Algunos me acusarán de ver
fantasmas donde no los hay; otros, simplemente, de ser un
Molinero-Empedernido; e incluso algunos simplemente dirán que soy un
fanático cabreado..., pero, durante los exámenes finales de enero, en uno de esos momentos de
Matías-deberías-estar-estudiando-y-no-en-el-ordenador-perdiendo-el-tiempo-por-mucho-que-tu-cabeza-saturada-te-pida-un-descanso, me topé con una
crítica de
Los Juegos del Hambre (que no voy a poner, porque no quiero dar publicidad y tampoco quiero causar ninguna polémica ni conflicto —
paz y amor—) que me
rompió el corazón. Una de las
mejores sagas de
literatura juvenil de los últimos años con una
profundidad mayor a cualquier otra era considerada como una
mezcla mal elaborada, sin gusto, sin gracia y preparada para ser
digerida por
adolescentes sin dos dedos de frente de
Battle Royale y
Crepúsculo. De acuerdo, no negaré el
parecido del
primer libro de la trilogía de Suzanne Collins con el archiconocido
film japonés, pero comparar
Crepúsculo con
Los Juegos del Hambre es como comparar
Tom Jones, de Henry Fielding, con
Pamela, de Samuel Richardson (en lo referente a la temática), o, para que me entendáis mejor, comparar un huevo con una castaña. Esto, como comprenderéis, hizo que me
hirviera la sangre, y por las reflexiones que encontré a lo largo de toda la reseña no me quedó otra que entender que el individuo en cuestión había realizado una
lectura folletinesca, algo prejuiciosa desde mi punto de vista y, tal vez, obligada. Claro que
toda opinión es válida, y si no te gusta, no te gusta, pero había afirmaciones tan
categóricas que me hicieron replantear si habíamos leído el mismo libro o no.
Así que, ante tales acusaciones, decidí realizar un artículo
exponiendo, a mi parecer,
todas las potencialidades con las que cuenta la saga que le hacen ser algo más que unas simples
noveluchas para adolescentes. Llegados a este punto, es mi deber avisaros de que este
artículo estará
completamente minado de SPOILERS de toda la
TRILOGÍA de
Los Juegos del Hambre, ya que sería imposible hablar sobre la profundidad de los libros haciendo tan solo sutiles referencias a su contenido, por eso aquí se hablará
sin tapujos, tanto en los
comentarios como en la
misma entrada.
Si no habéis leído los libros (tanto de LJDH como de Crepúsculo), salid ahora mismo de aquí.
Por último, antes de empezar, quiero dejar claro que todo este
análisis parte de mi
memoria natural:
no he podido
releer la trilogía por falta de tiempo, pero sin duda se encuentra entre mis libros de "
relectura obligatoria". Esto implica que tal vez haya
incongruencias o factores confusos, es decir, puedo hacer referencias a escenas o momentos que tal vez no sucedieron de la forma en la que los menciono, porque, desgraciadamente, no tengo tantísima memoria para recordarlo todo con precisión sibilina (aunque he recurrido a la memoria de varios amigos para contrastar información). En cualquier caso, en cuanto pueda releerlos,
corregiré los fallos que pueda haber cometido.
Dicho esto,
empecemos.
LOS JUEGOS DEL HAMBRE NO ES CREPÚSCULO.
Cualquiera que se haya
leído ambas sagas o al menos el primer libro de cada una de ellas es capaz de comprobar que poco tiene que ver la historia de una
revolución con la historia de un
matrimonio anunciado. Claro, ambas sagas son
idénticas si nos centramos en que
Katniss Everdeen tiene que elegir entre un
dulce panadero y un
cazador furtivo revolucionario así como
Isabella Swan tenía para escoger entre un
vampiro millonario y un
hombre lobo sobremusculado. Lo que sucede es que, a diferencia de
Crepúsculo,
el triángulo amoroso no es el centro de la trama en
Los Juegos del Hambre. Cierto es que cobra
importancia a lo largo de la trilogía, especialmente en
En llamas, pero se trata de un
mecanismo para acentuar la
profundidad psicológica de Katniss y los conflictos a los que debe enfrentarse, tal como veremos más adelante.
