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viernes, 31 de enero de 2014

Y los sueños, sueños son

Decía Calderón. Bueno, decía Segismundo en la obra de Calderón.

sueñoOs confesaré algo: tengo una pequeña obsesión con los sueños. Ya sean los míos, los de otra persona o los que leo en libros. Los últimos son los que más me gustan; los primeros, los que menos, porque a veces me dejan todo el día descolocado. Así que si, a lo mejor, me veis distraído, más de lo habitual, tal vez es porque haya soñado algo. Pero no estamos hablando de mí, aquí hablamos de literatura, que para algo el blog se llama desde hace ya casi un lustro (Ô, le temps!) Lector Empedernido y no Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy Matías Ruedas.
Hay algo en los sueños de las novelas que me fascinan inmediatamente, algo raro, y por eso me atrapan, porque son raros, y si están escritos de forma rara, pues mejor. A veces el onirismo tiene una función decorativa, pero en otras ocasiones intenta decir algo sin decirlo, ¡ah, y qué típico de los humanos es esto!
¿Y a qué viene esta divagación repentina? La cosa empezó cuando me encontraba leyendo Aristotle and Dante Discover the Secrets of the Universe (reseña "en proceso") y me encontré con gorriones cayendo del cielo, como si fueran lluvia.

Everything was spinning but when I closed my eyes, the room was motionless and dark.
And then the dreams came.
Birds were falling from the sky. Sparrows. Millions and millions of sparrows. They were falling like rain and they were hitting me as they fell and I had their blood all over me and I couldn't find a place to protect myself. Their beaks were breaking my skin like arrows.

Y no sé por qué, pero a pesar de la violencia, a pesar de que los picos rasgaran la piel de Ari, a pesar de la sangre, me pareció una imagen tan inusual como magnífica. Gorriones cayendo del cielo. Tal vez no imagino la sangre, tal vez veo cómo antes de llegar al suelo, los pájaros convierten su caída en vuelo y planean a ras del suelo.

Entonces comencé a pensar en todos los sueños que había leído y en cómo todos me habían dejado con la misma sensación: encandilado por tal imagen, preguntándome cómo el autor conseguía ese efecto tan real y, a la vez, ilusorio, que me hacía sentir como si fuera yo el que acabase de despertar de un sueño. Me acordé del sueño de Armanda en Espejo roto (primero tenéis la cita en catalán, después en castellano traducida por mí).

La senyora Teresa somrigué: "Ara és vostè que m'hauria de parlar del seu somni." L'Armanda digué amb una certa melangia: "Sempre somnio el mateix; ja ho sap. Aquesta nit pasada, també." "¿L'àngel?" "L'àngel", afirmà l'Armanda. "¿Vostè volava amunt, com sempre?" "No, senyora. Jo estava en el meu llit i de dintre del llombrígol em començava a sortir un fum en forma de jo i que no acabava de ser jo." "¿L'ànima?", preguntà la senyora Teresa, tot aguantant un pastisset mig menjat a l'alçada de la boca. "L'ànima. I així que havia atravessat la teulada, s'acostava a ell (...). Jo, ànima, no tenia pits de tan petitons que eren... L'àngel, amb la ploma de les ales una mica rossa a les puntes, tenia la cabellera que semblava un glop de nit." La senoyra Teresa la interrompé: "No m'havia dit mai que tingués cabellera." "Les últimes vegades, sí. I m'agafava per la cintura, amb un sol braç com un cinturó, i amb l'altre braç enlaire i un dit estirat s'obria camí cap al cel. Jo, amb els peus penjant, mig desmasiada i mig eixordada pels batecs de les ales, em deixava agafar; volàvem més enllà del cel i ens assèiem damunt de la lluna fins que l'àngel se n'anava tot dient-me que tornaria. M'havia estès damunt d'una pila de pols de lluna dura com un roc... i tornava enamorat. I ara, senyora Teresa, prou." "Però les altres vegades el somni s'acabava quan s'asseien." "Sí, senyora, però un somni, si sempre és el mateix, es veu que canvia. Ja és prou misteriós que el somiï tant i tant. Ara, cada vegada que el somio, és diferent, i quan em fico al llit ja penso ¿com serà?" "Miri, Armanda, els pastissos que queden; mengi-se'ls abans de dormir perquè la dolçor li dugui el seu somni d'amor. No el deixi morir, Armanda… no el deixi morir mai."

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La señora Teresa sonrió: "Ahora es usted quien me tendría que hablar de su sueño". Armanda dijo con cierta melancolía: "Siempre sueño lo mismo; ya lo sabe. Esta noche pasada, también". "¿El ángel?" "El ángel", afirmó Armanda. "¿Usted volaba arriba, como siempre?" "No, señora. Yo estaba en mi cama y de dentro del ombligo me comenzaba a salir un humo en forma de yo y que no acabab de ser yo". "¿El alma?", preguntó la señora Teresa, aguantando un pastelito medio comido a la altura de la boca. "El alma. Y así que había atravesado el tejado, se acostaba a él (...). Yo, alma, no tenía pechos de tan pequeñitos que eran... El ángel, con las plumas de las alas un poco rubias en las puntas, tenía la cabellera que parecía un trago de noche." La señora Teresa la interrumpió: "No me había dicho nunca que tuviera cabellera." "Las últimas veces, sí. Y me cogía por la cintura, con un solo brazo como un cinturón, y con el otro brazo alzado y un dedo estirado se abría camino hacia el cielo. Yo, con los pies colgando, medio desmayada y medio ensordecida por el latido de las alas, me dejaba coger; volábamos más allá del cielo y nos sentábamos encima de la luna hasta que el ángel se iba diciéndome que volvería. Me había tendido sobre un montón de polvo de luna duro como una roca... y volvía enamorado. Y ahora, señora Teresa, basta." "Pero las otras veces el sueño se acababa cuando se sentaban." "Sí, señora, pero un sueño, si siempre es el mismo, se ve que cambia. Ya es bastante misterioso que lo sueñe tanto y tanto. Ahora, cada vez que lo sueño, es diferente, y cuando me meto en la cama ya pienso ¿cómo será?" "Mire, Armanda, los pasteles que quedan, cómaselos antes de dormir para que el dulzor le traiga su sueño de amor. No lo deje morir, Armanda... no lo deje morir nunca."

Hay algo en el sueño de Armanda, algo íntimo y oscuro, que hace que me sobrecoja. Aunque, realmente, es mucho más interesante el sueño que dice tener la señora Teresa, en el que el viento le gemía que el tiempo no existe, pero que ella lo tenía en sus manos y podía hacer lo que quisiera con él...

angelNormalmente, una obra literaria es un código que se tiene que ir descifrando para llegar a conocer lo que el autor quería decir sin decirlo, como el mismo sueño. El sueño es lo que escapa al personaje, es un código dentro de otro código, es algo meta, como os gusta tanto decir por Twitter; o tal vez sea tan solo una paranoia del autor, quien sabe, un "aquí voy a poner lo primero que me pase por la cabeza y que los críticos se peleen por buscarle un sentido". A veces me gusta pensar que es lo primero, porque no me siento solo; otras, me gusta pensar que es lo segundo, porque así me río un rato y vuelvo a ser consciente de lo absurda que puede ser la realidad, de cómo seguimos esperando a ese Godot.

Así que... ¿Los sueños, sueños son?

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lunes, 19 de agosto de 2013

Expresiones literarias para el día a día

expresiones_literariasEl libro clásico tiene elementos que podemos relacionar con nuestra experiencia cotidiana, es decir, nos sensibiliza y construye marcos que nos permiten observar nuevas experiencias. Por ejemplo, todos hemos oído adjetivos relacionados con la literatura, como quijotesco o kafkiano; obviamente, y tal como decía Borges (al menos según mis apuntes), no podemos definir algo como "kafkiano" hasta que no hemos leído alguna novela de Kafka y nos encontramos con una situación parecida. ¿A quién no le ha pasado que se ha despertado un día transformado en un bicho horrendo parecido a una cucaracha y se ha dicho «Maldición, ¡tengo que ir al instituto y tengo seis patas!»? Entonces es cuando dos horas más tarde, en clase, sentados al lado de nuestro compañero, podríamos comentar «¡Qué mañana más kafkiana he tenido hoy!».

