viernes, 22 de febrero de 2013

Persecución y paranoia, los síntomas de un bibliófilo

265290234270555121_eyr0mO2P_cDecidme, ¿soy el único al que le pasa? ¿Soy el único al que le persiguen cuando va a cualquier librería? No hablo en broma, y tampoco estoy intentando ser metafórico, hablo de un incesante, auténtico e irritante acoso. Intentas negarlo, pero te das cuenta de que no puedes hacerte el tonto, de que te vigilan desde las estanterías, y después intentas escapar... dejas de ir a las librerías... pero no importa. Empiezas a verlo en el metro, empiezas a oír su nombre por todas partes. De golpe, todo el mundo lo conoce, todo el mundo está familiarizado con él, como si tú fueras el último mono en enterarte. Y lo eres. Pero algo se enciende en tu mente. Click. No hace dos días que le has conocido. Le conoces desde que tienes memoria. Ya hace tiempo que has oído su nombre, como una canción que se repite en los anuncios, como el ruido de los coches que se oye a través de tu ventana y que ya no percibes por pura costumbre... Tan asimilado lo tenías que ya era propio de tu esencia... Sin embargo, como si el mundo no parase de enviarte señales, percibes por fin su presencia. Y es entonces cuando empieza la paranoia.

No han sido pocas las veces que me ha pasado. El caso más antiguo que mi memoria es capaz de recodar es Emily Brontë y sus Cumbres borrascosas: siempre había oído hablar de él, me había observado desde la estantería familiar, pero no me sentía preparado para su lectura... hasta hace tres años, que me llamó a gritos y yo ya no pude negarme más. Cedí... y se convirtió en uno de los libros más importantes de mi vida. bookTambién me pasó con Jane Austen, pero esta historia ya la sabéis: la escogí como treball de recerca, aquella maldición que debemos soportar todos los estudiantes catalanes de bachillerato, y gracias a ello no se me hizo cuesta arriba en ningún momento, a pesar de los estresante que puede resultar 2º de bachillerato. Luego, la acabé de degustar y se convirtió en parte de mí.
Y así, tantos otros... Rodoreda, Camus, Hesse, Rilke, Proust, Woolf, Fitzgerald, Wharton. Nombres que tan solo había oído una vez, en un instante pasajero, se convirtieron en el sonido del viento a mi alrededor, en un pitido incesante que me golpeaba los oídos.

¿Nunca lo habéis notado? Inesperadamente, algo se activa y te ves atraído hacia él, hacia ese libro, hacia ese autor. Es como enamorarse: hasta que no caes, no te das cuenta de que estás perdido, de que ya no eres tú y de que perteneces a esa persona o, en este caso, a esa novela, a su escritor o escritora, y hasta que no la leas, no podrás dormir en paz, no podrás pasear tranquilo por las librerías y no podrás concentrarte en ninguna otra lectura. Y cuando la tastas, pueden pasar dos cosas: o la más fría indiferencia de un amor que en realidad fue una mera ilusión, o bien un romance apasionado, una entrega total del uno al otro, que te cambia por completo, que te transforma, que pasa a ser una quinta, sexta, séptima extremidad de tu cuerpo: no encuentras tan solo una historia dentro de la novela, la novela y tú construís una historia.

¿Mi última paranoia bibliófila? Demasiadas. Tolstoi, Kerouac, Easton Ellis, Joyce, (más) Auster, (más) Camus, (más) Proust —a parte de sus pocos versos, aunque no me atrevo con la Recherche.

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Ni tenir une épée, un lys, une colombe,
Dans ma main que son corps tremblant [échappe] et bombe
Ne vaut tenir ta main, car le lys est moins pur
Et l'épée est moins noble.

¿Mis últimas paranoias bibliófilas cumplidas? Tres. El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry —devorada, degustada, disfrutada, amada—, Lolita, de Vladimir Nabokov —aún a la espera de ser leída y de saber qué me parecerá la obsesión de Humbert Humbert— y, porque no todo podía ser clásico tras clásico, Los soldados no lloran, de Rindert Kromhout  —ya ando ansioso por descubrir qué les deparará a los sobrinos de Virginia Woolf.