En
Crepúsculo, el
centro, la trama, es el
amor incondicional que sienten Bella y Edward y los obstáculos con los que se encuentran para poder llegar a su final feliz; en
Los Juegos del Hambre, la
trama es la
liberación de un pueblo a manos de una chica de dieciséis años que, sin comerlo ni beberlo, se ha visto envuelta en una revolución que ella misma ha provocado por el mero hecho de
querer vivir dignamente y cómo su condición de adolescente se interpone constantemente entre esa revolución y una vida "normal" —dentro de las posibilidades que ofrece una vida sometida por el Capitolio—, cosa que nos lleva al siguiente punto.
LOS CONFLICTOS Y LA PROFUNDIDAD PSICOLÓGICA DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE.
De un libro, pueden hacerse una
gran variedad de lecturas (unas más acertadas que otras, por supuesto): puede hacerse una
lectura folletinesca, que sería leer la novela sin mirar más allá de su historia, o puede hacerse una
lectura más pausada y crítica, concentrándose en captar si las situaciones que se nos presentan tienen una doble significación, una mayor profundidad (
¿Qué significa eso para el personaje? ¿Qué posibilidades pueden surgir de ese suceso? ¿Explota bien el autor esas posibilidades?) o si simplemente son lo que son. A veces, cuando leemos,
no nos fijamos en esa profundidad, y no es hasta que nos encontramos con un
prólogo o algo parecido cuando comprendemos esa
doble realidad. Con
Los Juegos del Hambre, sentía un mínimo de esa profundidad conforme iba leyendo la saga y sobre todo cuando, en momentos de nostalgia o de aburrimiento en clase,
recordaba lo que sucedía en las novelas y veía que todo ello iba un poco más allá.
¿Adónde quiero llegar? Veréis,
no han sido
pocas las veces que he oído o leído, aunque la opinión popular sea la contraria, que
Katniss es un poco pánfila. No niego que su rapidez a la hora de responder a estímulos obvios (como el hecho de que si besa a Peeta el público gritará de entusiasmo y le dará comida y medicinas) sea algo
nula o que a veces no sepa qué hacer o no o cómo sentirse respecto a Gale y Peeta. Pero a ver...,
Katniss podrá ser todo lo
valiente que queramos y tener la sensibilidad de una
piedra, podrá ser rápida, fuerte y tener una puntería increíble con el arco... pero, ante todo,
es una chica de dieciséis años. Una chica de dieciséis años curtida y madura a causa de todos los
golpes que ha recibido durante su vida, a causa de un
padre muerto al que idolatraba por una explosión en las minas y una madre que, en lugar de actuar como tal ante un momento tan duro, quedó en estado de shock y medio catatónica por tal tragedia, hecho que propició que
Katniss tuviera que crecer antes de lo que le tocaba y cuidar de su madre y, en especial, de su querdísima hermana pequeña
Primrose. De este modo, Katniss
madura antes de tiempo, pero lo quiera o no
sigue siendo una adolescente, y esto se nota en un primer momento en los instantes que pasa en el bosque, fuera de los límites del Distrito 12, con Gale: es el único sitio donde siente que puede ser ella misma y fingir que no sucede nada, que su pueblo no se muere de hambre, que de ella no depende nadie y que cada año el Capitolio no obliga a luchar a muerte a unos
pobres e inocentes niños.

Así vemos que
nuestra protagonista, más allá de esa fortaleza que la vida le ha obligado a constuirse, es, al fin y al cabo, un
ser humano y no un robot preparado para derrocar toda una dictadura. Y es sobre esta base sobre la cual se edifican todos los
conflictos: en un primer lugar, la
sustitución de Katniss por Prim en la Cosecha de los Septuagésimos cuartos Juegos del Hambre. Aquí, Katniss
no actúa con la razón, no piensa que saldrá viva junto a Peeta de la Arena ni que provocará una revolución que salvará a los Distritos del yugo al que los somete el Capitolio: simplemente
quiere salvar a su hermana de una muerte segura;
Katniss actúa con el corazón. Luego, se da cuenta de que puede
morir, se da cuenta de que seguramente haya firmado su sentencia de muerte... pero no le importa si Prim está a salvo.