No, no me he despertado con antenas y seis patas (hoy no); lo que pretendía haceros ver es que, como algunos ya sabréis, la literatura va mucho más allá de sus páginas, y no solo los clásicos consiguen este alcance. No sé vosotros, pero yo hablo muchas veces con lo que llamo "expresiones literarias" (en realidad le acabo de poner nombre ahora mismo, para poder escribir todo este galimatías). Mis amigos más cercanos pueden verificarlo. Y no me entienden. Pero todo sea por resultar pedante y divertido. El caso es que ciertos personajes establecen un comportamiento que luego veo reflejado en ciertas personas en la vida diaria o, incluso, en otros personajes de distintas novelas o películas. En otras palabras, los personajes resultan tan humanos que saltan de las páginas y se dan un paseo por la calle... o por otras historias.


Marcarse un Bella Swan: dícese del acto de buscar información sobre un ser paranormal en Google. Vamos, estoy seguro que no soy el único que ha pensado que su compañero de clase era un alien y nada más llegar a casa ha encendido el portátil para buscar información sobre las líneas de Nazca y las marcas en los campos de maíz estadounidenses. No digo que sea una mala idea, pero fue divertido ver como en Teen Wolf Stiles sigue el mismo procedimiento y busca en Google "licantropía".

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Tener cara de Raskólnikov: dícese de aquel sujeto que tiene cara de psicópata, de loco, de asesino, que perturbado, que da miedo, vaya, que tan pronto está estudiando como le asesta un hachazo a alguien. Reconozco que este no lo he utilizado aún porque hace prácticamente una semana que terminé Crimen y castigo y mi vida social en los últimos días ha sido escasa o nula, pero seguro que no tardaré mucho en darle uso.

Ser un Porfiri Petróvich: sin entretenerme, diré que esta expresión es la equivalente a ser un pain in my ass.

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Hacer un Emma Woodhouse: este consiste en darse cuenta, de forma repentina y mediante la reflexión, de que estás enamorado. Así, de golpe, «¡Lo que me pasa es que amo a X!». Es esa verdad que has tenido siempre y que de golpe sale a la superficie y lo soluciona todo. O simplemente cuando tú o la persona en sí se aburre mucho en casa y empieza a darle vueltas a la cabeza. Lo mejor es cuando la propia Emma o Cher (su yo adolescente del retelling de los noventa), se da cuenta de la "terrible verdad". También podemos utilizarlo para referirnos a una celestina completamente desastrosa.

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Vivir en Gatlin: dícese del hecho de vivir en una ciudad o pueblo donde la cultura o cualquier tipo de ocio brilla por su ausencia, es decir, consiste en vivir en una localidad donde todos sus habitantes tienen una mente cerrada, unas miras fijas y un conocimiento del mundo reducido o inexistente y donde, para colmo, solo hay un cine y las librerías solo cuentan con los últimos best-sellers publicados.

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Ser un Henry o una Mary Crawford: versión masculina y femenina respectivamente. Consiste, básicamente, en ser un mujeriego o una ligera de cascos. Siendo sinceros, reconozco que estos son los que más utilizo en mi día a día y en mis cotilleos habituales.

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Hacer un Cincuenta Sombras: doy por sentado que este no necesita más explicaciones.

Hacer un Emma Bovary: viene a ser lo mismo que un Cincuenta Sombras pero en un carruaje y dando constantes vueltas por la ciudad. Emma sabe lo que se hace.

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Marcarse un Peeta: este también es de mis preferidos. Dícese de aquel que suspira por la chica de sus sueños y espera a que un "milagro" ocurra mientras hornea pan y glasea los pasteles de la panadería de sus padres. Y finalmente ocurre el "milagro" esperado (olvidemos que en este caso se trata de una matanza). Es el Stalk and wait for the best. También podemos utilizarlo para referirnos a conseguir salir de la Friendzone.

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Ser un Mr. Darcy: este tiene diversas connotaciones, las cuales pondré a continuación.

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  1. Ser el hombre ideal de cualquier mujer que haya leído a Austen.
  2. Ser el tío borde y con pasta que se lleva a la chica comprándola con dinero.
  3. Tener un palo metido por el culo y ser un borde (este, este es el significado que le doy yo).
Tener más paciencia que Anne Elliot: expresión conocida comúnmente como «Tener más paciencia que un santo». También podríamos decir «Tener más paciencia que Penélope».

Hacer un Anna Karenina: este no lo explico porque es spoiler, pero para los que sepan el final pues básicamente es hacerle eso a alguien cuando estás muy, muy enfadado (metafóricamente, por supuesto).

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Marcarse un Jacobo el Lobo / Johanna Mason: versión masculina y femenina respectivamente. Significa quitarse la camiseta o desnudarse sin ningún sentido, gratuitamente, porque sí. Este resulta especialmente útil en muchas películas y series. ¡Estos libertinos de Hollywood!

Ser una Lydia Bennet: dícese de la chica que pierde hasta el sentido de la orientación por el oficial de turno, es decir, en términos acordes a nuestros tiempos, el chico guapo de turno. También nos podemos referir con ello a una chica que siente especial pasión por las cintas de pelo.

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Y con esto acabo, al menos de momento. ¡Quién sabe, tal vez dentro de un año haga otra entrada descubriendo nuevos comportamientos! Seguramente ahora estaréis pensando que estoy más pa'llá que pa'cá, pero, oye, eso ya deberíais saberlo.

Ah, por cierto, tengo el copyright, son mías, las usáis y os denuncio.

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viernes, 22 de febrero de 2013

Persecución y paranoia, los síntomas de un bibliófilo

265290234270555121_eyr0mO2P_cDecidme, ¿soy el único al que le pasa? ¿Soy el único al que le persiguen cuando va a cualquier librería? No hablo en broma, y tampoco estoy intentando ser metafórico, hablo de un incesante, auténtico e irritante acoso. Intentas negarlo, pero te das cuenta de que no puedes hacerte el tonto, de que te vigilan desde las estanterías, y después intentas escapar... dejas de ir a las librerías... pero no importa. Empiezas a verlo en el metro, empiezas a oír su nombre por todas partes. De golpe, todo el mundo lo conoce, todo el mundo está familiarizado con él, como si tú fueras el último mono en enterarte. Y lo eres. Pero algo se enciende en tu mente. Click. No hace dos días que le has conocido. Le conoces desde que tienes memoria. Ya hace tiempo que has oído su nombre, como una canción que se repite en los anuncios, como el ruido de los coches que se oye a través de tu ventana y que ya no percibes por pura costumbre... Tan asimilado lo tenías que ya era propio de tu esencia... Sin embargo, como si el mundo no parase de enviarte señales, percibes por fin su presencia. Y es entonces cuando empieza la paranoia.

No han sido pocas las veces que me ha pasado. El caso más antiguo que mi memoria es capaz de recodar es Emily Brontë y sus Cumbres borrascosas: siempre había oído hablar de él, me había observado desde la estantería familiar, pero no me sentía preparado para su lectura... hasta hace tres años, que me llamó a gritos y yo ya no pude negarme más. Cedí... y se convirtió en uno de los libros más importantes de mi vida. bookTambién me pasó con Jane Austen, pero esta historia ya la sabéis: la escogí como treball de recerca, aquella maldición que debemos soportar todos los estudiantes catalanes de bachillerato, y gracias a ello no se me hizo cuesta arriba en ningún momento, a pesar de los estresante que puede resultar 2º de bachillerato. Luego, la acabé de degustar y se convirtió en parte de mí.
Y así, tantos otros... Rodoreda, Camus, Hesse, Rilke, Proust, Woolf, Fitzgerald, Wharton. Nombres que tan solo había oído una vez, en un instante pasajero, se convirtieron en el sonido del viento a mi alrededor, en un pitido incesante que me golpeaba los oídos.

