los dramas históricos shakespearianos.

Efectivamente, Eduardo II es la primera obra perteneciente a la modernidad, es decir, que no forma parte de la literatura clásica (grecolatina), en la que podemos encontrar una historia de amor entre dos hombres; pero no solo eso: Marlowe inscribe esta relación en los términos propios del amor trovadoresco y de la tradición provenzal, algo que nos puede parecer hasta revolucionario teniendo en cuenta que hablamos de una obra publicada a finales del siglo XVI. Lo interesante aquí no es solo este aspecto, sino también la capacidad de Marlowe de pasar de un estilo a otro, combinando el estilo ovidiano con el de la crónica histórica o con el mismo estilo trovadoresco.

CristopherMarlowePor otro lado, es interesante fijarse en el papel que cumple la palabra en la obra de Marlowe: igual que en Shakespeare, la palabra lo es todo: construye el escenario y los cambios de escena, la psicología de los personajes y sus conflictos. Aquí, los soliloquios tienen una gran importancia: a partir de ellos los personajes no solucionan los problemas que los inquietan, sino que muestran su fragilidad; estos problemas, además, no los sacuden solo a ellos, sino que también infieren en el resto de personajes que los rodean. Es precisamente esto lo que hace de Eduardo un personaje tan asombroso: el rey duda entre entregarse por completo a su amor por Gavestone, que es lo que realmente desea hacer, o bien cumplir con sus obligaciones como monarca, a lo que intenta obligarle la corte; todo ello, por su parte, influye en la reina Isabel de una manera que resultará fatal para Eduardo; vemos, así, como todos los personajes se ven unidos por sus conflictos internos, conformando una compleja red que desatará la tragedia.

REINA. Al cielo pongo por testigo
De que tú eres mi único amante.

(Salen todos, excepto la REINA.)

¡Así se aleja de mi cariño!
¡Ojalá mis brazos pudieran cercar esta isla,
Y pudiera atraerle hacia mi, donde yo quisiera!
¡Ojalá que estas lágrimas, que llueven de mis ojos,
Tuvieran poder para conmover su corazón de piedra,
Y que, una vez juntos, nunca volviéramos a separarnos!

En resumen, también quiero recomendaros la lectura de Eduardo II, una pieza que me ha hecho admirar a Marlowe y me ha abierto el camino para explorar a un nuevo autor que, a pesar de ser el precursor de Shakespeare (o, quien sabe, incluso puede que sea el mismo Shakespeare), ha quedado oculto tras su sombra en los institutos. Por mi parte, aprovecharé esta edición de Cátedra para poder seguir explorando a Christopher Marlowe con El judío de Malta.

464 págs. (junto a El judío de Malta)
* 16,80€ *
Ediciones Cátedra (Letras Universales)

2 comentarios:

Anna Gallagher 7 de julio de 2014, 14:18  

Pues mira, te haré caso y le daré una nueva oportunidad a Shakespeare con Antonio y Cleopatra. Que por cierto, menuda preciosidad los fragmentos que has dejado.

Nina 7 de julio de 2014, 17:51  

Yo soy muy fan de todo lo egipcio y me encantaria leer antonio y cleopatra.

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Las fotos originales de las cabeceras han sido buscadas en Wehearit.

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