En este punto se encuentra otro
factor relacionado con una de las
críticas que se ha llevado la trilogía: el final del primer libro es
previsible. Obvio,
¿cómo va a acabar el primer libro de una trilogía narrada en primera persona cuya protagonista tiene que luchar por su vida? Lo más lógico es que se
salve, y si se salva también el
chico enamorado de ella secretamente que se declara en medio de una entrevista que se retransmite por todo Panem, pues
mejor, pero ya no tan previsible, pues, en teoría, de los 24 jóvenes que se enfrentan a muerte solo puede quedar uno. Pero... ¿de verdad importa que se
anule ese
factor sorpresa con el que, gracias a nuestros conceptos actuales de literatura,
debería contar una novela?
No. En realidad, la concepción de que por el final previsible de un libro una novela ya tenga que ser mala la considero totalmente
errónea. En la
narrativa lo que importa
no es el
desenlace en sí, sino el
proceso para llegar hasta él. Son todos esos
acontecimientos que se entrecruzan unos con otros lo que
construyen la novela, y cuando un final es previsible lo
mejor es ver
cómo el autor se las ingenia para, aún así,
sorprendernos. Cuando leí
Los Juegos del Hambre sabía que era el inicio de una trilogía y que, por lo tanto, o bien Katniss
sobrevivía a los Juegos o bien
cada libro se centraría en unos Juegos o que, incluso,
los Juegos durarían la trilogía entera. Al ver cómo se desenvolvía el argumento, me di cuenta de que los Juegos acabarían en ese volumen y que
Katniss seguramente sobreviviría. Siguió, no obstante, sin importarme:
estaba disfrutando con la novela y con la tensión provocada por Peeta, el amante trágico que debía morir. El resto, es historia, dijeron que podía haber dos vencedores, cambiaron las normas en el último instante para provocar que Katniss y Peeta tuvieran que matarse y...
se encendió la chispa. Katniss se negó a seguir las normas del Capitolio, si no podían sobrevivir los dos, no sobreviviría nadie: el
suicidio era la única opción.
¿Os dais cuenta de todo lo que ese gesto de suicidio significa? Una chica de
dieciséis años está decidiendo
morir, o al menos está fingiendo hacerlo, porque
no quiere seguir con una vida así ni matar a un ser humano por el mero
capricho del gobierno al que está sometida.

La
relación entre Katniss y Peeta también tiene su complejidad, aunque no lo parezca.
Peeta siempre ha estado
enamorado de Katniss y esta, aunque al principio no le corresponde, luego empieza a sentir algo por él y llega a ser el padre de sus hijos y el compañero de su vida. Esto se podría quedar aquí, como el tercero en discordia entre Katniss y Gale pero que al final se queda con la chica, pero
hay algo más, y es que la relación
no se desarrolla con normalidad alguna. Al principio, nuestra protagonista
no es consciente de nada: cree que la
declaración de Peeta es puro teatro para conseguir patrocinadores. Hasta este punto, bien, y con eso en mente Katniss les sigue el juego y empieza a
actuar. Pero al final se da cuenta de la
dolorosa verdad: Peeta
no estaba actuando,
él la amaba realmente y pensaba que ella le estaba correspondiendo. Entonces algo se
desquebraja entre los dos:
Peeta, convencido de que de vuelta en el Distrito 12 mantendría una relación con Katniss, se da cuenta de que era todo una
burda mentira para sobrevivir y se
aleja de ella para no sufrir más;
Katniss, por su parte, se percata de algo terrible y confuso para ella, que es el hecho de que
ese panadero, que antes apenas conocía e importaba y que solo le había dado una hogaza de pan quemado por lástima,
se ha convertido en alguien especial para ella, alguien de quien no quiere alejarse y alguien por el que empieza a sentir algo más que una amistad. ¿Pero
qué siente exactamente Katniss por él? ¿No sentía algo así por Gale? ¿Lo sigue sintiendo? ¿Qué ha cambiado,