¿Nunca lo habéis notado? Inesperadamente, algo se activa y te ves atraído hacia él, hacia ese libro, hacia ese autor. Es como enamorarse: hasta que no caes, no te das cuenta de que estás perdido, de que ya no eres tú y de que perteneces a esa persona o, en este caso, a esa novela, a su escritor o escritora, y hasta que no la leas, no podrás dormir en paz, no podrás pasear tranquilo por las librerías y no podrás concentrarte en ninguna otra lectura. Y cuando la tastas, pueden pasar dos cosas: o la más fría indiferencia de un amor que en realidad fue una mera ilusión, o bien un romance apasionado, una entrega total del uno al otro, que te cambia por completo, que te transforma, que pasa a ser una quinta, sexta, séptima extremidad de tu cuerpo: no encuentras tan solo una historia dentro de la novela, la novela y tú construís una historia.

¿Mi última paranoia bibliófila? Demasiadas. Tolstoi, Kerouac, Easton Ellis, Joyce, (más) Auster, (más) Camus, (más) Proust —a parte de sus pocos versos, aunque no me atrevo con la Recherche.

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Ni tenir une épée, un lys, une colombe,
Dans ma main que son corps tremblant [échappe] et bombe
Ne vaut tenir ta main, car le lys est moins pur
Et l'épée est moins noble.

¿Mis últimas paranoias bibliófilas cumplidas? Tres. El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry —devorada, degustada, disfrutada, amada—, Lolita, de Vladimir Nabokov —aún a la espera de ser leída y de saber qué me parecerá la obsesión de Humbert Humbert— y, porque no todo podía ser clásico tras clásico, Los soldados no lloran, de Rindert Kromhout  —ya ando ansioso por descubrir qué les deparará a los sobrinos de Virginia Woolf.

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¿Creéis que exagero? Bueno, atentos a lo que me encontré hace dos días, cuando Lolita ya descansaba en mi estantería, mientras leía Lola and the Boy Next Door, de la Perkins:

Max grabs his wallet. "You got it, Lo-li-ta," he sings.
I smack his shoulder, and he gives me his signature, suggestive half grin. He knows I hate that nickname. No one is allowed to call me Lolita, not even my boyfriend, not even in private. I am not some gross old man's obsession. Max isn't Humbert Humbert, and I am not his nymphet.

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sábado, 26 de enero de 2013

La gran potencialidad literaria de Los Juegos del Hambre

Algunos me acusarán de ver fantasmas donde no los hay; otros, simplemente, de ser un Molinero-Empedernido; e incluso algunos simplemente dirán que soy un fanático cabreado..., pero, durante los exámenes finales de enero, en uno de esos momentos de Matías-deberías-estar-estudiando-y-no-en-el-ordenador-perdiendo-el-tiempo-por-mucho-que-tu-cabeza-saturada-te-pida-un-descanso, me topé con una crítica de Los Juegos del Hambre (que no voy a poner, porque no quiero dar publicidad y tampoco quiero causar ninguna polémica ni conflicto —paz y amor—) que me rompió el corazón. Una de las mejores sagas de literatura juvenil de los últimos años con una profundidad mayor a cualquier otra era considerada como una mezcla mal elaborada, sin gusto, sin gracia y preparada para ser digerida por adolescentes sin dos dedos de frente de Battle Royale y Crepúsculo. De acuerdo, no negaré el parecido del primer libro de la trilogía de Suzanne Collins con el archiconocido film japonés, pero comparar Crepúsculo con Los Juegos del Hambre es como comparar Tom Jones, de Henry Fielding, con Pamela, de Samuel Richardson (en lo referente a la temática), o, para que me entendáis mejor, comparar un huevo con una castaña. Esto, como comprenderéis, hizo que me hirviera la sangre, y por las reflexiones que encontré a lo largo de toda la reseña no me quedó otra que entender que el individuo en cuestión había realizado una lectura folletinesca, algo prejuiciosa desde mi punto de vista y, tal vez, obligada. Claro que toda opinión es válida, y si no te gusta, no te gusta, pero había afirmaciones tan categóricas que me hicieron replantear si habíamos leído el mismo libro o no.

Así que, ante tales acusaciones, decidí realizar un artículo exponiendo, a mi parecer, todas las potencialidades con las que cuenta la saga que le hacen ser algo más que unas simples noveluchas para adolescentes. Llegados a este punto, es mi deber avisaros de que este artículo estará completamente minado de SPOILERS de toda la TRILOGÍA de Los Juegos del Hambre, ya que sería imposible hablar sobre la profundidad de los libros haciendo tan solo sutiles referencias a su contenido, por eso aquí se hablará sin tapujos, tanto en los comentarios como en la misma entrada. Si no habéis leído los libros (tanto de LJDH como de Crepúsculo), salid ahora mismo de aquí.

Por último, antes de empezar, quiero dejar claro que todo este análisis parte de mi memoria natural: no he podido releer la trilogía por falta de tiempo, pero sin duda se encuentra entre mis libros de "relectura obligatoria". Esto implica que tal vez haya incongruencias o factores confusos, es decir, puedo hacer referencias a escenas o momentos que tal vez no sucedieron de la forma en la que los menciono, porque, desgraciadamente, no tengo tantísima memoria para recordarlo todo con precisión sibilina (aunque he recurrido a la memoria de varios amigos para contrastar información). En cualquier caso, en cuanto pueda releerlos, corregiré los fallos que pueda haber cometido.

Dicho esto, empecemos.

LOS JUEGOS DEL HAMBRE NO ES CREPÚSCULO.

Cualquiera que se haya leído ambas sagas o al menos el primer libro de cada una de ellas es capaz de comprobar que poco tiene que ver la historia de una revolución con la historia de un matrimonio anunciado. Claro, ambas sagas son idénticas si nos centramos en que Katniss Everdeen tiene que elegir entre un dulce panadero y un cazador furtivo revolucionario así como Isabella Swan tenía para escoger entre un vampiro millonario y un hombre lobo sobremusculado. Lo que sucede es que, a diferencia de Crepúsculo, el triángulo amoroso no es el centro de la trama en Los Juegos del Hambre. Cierto es que cobra importancia a lo largo de la trilogía, especialmente en En llamas, pero se trata de un mecanismo para acentuar la profundidad psicológica de Katniss y los conflictos a los que debe enfrentarse, tal como veremos más adelante.
En Crepúsculo, el centro, la trama, es el amor incondicional que sienten Bella y Edward y los obstáculos con los que se encuentran para poder llegar a su final feliz; en Los Juegos del Hambre, la trama es la liberación de un pueblo a manos de una chica de dieciséis años que, sin comerlo ni beberlo, se ha visto envuelta en una revolución que ella misma ha provocado por el mero hecho de querer vivir dignamente y cómo su condición de adolescente se interpone constantemente entre esa revolución y una vida "normal" —dentro de las posibilidades que ofrece una vida sometida por el Capitolio—, cosa que nos lleva al siguiente punto.

LOS CONFLICTOS Y LA PROFUNDIDAD PSICOLÓGICA DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE.

De un libro, pueden hacerse una gran variedad de lecturas (unas más acertadas que otras, por supuesto): puede hacerse una lectura folletinesca, que sería leer la novela sin mirar más allá de su historia, o puede hacerse una lectura más pausada y crítica, concentrándose en captar si las situaciones que se nos presentan tienen una doble significación, una mayor profundidad (¿Qué significa eso para el personaje? ¿Qué posibilidades pueden surgir de ese suceso? ¿Explota bien el autor esas posibilidades?) o si simplemente son lo que son. A veces, cuando leemos, no nos fijamos en esa profundidad, y no es hasta que nos encontramos con un prólogo o algo parecido cuando comprendemos esa doble realidad. Con Los Juegos del Hambre, sentía un mínimo de esa profundidad conforme iba leyendo la saga y sobre todo cuando, en momentos de nostalgia o de aburrimiento en clase, recordaba lo que sucedía en las novelas y veía que todo ello iba un poco más allá.