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¿Creéis que exagero? Bueno, atentos a lo que me encontré hace dos días, cuando Lolita ya descansaba en mi estantería, mientras leía Lola and the Boy Next Door, de la Perkins:

Max grabs his wallet. "You got it, Lo-li-ta," he sings.
I smack his shoulder, and he gives me his signature, suggestive half grin. He knows I hate that nickname. No one is allowed to call me Lolita, not even my boyfriend, not even in private. I am not some gross old man's obsession. Max isn't Humbert Humbert, and I am not his nymphet.

9 comentarios:

Anna Gallagher 22 de febrero de 2013, 13:11  

OMG, cuánta razón en una entrada... ¡Me ha pasado tantísimas veces, y con tantos libros! Ahora mismo, algunos de ellos son Lolita (y fíjate si me persigue que también aparece en tu entrada para torturarme); On the road, de Kerouac; La abadía de Northanger... En fin, demasiados como para mencionarlos aquí. Y es terrorífico. No hay acoso más fatal que el de un libro, porque sabes que no puedes ganar. XD

Hermy 22 de febrero de 2013, 14:49  

¡Síii! Dios, a mí me pasa muchísimo. De hecho ahora estoy en una época en la que me interesan muchísimos clásicos y no sé por cuál decantarme a leer, aunque parece que Bukowski me espía demasiado desde la estantería...

Espero que te guste Lolita. Se hace un poco difícil cogerle el punto al principio, pero es una joya :3

Un beso

Nina 22 de febrero de 2013, 15:00  

OH yo pense que hablarías de los libreros acosadores en la libreria que te miran raro, como si pasarse media hora eligiendo libros fuera malo! pero si, a mi es que me encanta. Ando leyendo Jane Austen, chapeau!

Polly 22 de febrero de 2013, 16:02  

Yo tengo tantos que mejor ni te hago una lista porque necesito varios rollos de papel higiénico. La última en añadirse a la lista es Elizabeth Gaskell... y eso que no es precisamente una novedad.

Alícia 22 de febrero de 2013, 20:00  

¡Qué sensación tan curiosa! A mí también me pasa a veces y me resulta hasta frustrante no poder sacarme cierto título, autor o lo que sea de la cabeza. Pero en el fondo me gusta :) Además, hace que la lectura del libro sea mucho más interesante.
Justo ahora estoy leyendo "Mirall trencat" i me ha hecho gracia ver que mencionabas a Rodoreda. Lo estoy leyendo para subir nota en catalán, pero me está encantando. ¡Qué bien escribe!
Y hablando del "treball de recerca", estoy completamente de acuerdo con lo que has dicho. Yo lo hice sobre la traducción de Harry Potter del inglés al catalán y me lo pasé genial. Me estresé mucho, pero fue muy, muy interesante y divertido.

Dany nphenix 22 de febrero de 2013, 22:48  

Sí, me suele pasar. Hay muchos autores que me llaman, pero a veces no encuentro el tiempo para hacerlo. Pero tengo una lista larga de autores clásicos que solo conozco de nombre, pero que me atraen.
Besos.

Yer_Soul 22 de febrero de 2013, 23:02  

A mí en una librería me persiguen, literalmente, pero es la señora que es una desconfiada y siempre cree que la gente entra a robar. Por eso voy poco, porque me generan asco tantas dudas y no puedes comprar en paz

sub_zero 23 de febrero de 2013, 15:55  

Te entiendo perfectamente. El año pasado estuve como dos meses leyendo libros en los que me aparecían citas o menciones del libro que había leído inmediatamente antes, pasé mucho miedo xD Tengo en mi mesita Cumbres borrascosas y La montaña mágica pendientes, y tanto Lolita como En el camino se van a venir pronto a casa. Yo creo que, independientemente de que al final te gusten o no, son libros que hay que leer para adquirir un poco de cultura general, que escasea bastante. Muy buena entrada, un abrazo!

Cris 1 de marzo de 2013, 12:27  

Llevo un año que en la mayoría de libro que leo sale mencionado El Gran Gatsby, así que te entiendo a la perfección.

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