si todo era teatro? De nuevo, vemos que
Katniss no tiene el control sobre su vida ni sus sentimientos, y, por mucho que intente aclararse, cada vez estará más confusa, porque echa de menos estar en el bosque con Gale, pero cuando a Peeta se le para el corazón en el
Vasallaje de los Veinticinco el mundo se derrumba sobre ella. Y el momento más trágico llega cuando
Peeta es
secuestrado por el Capitolio y le lavan el cerebro, programándolo para
matar a la chica que amaba. Si
En llamas se centra en el
conflicto psicológico de Katniss entre lo que siente por Peeta y lo que siente por Gale, entre apagar la revolución o avivarla,
Sinsajo es un crudo
retrato de esa
Katniss que
ya no puede más y a la cual le arrebatan

poco a poco lo que le hacía
mantener su cordura: primero su hogar, luego su amor y, por último, a lo que ya llegaremos, su hermana. Katniss, casi completamente consciente de que ama más a Peeta que a Gale, ve ahora que se lo han
arrebatado, que le han borrado la memoria y que quiere matarla. De nuevo, es necesario recalcar que Katniss tiene, en ese momento de la historia,
diecisiete años, ¿y
qué está haciendo? Se esfuerza por ser la
imagen de una revolución, la inspiración, el ídolo de todo un pueblo para luchar, vencer y poner fin a la opresión,
mientras ella está exiliada, con su hogar, el Distrito 12, calcinado y la persona que más la quería en el mundo intentando asfixiarla. Y a pesar de todo,
ahí sigue. ¿Cuántos de nosotros seríamos capaz de hacer algo así? ¿Cómo se la puede tachar de
pánfila aguantando todo lo que soporta y la
carga psicológica que todo ello comporta? Son
golpes, uno detrás de otro, que tal vez, incluso, una persona adulta, aunque fuera más madura que Katniss, no podría soportar.

Por otro lado, tenemos la
revolución: toda una nación pone sus
esperanzas y su futuro
en manos de una adolescente que, sin tener tal intención,
enciende la chispa decidiendo morir por ella misma y no porque el Capitolio lo quiera así. ¿Cómo va a dejar el Capitolio que los Juegos del Hambre no tengan un ganador? Por ello, les hace campeones a ambos. Era la primera vez en la historia de Panem que sucedía algo así. Era la
primera vez que alguien era capaz de doblegar al Capitolio en lugar de ser doblegado por él. Era la primera vez que había un cambio... y ese cambio podía significar algo.
Era una oportunidad. De esta manera,
Katniss se veía en el centro de una
revolución, de una revolución que
ni era consciente que había provocado. Es con la visita del presidente Snow a su casa en
En llamas que se entera de que ha encendido la chispa... y todo por salvar su vida y la de Peeta. A partir de aquí, la misma
dicotomía entre dos
polos opuestos que veíamos con Peeta y Gale la vemos reflejada de nuevo con
la revolución y llevar una vida tranquila. Katniss,
vencedora de los Septuagésimos cuartos Juegos del Hambre junto a Peeta, puede llevar ahora una
vida normal y desahogada tal como concebimos en nuestra realidad la vida de alguien adinerado: su nombre no entrará más para ser escogido en la Cosecha, ella y su familia dispondrán de toda la comida necesaria para vivir (y más) y una casa en condiciones en la
Aldea de los Vencedores... Pero todo conlleva un precio: si quiere seguir disfrutando de esa vida,
debe apagar la llama de la revolución y
casarse con Peeta para que Panem piense que
verdaderamente fue un
acto de amor, el querer suicidarse, y
no de rebelión... aunque Katniss tal vez no quiera a Peeta y su corazón esté en el bosque, con Gale. De nuevo,
Katniss deberá elegir. El Capitolio la obliga a casarse para mantener las apariencias cuando todo parecía haber acabado; Peeta, con el corazón roto, tampoco parece hacerle mucha gracia verse forzado a casarse con la chica a la que amó y la cual fingía corresponderle; y Katniss es consciente de todo ello.