THG1¿Adónde quiero llegar? Veréis, no han sido pocas las veces que he oído o leído, aunque la opinión popular sea la contraria, que Katniss es un poco pánfila. No niego que su rapidez a la hora de responder a estímulos obvios (como el hecho de que si besa a Peeta el público gritará de entusiasmo y le dará comida y medicinas) sea algo nula o que a veces no sepa qué hacer o no o cómo sentirse respecto a Gale y Peeta. Pero a ver..., Katniss podrá ser todo lo valiente que queramos y tener la sensibilidad de una piedra, podrá ser rápida, fuerte y tener una puntería increíble con el arco... pero, ante todo, es una chica de dieciséis años. Una chica de dieciséis años curtida y madura a causa de todos los golpes que ha recibido durante su vida, a causa de un padre muerto al que idolatraba por una explosión en las minas y una madre que, en lugar de actuar como tal ante un momento tan duro, quedó en estado de shock y medio catatónica por tal tragedia, hecho que propició que Katniss tuviera que crecer antes de lo que le tocaba y cuidar de su madre y, en especial, de su querdísima hermana pequeña Primrose. De este modo, Katniss madura antes de tiempo, pero lo quiera o no sigue siendo una adolescente, y esto se nota en un primer momento en los instantes que pasa en el bosque, fuera de los límites del Distrito 12, con Gale: es el único sitio donde siente que puede ser ella misma y fingir que no sucede nada, que su pueblo no se muere de hambre, que de ella no depende nadie y que cada año el Capitolio no obliga a luchar a muerte a unos pobres e inocentes niños.

FoxfacedeadAsí vemos que nuestra protagonista, más allá de esa fortaleza que la vida le ha obligado a constuirse, es, al fin y al cabo, un ser humano y no un robot preparado para derrocar toda una dictadura. Y es sobre esta base sobre la cual se edifican todos los conflictos: en un primer lugar, la sustitución de Katniss por Prim en la Cosecha de los Septuagésimos cuartos Juegos del Hambre. Aquí, Katniss no actúa con la razón, no piensa que saldrá viva junto a Peeta de la Arena ni que provocará una revolución que salvará a los Distritos del yugo al que los somete el Capitolio: simplemente quiere salvar a su hermana de una muerte segura; Katniss actúa con el corazón. Luego, se da cuenta de que puede morir, se da cuenta de que seguramente haya firmado su sentencia de muerte... pero no le importa si Prim está a salvo. En este punto se encuentra otro factor relacionado con una de las críticas que se ha llevado la trilogía: el final del primer libro es previsible. Obvio, ¿cómo va a acabar el primer libro de una trilogía narrada en primera persona cuya protagonista tiene que luchar por su vida? Lo más lógico es que se salve, y si se salva también el chico enamorado de ella secretamente que se declara en medio de una entrevista que se retransmite por todo Panem, pues mejor, pero ya no tan previsible, pues, en teoría, de los 24 jóvenes que se enfrentan a muerte solo puede quedar uno. Pero... ¿de verdad importa que se anule ese factor sorpresa con el que, gracias a nuestros conceptos actuales de literatura, debería contar una novela? No. En realidad, la concepción de que por el final previsible de un libro una novela ya tenga que ser mala la considero totalmente errónea. En la narrativa lo que importa no es el desenlace en sí, sino el proceso para llegar hasta él. Son todos esos acontecimientos que se entrecruzan unos con otros lo que construyen la novela, y cuando un final es previsible lo mejor es ver cómo el autor se las ingenia para, aún así, nightlockssorprendernos. Cuando leí Los Juegos del Hambre sabía que era el inicio de una trilogía y que, por lo tanto, o bien Katniss sobrevivía a los Juegos o bien cada libro se centraría en unos Juegos o que, incluso, los Juegos durarían la trilogía entera. Al ver cómo se desenvolvía el argumento, me di cuenta de que los Juegos acabarían en ese volumen y que Katniss seguramente sobreviviría. Siguió, no obstante, sin importarme: estaba disfrutando con la novela y con la tensión provocada por Peeta, el amante trágico que debía morir. El resto, es historia, dijeron que podía haber dos vencedores, cambiaron las normas en el último instante para provocar que Katniss y Peeta tuvieran que matarse y... se encendió la chispa. Katniss se negó a seguir las normas del Capitolio, si no podían sobrevivir los dos, no sobreviviría nadie: el suicidio era la única opción.
¿Os dais cuenta de todo lo que ese gesto de suicidio significa? Una chica de dieciséis años está decidiendo morir, o al menos está fingiendo hacerlo, porque no quiere seguir con una vida así ni matar a un ser humano por el mero capricho del gobierno al que está sometida.

Burn___ContestEntry_by_Samurai_PET (1)La relación entre Katniss y Peeta también tiene su complejidad, aunque no lo parezca. Peeta siempre ha estado enamorado de Katniss y esta, aunque al principio no le corresponde, luego empieza a sentir algo por él y llega a ser el padre de sus hijos y el compañero de su vida. Esto se podría quedar aquí, como el tercero en discordia entre Katniss y Gale pero que al final se queda con la chica, pero hay algo más, y es que la relación no se desarrolla con normalidad alguna. Al principio, nuestra protagonista no es consciente de nada: cree que la declaración de Peeta es puro teatro para conseguir patrocinadores. Hasta este punto, bien, y con eso en mente Katniss les sigue el juego y empieza a actuar. Pero al final se da cuenta de la dolorosa verdad: Peeta no estaba actuando, él la amaba realmente y pensaba que ella le estaba correspondiendo. Entonces algo se desquebraja entre los dos: Peeta, convencido de que de vuelta en el Distrito 12 mantendría una relación con Katniss, se da cuenta de que era todo una burda mentira para sobrevivir y se aleja de ella para no sufrir más; Katniss, por su parte, se percata de algo terrible y confuso para ella, que es el hecho de que ese panadero, que antes apenas conocía e importaba y que solo le había dado una hogaza de pan quemado por lástima, se ha convertido en alguien especial para ella, alguien de quien no quiere alejarse y alguien por el que empieza a sentir algo más que una amistad. ¿Pero qué siente exactamente Katniss por él? ¿No sentía algo así por Gale? ¿Lo sigue sintiendo? ¿Qué ha cambiado, si todo era teatro? De nuevo, vemos que Katniss no tiene el control sobre su vida ni sus sentimientos, y, por mucho que intente aclararse, cada vez estará más confusa, porque echa de menos estar en el bosque con Gale, pero cuando a Peeta se le para el corazón en el Vasallaje de los Veinticinco el mundo se derrumba sobre ella. Y el momento más trágico llega cuando Peeta es secuestrado por el Capitolio y le lavan el cerebro, programándolo para matar a la chica que amaba. Si En llamas se centra en el conflicto psicológico de Katniss entre lo que siente por Peeta y lo que siente por Gale, entre apagar la revolución o avivarla, Sinsajo es un crudo retrato de esa Katniss que ya no puede más y a la cual le arrebatan kat_peetpoco a poco lo que le hacía mantener su cordura: primero su hogar, luego su amor y, por último, a lo que ya llegaremos, su hermana. Katniss, casi completamente consciente de que ama más a Peeta que a Gale, ve ahora que se lo han arrebatado, que le han borrado la memoria y que quiere matarla. De nuevo, es necesario recalcar que Katniss tiene, en ese momento de la historia, diecisiete años, ¿y qué está haciendo? Se esfuerza por ser la imagen de una revolución, la inspiración, el ídolo de todo un pueblo para luchar, vencer y poner fin a la opresión, mientras ella está exiliada, con su hogar, el Distrito 12, calcinado y la persona que más la quería en el mundo intentando asfixiarla. Y a pesar de todo, ahí sigue. ¿Cuántos de nosotros seríamos capaz de hacer algo así? ¿Cómo se la puede tachar de pánfila aguantando todo lo que soporta y la carga psicológica que todo ello comporta? Son golpes, uno detrás de otro, que tal vez, incluso, una persona adulta, aunque fuera más madura que Katniss, no podría soportar.

en llamasPor otro lado, tenemos la revolución: toda una nación pone sus esperanzas y su futuro en manos de una adolescente que, sin tener tal intención, enciende la chispa decidiendo morir por ella misma y no porque el Capitolio lo quiera así. ¿Cómo va a dejar el Capitolio que los Juegos del Hambre no tengan un ganador? Por ello, les hace campeones a ambos. Era la primera vez en la historia de Panem que sucedía algo así. Era la primera vez que alguien era capaz de doblegar al Capitolio en lugar de ser doblegado por él. Era la primera vez que había un cambio... y ese cambio podía significar algo. Era una oportunidad. De esta manera, Katniss se veía en el centro de una revolución, de una revolución que ni era consciente que había provocado. Es con la visita del presidente Snow a su casa en En llamas que se entera de que ha encendido la chispa... y todo por salvar su vida y la de Peeta. A partir de aquí, la misma dicotomía entre dos polos opuestos que veíamos con Peeta y Gale la vemos reflejada de nuevo con la revolución y llevar una vida tranquila. Katniss, vencedora de los Septuagésimos cuartos Juegos del Hambre junto a Peeta, puede llevar ahora una vida normal y desahogada tal como concebimos en nuestra realidad la vida de alguien adinerado: su nombre no entrará más para ser escogido en la Cosecha, ella y su familia dispondrán de toda la comida necesaria para vivir (y más) y una casa en condiciones en la Aldea de los Vencedores... Pero todo conlleva un precio: si quiere seguir disfrutando de esa vida, debe apagar la llama de la revolución y casarse con Peeta para que Panem piense que verdaderamente fue un acto de amor, el querer suicidarse, y no de rebelión... aunque Katniss tal vez no quiera a Peeta y su corazón esté en el bosque, con Gale. De nuevo, Katniss deberá elegir. El Capitolio la obliga a casarse para mantener las apariencias cuando todo parecía haber acabado; Peeta, con el corazón roto, tampoco parece hacerle mucha gracia verse forzado a casarse con la chica a la que amó y la cual fingía corresponderle; y Katniss es consciente de todo ello. Katniss debe parar la revolución... Pero Katniss también es consciente del sufrimiento de su pueblo, ella vivió ese sufrimiento. CF1¿Es tan egoísta como para darle la espalda a todo Panem? Pero si no lo hace, solo Dios sabe lo que es capaz de hacer el presidente Snow para impedir la rebelión... Ahora bien, cuando se desvela que el Vasallaje de los Veinticinco consistirá en hacer combatir de nuevo a todos los Vencedores de los Juegos, Katniss no vacilará más; fue una ingenua al pensar que algo podría cambiar, que Snow los dejaría en paz si se casaban. No iba a haber paz para ellos, nunca la habría... y Katniss se ve arrastrada por un plan que les englobaba a todos menos a ella para escapar de la Arena y empezar la rebelión en el Distrito 13, el cual se creía desaparecido. Nuestra protagonista, Katniss Everdeen, la misma que no sabe qué siente, la que tenía que elegir entre una vida fácil y una revolución, se encuentra con que los demás han escogido por ella y sin preguntarle su opinión, lo que, claramente, supone un duro golpe.

A partir de todo esto, Collins, queriéndolo o no, profundiza en la psicología de Katniss, una simple chica que, solo por salvar a su hermana, cambia el mundo... pero lo peor de todo es que la mayoría de veces, si os fijáis, no es Katniss la que acaba eligiendo, los otros acaban eligiendo por ella —especialmente,  la rebelión— de manera que Katniss se ve obligada a actuar de un determinado modo: es un juguete del Capitolio y un juguete del Distrito 13, y, aunque sea el elemento más importante, la pieza crucial para los planes de ambos, a nadie parece importarle lo que ella siente.

"LA ESTRUCTURA PERFECTA DE NOVELA TIENE UNA FORMA CIRCULAR".

Una vez, en clase de castellano en 1º de bachillerato, estábamos comentando Nada, de Carmen Laforet. Nuestra profesora comentó que la novela de Laforet tenía una estructura perfecta porque era una novela circular: empezaba igual que acababa, le seguían el paso de las estaciones, etc., y cual fue mi sorpresa al notar que en la trilogía de Suzanne Collins pasaba exactamente lo mismo, y apuesto que no he sido el único que se ha dado cuenta de esta pequeña y dolorosa revelación: toda la historia empieza y termina con Primrose Everdeen, la hermana de Katniss. Es por Prim que empieza todo, por ella Katniss se presenta voluntaria como Tributo y se produce la red de acontecimientos que desencadena la revolución. Es con la muerte de Prim en el bombardeo final cuando el Capitolio cae y los Distritos consiguen la victoria. Así, nos encontramos con la mayor tragedia de toda la trilogía: los esfuerzos de Katniss resultan en vano. Nuestra protagonista se presenta voluntaria como Tributo para evitar que su hermana reciba una muerte segura, Katniss provoca una rebelión para salvar a su hermana, para ofrecerle un mundo mejor... y Primrose acaba muriendo de todos modos. Esto provoca que, finalmente, Katniss se derrumbe psicológicamente: todas las tensiones provocadas por los conflictos mencionados anteriormente y que Katniss había aguantado estoicamente caen sobre ella aplastándola y haciéndole perder la cordura. La muerte de Prim es el detonante que provoca la locura de nuestra protagonista casi al final de Sinsajo. Por fortuna, acabará recuperando el juicio a partir de la venganza, la discusión con Buttercup y mediante la paz que le transmite Peeta —la misma Katniss llega a la conclusión de que lo último que necesita a su lado es alguien con un temperamento como Gale—.

EL PÚBLICO ACTUAL ESTÁ INSENSIBILIZADO.

Hoy en día, parece que si en una película o libro no hay sangre, no hay dolor ni sufrimiento. Al público le parece simple una frase como "Le atravieso con una flecha y veo cómo muere". Ignoro si esa oración figura o no en la novela pero... ¿de verdad puede parecer pobre y carente de emoción? Es decir, yo veo precisamente en la simpleza de esa frase toda la crudeza del mundo: la frialdad con la que Katniss narra ese suceso muestra la deshumanización total, la ira, el Capitolio ha conseguido lo que quería, que una de los Tributos se convirtiera en su arma, en una asesina.

Todo esto lo digo porque hay quien se burla de lo impresionable que ha sido el público juvenil con esta saga solo por haber "un poquito de sangre". ¿No se puede ver dolor más allá de la sangre? ¿Era cierto lo que dijo Kafka de que hemos normalizado hasta tal punto el sacrificio y la explotación humana que ya no nos causa emoción alguna? La crudeza de Los Juegos del Hambre no parte del sufrimiento físico, de ver sangre, de ver como alguien muere en una explosión o en un incendio, o cómo pierde la razón y se deforma su aspecto a causa de las picaduras de las rastrevíspulas o porque alguien ha atravesado a otro alguien con una lanza. Sí que hay horror en esas situaciones, pero no es un horror físico, sino piscológico, depende totalmente de las circunstancias: para empezar, la muerte de Rue, atravesada por una lanza; y luego, la de Prim, muerta por una explosión.

The-hunger-games-katniss-rue-death-flowersPor lo que me parece recordar, la muerte de Rue es limpia, apenas se describe la sangre o si le salen los intestinos por el agujero que le ha abierto la lanza en el abdomen, y es gracias a esa ausencia de lo repugnante que Suzanne Collins consigue una escena tan conmovedora y traumática: Collins no busca concentrarse en el dolor físico de Rue, en el horror de ser atravesado por una lanza, sino en la pérdida de la vida, concretamente la vida de una niña inocente que no ha hecho nada malo, únicamente tener la mala suerte de ser escogida como Tributo. Un ser puro que ni siquiera ha comenzado a vivir es asesinado en juego al que le han obligado a jugar.

Por otro lado, está la muerte de Prim, tan repentina e inesperada que Collins juega con las elipsis para que nos imaginemos la confusión, la sorpresa y la impotencia de su hermana Katniss. De nuevo, según creo, no encontramos ninguna descripción de miembros amputados o esqueletos calcinados, el escenario con el que nos encontraríamos después de tal explosión: únicamente sabemos que Primrose ha muerto, y dicho suceso basta para que Katniss pierda todas las fuerzas. Se trata de una muerte igual de dura que la de Rue o más, pues esta vez la víctima está estrechamente ligada a la protagonista por un vínculo familiar y de amor fraternal. Además, la situación en la que muere no podría ser más trágica a la par que irónica: Prim, con una trenza, emulando a su hermana mayor, pero con la camisa sobresaliéndole del pantalón "como la cola de un patito", desciende de un helicóptero junto a más jóvenes de su edad, miembros de la unidad de enfermería, para curar a los heridos. ¿Y qué sucede? Muere por una bomba arrojada por su mismo bando y que el propio Gale había ideado.