Katniss debe parar la revolución... Pero Katniss también es
consciente del sufrimiento de su pueblo, ella vivió ese sufrimiento.

¿Es tan egoísta como para darle la espalda a todo Panem? Pero si no lo hace, solo Dios sabe lo que es capaz de hacer el presidente Snow para impedir la rebelión... Ahora bien, cuando se desvela que el
Vasallaje de los Veinticinco consistirá en
hacer combatir de nuevo a todos los
Vencedores de los Juegos, Katniss no vacilará más; fue una ingenua al pensar que algo podría cambiar, que Snow los dejaría en paz si se casaban.
No iba a haber paz para ellos, nunca la habría... y Katniss se ve arrastrada por un plan que les englobaba a todos menos a ella para escapar de la Arena y empezar la rebelión en el Distrito 13, el cual se creía desaparecido. Nuestra protagonista,
Katniss Everdeen, la misma que no sabe qué siente, la que tenía que elegir entre una vida fácil y una revolución, se encuentra con que
los demás han escogido por ella y sin preguntarle su opinión, lo que, claramente, supone un
duro golpe.
A partir de todo esto, Collins, queriéndolo o no,
profundiza en la psicología de Katniss, una simple chica que, solo por salvar a su hermana,
cambia el mundo... pero lo peor de todo es que la mayoría de veces, si os fijáis,
no es Katniss la que acaba eligiendo,
los otros acaban eligiendo por ella —especialmente, la rebelión— de manera que Katniss se ve obligada a actuar de un determinado modo: es un
juguete del
Capitolio y un
juguete del
Distrito 13, y, aunque sea el elemento más importante, la pieza crucial para los planes de ambos,
a nadie parece importarle lo que ella siente.
"LA ESTRUCTURA PERFECTA DE NOVELA TIENE UNA FORMA CIRCULAR".
Una vez, en
clase de castellano en 1º de bachillerato, estábamos comentando
Nada, de Carmen Laforet. Nuestra profesora comentó que la novela de Laforet tenía una
estructura perfecta porque era una
novela circular: empezaba igual que acababa, le seguían el paso de las estaciones, etc., y cual fue mi sorpresa al notar que en la
trilogía de Suzanne Collins pasaba exactamente lo mismo, y apuesto que no he sido el único que se ha dado cuenta de esta pequeña y dolorosa revelación:
toda la historia empieza y termina con Primrose Everdeen, la hermana de Katniss. Es por
Prim que
empieza todo, por ella Katniss se presenta voluntaria como Tributo y se produce la red de acontecimientos que desencadena la revolución. Es con la
muerte de Prim en el bombardeo final cuando el
Capitolio cae y los
Distritos consiguen la
victoria. Así, nos encontramos con la
mayor tragedia de toda la trilogía:
los esfuerzos de Katniss resultan en vano. Nuestra protagonista se presenta voluntaria como Tributo para evitar que su hermana reciba una muerte segura, Katniss provoca una rebelión para salvar a su hermana, para ofrecerle un mundo mejor... y
Primrose acaba muriendo de todos modos. Esto provoca que, finalmente,
Katniss se derrumbe psicológicamente: todas las tensiones provocadas por los conflictos mencionados anteriormente y que Katniss había aguantado estoicamente caen sobre ella aplastándola y haciéndole
perder la cordura. La
muerte de Prim es el
detonante que provoca la
locura de nuestra protagonista casi al final de
Sinsajo. Por fortuna, acabará
recuperando el juicio a partir de la venganza, la discusión con
Buttercup y mediante la paz que le transmite Peeta —la misma Katniss llega a la conclusión de que lo último que necesita a su lado es alguien con un temperamento como Gale—.
EL PÚBLICO ACTUAL ESTÁ INSENSIBILIZADO.
Hoy en día, parece que si en una película o libro no hay sangre,
no hay dolor ni sufrimiento. Al público le parece simple una frase como "
Le atravieso con una flecha y veo cómo muere". Ignoro si esa oración figura o no en la novela pero...