LOS SÍMBOLOS.

the_mockingjay_by_burdge_bugEn este apartado, me vais a permitir que vaya más lejos de lo que el propio texto escrito por Suzanne Collins aporta.

En una ocasión, en clase de lengua castellana, estábamos analizando un poema de Lorca (o eso me parece recordar) y la profesora no paraba de explicarnos que aquello era un símbolo de lo otro, etc. Yo, en un alarde de valor, me atreví a alzar la mano y pregunté: "Pero, profesora, ¿Lorca escribió todo esto consciente del significado que le daba y luego lo explicó o es algo que la crítica inventa?". Ella me respondió con una anécdota: al mismísimo Federico García Lorca le preguntaron qué quería decir con un fragmento de uno de sus poemas, y él dijo "No lo sé. Solo sé que lo vi". Su respuesta me dejó atónito: era la primera vez que veía que un escritor podía escribir más allá de su consciencia, que un escritor no era amo y señor de su obra, hecho que me han repetido mis profesores a lo largo de lo poco que llevo de carrera y que el mismo T.S. Eliot defendía.

Con todo esto no pretendo colocar a Suzanne Collins a la misma altura que Lorca o Eliot, simplemente ejemplificaros que ahora iré más allá, tal vez, de lo que la propia autora norteamericana escribió:

  • El suicidio: aunque Katniss fuera en parte consciente de que el Capitolio no les dejaría comerse las bayas para no tener que matarse el uno al otro, el mismo intento de suicidio ya tiene un valor y una profundidad en sí bastante palpable. El suicidio, desde el punto de vista de la religión cristiana, es un pecado que asegura tu entrada al Infierno, pues Dios es el único que tiene poder para quitarte la vida y decidir cuándo y cómo mueres. Dios te otorga la vida y Dios te desprovee de ella. Suicidarse es rebelarse contra Dios, es decidir tú por Él cuándo acabar con tu vida. Pues lo mismo sucede en el marco de los Juegos del Hambre: solo el Capitolio decide cuándo y cómo mueres, el intento de suicidio de Katniss y Peeta es una rebelión, tal como Panem lo interpreta y como ya lo había mencionado yo anteriormente. El Capitolio había decidido cuál sería la muerte de uno de los dos: morir a manos del otro amante y mostrar cómo ni el amor es un obstáculo contra el sumo poder del presidente Snow. Pero Katniss lo ve, se rebela contra el Capitolio, decide "no ser una pieza más en sus Juegos", tal como dijo Peeta, y morir a su modo.
  • El sinsajo: este es un símbolo más que evidente, ya que la propia Collins no oculta su significado, así que no me entretendré demasiado. El sinsajo es la libertad, es la revolución, es el poder del pueblo, la capacidad de vencer al Capitolio.
  • El vestido de novia: creo que todos recordamos con exactitud el vestido de novia que Cinna confecciona para Katniss. Para dar emoción y acentuar la tragedia del Vasallaje de los Veinticinco a ojos del público, Katniss aparece en su entrevista con el vestido de novia que llevaría en su falsa boda con Peeta si el destino no se hubiera interpuesto, de nuevo, entre los dos amantes del Distrito 12. Pero no acaba ahí la cosa: el vestido prende en llamas y se convierte en un vestido negro, de plumas, igual que un sinsajo. El primer significada con el que nos encontramos es claro: Katniss es el sinsajo, Katniss es la líder de la revolución; pero podemos ir un poco más allá: ese vestido representa el punto en el que Katniss deja atrás la fácil y falsa vida que le ofrece el Capitolio por una vida difícil pero sincera, la de conducir a su pueblo hacia la libertad, aunque no sepa hasta que punto los demás ya la habían inducido en ese plan siendo parte esencial del mismo. Prácticamente Katniss ya no tiene elección: ya se ha convertido en la inspiración que Panem necesitaba.
  • Primrose Everdeen: Prim no es tan solo la hermana pequeña de Katniss, sino que también representa a todos los niños de Panem, cosa que se puede apreciar claramente en el hecho de que, a Katniss, Rue le recuerda a Prim a pesar de sus diferencias físicas. Pero, además, Prim es también el futuro, la esperanza de un mundo mejor que parece abrirse después de la revolución y que se ve amenazado con su muerte y con el liderazgo de Coin.
  • Buttercup: el gato de Prim no podría estar exento de significación. No sé si os habréis fijado, pero yo creo que, sin lugar a dudas, Buttercup es un reflejo de Katniss. Ambos se odian mutuamente, están curtidos por la dureza de la vida en el Distrito 12, campan a sus anchas y se preocupan por Prim y la quieren infinitamente. Este reflejo es aún más patente en la escena de Sinsajo en la cual Katniss le grita a Buttercup que se marche, que Prim ha muerto y que jamás volverá, ocasionando así un diálogo consigo misma que posibilita la aceptación de la muerte de Prim y el estallido de todas las emociones que ha estado guardando en su interior.

FENÓMENO DE MASAS, DESPRESTIGIO ASEGURADO.

Me hace mucha gracia la gente que nunca lee literatura juvenil pero, cuando se publica el nuevo bombazo del momento, se lo lee y, abrazado sus lecturas más maduras, no titubea ni vacila al decir "No aporta nada nuevo al género" quedándose más ancho que su prepotencia. Tal vez si ese sujeto leyera verdaderamente literatura juvenil y viera la cantidad de libros clónicos que hay, comprendería que verdaderamente sí aporta algo nuevo al género.

THG2Los Juegos del Hambre, en concreto, se publicó en Estados Unidos en 2008, el mismo año en que Crepúsculo llegó su máximo apogeo gracias a la adaptación cinematográfica. A nuestro país, llegó un año más tarde, en 2009, en un contexto en el cual el público juvenil empezaba a cansarse mínimamente de tanto romance sobrenatural. El mercado estaba saturado de vampiros y, contra todo pronóstico —porque todos apuntábamos a que los ángeles se situarían como el nuevo centro de la literatura juvenil—, Los Juegos del Hambre marcaron un punto de inflexión: el público dijo basta y las distopías se empezaron a publicar como churros (y creo que ahora, en 2013, nos empezamos a preguntar cuál será la nueva moda de la literatura juvenil). Ojo, no estoy defendiendo las modas ni tampoco la publicación de libros clónicos (al contrario, estoy totalmente en contra de dicha estrategia por parte de las editoriales, pues, aunque puede que les funcione para mantenerse a flote en tiempos de crisis, creo que perjudica gravemente a la literatura juvenil —pero de esto ya hablaré largo y tendido en otra ocasión—), simplemente digo que no puedes decir que Los Juegos del Hambre no aportaron nada nuevo a la literatura juvenil basándote en la presencia de un triángulo amoroso que, como he intentado dejar claro a lo largo de todo el artículo, no es uno normal y corriente. La trilogía de Suzanne Collins consiguió cambiar el rumbo que seguía la literatura juvenil en el cual parecía encasillada desde la publicación de Crepúsculo, y, además, aportó una profundidad en su temática y sus conflictos impropios del género, profundidad que en pocos otros libros juveniles he encontrado.

Otro tema es todo el fenómeno fan que ha suscitado Los Juegos del Hambre: me he encontrado con muchos fan-arts de la trilogía, algunos muy buenos y otros muy noños que se centraban en las cualidades físicas de los personajes masculinos que más atraen al público femenino objetivo (sí, me refiero a Finnick Odair, quien, todos aquellos que nos hayamos leído la trilogía, sabemos que es mucho más que un guaperas: es un hombre enamorado de Annie, una chica con un profundo trauma piscológico, que muere después de casarse con ella y de dejarla embarazada). A partir de estos fan-arts, muchos han tachado directamente la saga de Collins de "otros libros dedicados a quinceañeras mojabragas". Mi pregunta es: ¿está legitimado el desprestigio de una obra a partir de lo que sus fans hagan con ella? La verdad es que que algo se convierta en un fenómeno de masas acarrea mucho daño, daño en ocasiones merecido pero en la mayoría de casos causado simplemente por el típico "it's too mainstream". Todos hemos caído en el "it's too mainstream" y quien lo niegue miente cual bellaco. Lo que vengo a decir es que tachar directamente algo de inmaduro, o reforzar tus argumentos en contra de ello, a paritr de fan-arts o fan-fics cuando hay CF2otra parte de estos que no son así... no tiene mucho sentido. Todos somos fans de algo, unos más extremistas que otros, y lo que puedes criticar, ya sea porque no te gusta o porque no te parece adecuado, sería el público y no el objeto de culto —y tal vez, ni eso, ¿no somos todos libres de hacer lo que nos venga en gana mientras no perjudiquemos a nadie?—.

CONCLUSIÓN.

No quiero caer en el típico "para gustos, los colores", pero verdaderamente la conclusión final sería esta. Yo, de Los Juegos del Hambre, he extraído esta lectura. ¿Es la única? No, para nada, tal como he dicho al principio. ¿Es la más correcta? No creo que tenga los conocimientos, las herramientas ni el ego necesario para decir que sí o que no. Lo que sí quiero dejar bien claro antes de acabar —porque será el motivo de mi linchamiento— es que no pretendo cambiar la opinión de nadie ni obligar a nadie a amar Los Juegos del Hambre, y este artículo tampoco tiene la intención de imponer la idea de "Este es el verdadero sentido de la trilogía de Suzanne Collins, si no lo pillas es que eres tonto y cualquier otra opinión que no se ajuste a este pensamiento no es válida". Tan solo he querido exponer una serie de puntos por los que considero que Los Juegos del Hambre supone algo distinto dentro de la literatura juvenil, gracias a lo cual marca una diferencia y debería perdurar. Que haya conseguido o no esa intención, es otro tema: el escritor empieza a escribir su obra con una intención y la acaba con otra. Y que tenga razón y Los Juegos del Hambre consiga sobrevivir y perdurar en la literatura juvenil... bueno, solo el tiempo lo dirá.

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sábado, 15 de septiembre de 2012

Templos virtuales que no cuajan en papel

Hoy me vais a permitir que me ponga más friki de lo normal. ¿Más? ¿Es posible? , pero no voy a colgar ningún vlog en el que salga cantando la versión original de algún anime, aún no corréis ese peligro. Bueno, aún ni nunca. Pero vayamos al grano, que tanto vosotros como yo conocemos mi gran capacidad, que me ha salvado más de una vez en los exámenes de historia del arte, para irme por las ramas, enrollarme como una condenada persiana y repetirme hasta que os dieran ganas de denunciarme al Tribunal de la Redundancia.

El caso es que en verano, por mucho que ocupe mi tiempo libre en libros y en acabar series colgadas a causa de obligaciones de un grado superior académicas o en regalarlo directamente a aquellos seres tan increíbles a los que llamamos amigos, me aburro. Me aburro como una ostra. Y cuando me aburro hago dos cosas: dormir y pensar. Y cuando pienso siempre acabo, por fortuna o por desgracia, recordando qué hacía yo hará ocho años, como mucho, para rellenar esas horas muertas y no recordar ningún momento aburrido. La respuesta es clara: videojuegos. Claro que también leía, de pequeño, pero leía poco, de tarde en tarde, y cuando terminaba un libro no sentía ese vacío y ese terror que me provoca ahora encontrarme sin nada que leer (por ¿suerte? ahora sufro un trastorno obsesivo compulsivo que consiste en comprar libros o cómics siempre que salgo de casa y que podéis apreciar en mis IMMs).

Así que en verano, y durante el curso, era uno de esos niños que se podían pasar horas mirando fijamente el televisor con un control remoto entre las manos o fijando la vista en una de esas encantadoras consolas portátiles que, estoy seguro, tuvieron la culpa de provocarme miopía (aparte de la genética, claro) y que a los telediarios de las tres de la tarde y de las nueve de la noche les gusta tanto criticar. Afortunadamente (sí, ahora sí que la suerte tuvo que ver en ello), no fui de esos críos a los que les da por pegar tiros virtualmente sin ton ni son a fin de ganar queséyo guerra. Lo mío era salvar el mundo en una apasionada y enrevesada aventura épica liberando el maná. O salvar princesas que se encontraban en otro castillo o detrás de otra pintura embrujada. O impedir que un ser malvado se apoderara de nuevo del mayor poder que las Diosas otorgaron a sus criaturas. O unir dos mundos separados hace milenios para que no tuvieran que sacrificar más inocentes para favorecer el intercambio de maná (¡Maná, maná, esa palabra que aparece en casi todos los videojuegos y que parece tan poderosa!). O competir junto a fascinantes criaturas para ser el entrenador más fuerte de mi región.

Yo, en mi infinita inocencia, no llegaba a intuir totalmente lo increíbles que eran esas tramas, el esfuerzo que debía haber tras ellas, la cabeza que pudo idearlo todo... Pero ahora, con más años (tampoco muchos) sobre mis espaldas y con más mundo contemplado en mi silencio, me doy cuenta de que todas esas historias... eran casi como novelas magistrales, de esas que lo tienen todo conectado y que no se dejan ningún cabo suelto, formando de tal modo un propio universo tan complejo como el nuestro (¿Impresionable, yo? Qué va). Y yo, que le doy vueltas a todo como si me creyera una lavadora y me obsesiono con cualquier tontería, pensé... ¿y si esos videojuegos fuesen auténticas novelas? La respuesta no tardó en llegar a mi cabeza con la misma rapidez en que se formuló la pregunta: no sería, ni mucho menos, lo mismo. No mentiré, he fantaseado muchas veces en como sería encontrarme con la aventura de Link en The Legend of Zelda: Ocarina of Time en una novela (aunque me haya encontrado con ella en formato manga), con las andanzas de Lloyd y sus amigos en Tales of Symphonia (aunque me haya encontrado con ellas en formato manga) e incluso con el largo viaje de Hans y Félix en Golden Sun. Pero en el fondo sé que llegarían a aburrirme o al menos no me encandilarían tantísimo.

¿Cómo puede ser eso? ¿Cómo podrían aburrirme historias tan apasionantes, de giros argumentales tremendos y de acción a cada instante sobre el papel? Bien, pensemos, que es aquí adónde quería llegar. ¿Cómo sería leer el recorrido de Link, él solito con la pesada de Navy, por el complicado Templo del Bosque, resolviendo sus puzzles? Páginas y páginas de descripciones y de, tal vez, monólogos interiores en los que Link pensaría qué tiene que hacer para capturar a los fantasmas y encender las llamas del vestíbulo principal para llegar al corazón del templo. Tal vez no resulte tan emocionante como controlar a Link como si fuese una marioneta y pensar uno mismo lo qué hay que hacer. Cierto es, pero, que esas partes se podrían suprimir, que el templo podría ser un edificio bien antiguo sin ningún obstáculo a excepción del jefe final que custodia el Medallón, el tesoro que vamos buscando para salvar Hyrule. Pero... ¿no se perdería así la gracia? ¿Cómo sería el videojuego si fuera igual, si tuviéramos que atravesar simplemente un edificio abandonado para encontrarnos, solo al final de la travesía, con un monstruo maligno que entorpeciera el mísero gesto de obtener el Medallón del Bosque? Aburrido y falto de emoción. Eh, ¿y las travesías a través de la campiña de Hyrule para ir de un destino a otro? Si no le añadiéramos acampadas o encuentros con otros personajes, fallando al espíritu original del videojuego (y la adaptación, aunque pueda ser buena, como la del manga, ya os aseguro que no conserva ese mismo espíritu, sino que se convierte en una experiencia distinta que, aunque guste, no llega a ser tan magnífica como la original), leer como Link cabalga con su yegua Epona campo a través... ¿podría resultarnos entretenido o nos acabaría agotando? Bueno, ciertamente sería interesante leer como alguien describe el paisaje y la vegetación hylianas... Pero aún así...
Entonces, ¿por qué? ¿Por qué pasaba esto, por qué tenía esta sensación? ¿Por qué una historia tan apasionante -para mí y para muchos- no tendría el mismo efecto en el papel sin modificarla? La pregunta me mortificaba, y tardé en encontrar la repuesta: si no llegaba a ser lo mismo es porque le faltaría algo, ¡faltaría la interacción!

Si os fijáis, los videojuegos son altamente visuales e incluyen la participación de la mente del jugador para su completo desarrollo, requieren que el usuario se vuelque totalmente en la aventura y participe formando parte ella, convirtiéndose en el propio protagonista. Cuando cogemos el mando dejamos de ser nosotros mismos y nos convertimos en el Héroe del Tiempo. En cambio, cuando leemos una novela, incluso cuando el mismo narrador es el protagonista, somos simples espectadores, no podemos intervenir en ella, ya está escrita y lo único que tenemos que hacer para avanzar es leer, o lo que sería lo mismo, mirar. No digo que un videojuego sea más divertido que un libro o viceversa, pues hay de todo, y a quién le gusten las dos cosas bien lo sabe. Lo que vengo a decir es que he llegado a una conclusión: historias buenas hay muchas, las hay en libros y las hay en videojuegos, pero unas son para ser leídas y otras, vividas; y aún así, pueden llegar a emocionarnos totalmente.

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jueves, 9 de agosto de 2012

Los rostros vetustos no inspiran a los jóvenes

El otro día, haciendo el perezoso por FB, como cualquier joven de dieciocho años que se precie, me encontré con la foto que podéis ver a la derecha: Michael Phelps celebrando su "oro". Aparte de lo cómica que puede resultar para aquéllos familiarizados con la famosísima franquicia de Nintendo (entre los que me incluyo), la imagen me hizo reflexionar poco a poco sobre un tema que siempre ronda mi cabeza: por qué los autores clásicos, los que llegan a envejecer, siempre se nos muestran en los libros de texto con sus rostros más agrietados y sus cabelleras en el súmmum de la blancura.

Sé lo que estáis pensando: qué capacidad, casi fantasiosa, tiene Matt para relacionar a Mr. Phelps exhibiendo un cartucho de Pokémon Edición Oro para Gameboy Color con la vejez de los escritores muertos. Sí, soy asombroso; pero todo tiene una explicación lógica y racional. O no.

El caso es que tenemos a los atletas Olímpicos, con su aspecto joven y en la flor de la vida, admirados por cientos de adolescentes que practican sus mismas disciplinas y que ansían ser tan sobresalientes como ellos. Entonces, eso me llevó a pensar en algo que nos dijo una vez en clase la profesora de CMC hace más de un año; estábamos dando el tema de la evolución, que recordaba perfectamente de 4º de la ESO, y una foto de Charles Darwin decoraba el margen de la página del libro. Entonces, la profesora dijo: "Aquí tenemos a Charles Darwin, con su barba y en los últimos años de su vida. La verdad es que no sé por qué ponen siempre una foto suya de viejo, en sus días también fue joven, y casi todos sus estudios y anotaciones, incluso su viaje en el Beagle que le llevó a escribir El origen de las especies, los realizó antes de los treinta años". Y parecerá un poco tonto, pero hasta entonces no me di cuenta de semejante verdad, fue casi como una revelación: no hay filósofo, científico ni escritor, a no ser que muriera joven, que aparezca en los libros de texto en sus años mozos. De este modo, la sabiduría, el conocimiento y el talento se enlazan con la madurez e incluso con la vejez. ¿Y qué clase de ejemplo es ese para los jóvenes? Entonces es normal que puedan llegar a ver la filosofía, la ciencia y la literatura como algo aburrido, algo característico y único de los adultos, algo completamente ajeno a la juventud, cuando en realidad esas ansias de conocimiento y de crear arte provienen de un fervor y una pasión juveniles.


Pero Charles Darwin no es el único ejemplo que se puede poner. Sin ir demasiado lejos en el tiempo, tenemos al escritor norteamericano Ernest Hemingway. ¿Tenéis idea de todo lo que llegó a hacer Mr. Hemingway cuando era joven, antes de los treinta años e incluso antes de los veinte? A los dieciocho años participó en la Primera Guerra Mundial y durante la convalecencia de enamoró de una enfermera norteamericana que prefirió quedarse con un oficial italiano. Después, se fue de corresponsal a Grecia, París y al Próximo Oriente. A partir de 1936, batalló junto al bando Republicano en la Guerra Civil Española. Años más tarde, incluso participó en el desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial y fue uno de los primeros soldados en entrar en el París liberado. Vale, aquí ya tenía cuarenta y cinco años, pero sigue siendo un gran mérito, ¿no? Y sin embargo, siempre -o al menos yo- lo vemos con su jersey de cuello alto y su espesa barba canosa en lugar de con su uniforme militar a los diecinueve años.


Pero no todo es tan "injusto" respecto a las experiencias personales. ¿Conocéis a Arthur Rimbaud? Fue un poeta francés perteneciente al posromanticismo y de la vida del cuál se podría hacer un culebrón digno de la sobremesa de cualquier cadena de televisión. Se fugó varias veces de casa entre los catorce y los dieciséis años, y a los diecisiete se escapó definitivamente y marchó de París. Mantuvo una tórrida y tormentosa relación amorosa con el poeta Paul Verlaine y escribió sus mejores poemas con una botella de vino a la derecha y con hachís a la izquierda. Después de que su desequilibrado amante le disparara en la muñeca, le dejó y marchó a su granja familiar. A los veintiún años dejó la literatura definitivamente y vagabundeó por todo el mundo hasta los treinta y siete años, cuando murió. A él, sin embargo, siempre le he visto en el mismo retrato a los diecisiete años... ¿la razón? Dos: que murió joven y que pocos retratos más se conservan, por no decir ninguno.

Pero dejémonos de experiencias personales, ya que la juventud no tiene solo que relacionarse con una vida aventurera como la de Hemingway o con relaciones destructivas como la de Rimbaud. La juventud también es de espíritu, y eso lo refleja muy bien Hermann Hesse en sus obras, especialmente o al menos en las tres que he leído y (dicho sea de paso) recomiendo: Demian, Siddhartha y Bajo las ruedas. Sobre todo en la primera, que trata esencialmente sobre el paso de la infancia a la madurez. Sin embargo, Hesse no iba a ser una excepción y, en contra del espíritu rebelde juvenil que retransmiten estas tres novelas, siempre lo vemos con su rostro envejecido. Y no por falta de fotografías.


Por último, otro caso ya más particular que me produce sentimientos encontrados y que pongo porque, simplemente, soy un gran admirador de ella: Mercè Rodoreda (me apuesto 200 libras esterlinas a que más de uno pensaba que me iba a referir a Jane Austen). La escritora catalana escribió muchos cuentos y unos cuantos libros, la mayoría de los cuales tienen como protagonista a una chica joven. Sin embargo, en dichos cuentos y novelas la temática predominante es la angustia del paso del tiempo. Lo que me replantea una conflictividad de sentimientos: ¿cómo se debería mostrar a esta escritora? ¿Como la chica joven y guapa que fue o como la señora encantadora que todos los estudiantes catalanes conocemos? Personalmente, creo que debería verse como la primera, siguiendo el argumento que me ha llevado a escribir este artículo.


En definitiva, como creo que ha quedado claro a lo largo de toda la entrada, pienso que todos estos personajes, tanto literarios, como pintores, como científicos o filósofos, deberían ser representados con fotos o retratos de su juventud, si es que los hay (o con ambos, de jóvenes y de adultos envejecidos -pues a todos nos espera el mismo destino-), para poder servir de modelo a los jóvenes. Puede que sus mejores obras pertenezcan a sus épocas de madurez, pues, como todos sabemos, uno no consigue la excelencia a una corta edad, pero sí es cuando empieza a recorrer el camino que le llevará a la maestría o bien el que le acercará a ella. Mostrados como ancianos, solo se consigue que veamos a estos personajes y los logros que consiguieron como algo lejano que nunca podríamos conseguir nosotros porque no nos vemos identificados con esos rostros envejecidos, maduros y llenos de sabiduría. Somos jóvenes inexpertos, ignorantes de la vida e ingenuos, con sueños y aspiraciones, tal como ellos fueron una vez. Y eso es lo que no se nos enseña.

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Las fotos originales de las cabeceras han sido buscadas en Wehearit.

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