¿de verdad puede parecer pobre y carente de emoción? Es decir, yo veo precisamente en la simpleza de esa frase toda la
crudeza del mundo: la
frialdad con la que Katniss narra ese suceso muestra la
deshumanización total, la ira,
el Capitolio ha conseguido lo que quería, que una de los Tributos
se convirtiera en su arma, en una asesina.
Todo esto lo digo porque hay quien se
burla de lo
impresionable que ha sido el
público juvenil con esta saga solo por haber "
un poquito de sangre".
¿No se puede ver dolor más allá de la sangre? ¿Era cierto lo que dijo Kafka de que hemos normalizado hasta tal punto el sacrificio y la explotación humana que ya no nos causa emoción alguna? La crudeza de
Los Juegos del Hambre no parte del
sufrimiento físico, de ver sangre, de ver como alguien muere en una explosión o en un incendio, o cómo pierde la razón y se deforma su aspecto a causa de las picaduras de las rastrevíspulas o porque alguien ha atravesado a otro alguien con una lanza.
Sí que hay horror en esas situaciones, pero
no es un horror físico, sino piscológico, depende totalmente de las circunstancias: para empezar,
la muerte de Rue, atravesada por una lanza; y luego,
la de Prim, muerta por una explosión.

Por lo que me parece recordar,
la muerte de Rue es limpia, apenas se describe la sangre o si le salen los intestinos por el agujero que le ha abierto la lanza en el abdomen, y es
gracias a esa ausencia de lo repugnante que Suzanne Collins consigue una escena tan
conmovedora y traumática: Collins no busca concentrarse en el dolor físico de Rue, en el horror de ser atravesado por una lanza, sino en la
pérdida de la vida, concretamente la vida de una niña inocente que no ha hecho nada malo, únicamente tener la mala suerte de ser escogida como Tributo. Un ser puro que ni siquiera ha comenzado a vivir es asesinado en juego al que le han obligado a jugar.
Por otro lado, está la
muerte de Prim, tan
repentina e inesperada que Collins juega con las elipsis para que nos imaginemos la
confusión, la sorpresa y la impotencia de su hermana Katniss. De nuevo, según creo,
no encontramos ninguna descripción de miembros amputados o esqueletos calcinados, el escenario con el que nos encontraríamos después de tal explosión:
únicamente sabemos que Primrose ha muerto, y dicho suceso basta para que Katniss pierda todas las fuerzas. Se trata de una muerte igual de dura que la de Rue o más, pues esta vez la víctima está estrechamente ligada a la protagonista por un vínculo familiar y de amor fraternal. Además, la situación en la que muere no podría ser más
trágica a la par que irónica:
Prim, con una trenza, emulando a su hermana mayor, pero con la camisa sobresaliéndole del pantalón "como la cola de un patito", desciende de un helicóptero junto a más jóvenes de su edad, miembros de la
unidad de enfermería, para curar a los heridos. ¿Y qué sucede?
Muere por una bomba arrojada por su mismo bando y que el propio Gale había ideado.
LOS SÍMBOLOS.

En este apartado, me vais a permitir que vaya
más lejos de lo que el propio texto escrito por Suzanne Collins aporta.
En una ocasión, en clase de lengua castellana, estábamos analizando un
poema de Lorca (o eso me parece recordar) y la profesora no paraba de explicarnos que aquello era un símbolo de lo otro, etc. Yo, en un alarde de valor, me atreví a alzar la mano y pregunté: "
Pero, profesora, ¿Lorca escribió todo esto consciente del significado que le daba y luego lo explicó o es algo que la crítica inventa?". Ella me respondió con una anécdota: al mismísimo
Federico García Lorca le preguntaron qué quería decir con un fragmento de uno de sus poemas, y él dijo "
No lo sé. Solo sé que lo vi". Su respuesta me dejó
atónito: era la primera vez que veía que
un escritor podía escribir más allá de su consciencia, que un escritor no era amo y señor de su obra, hecho que me han repetido mis profesores a lo largo de lo poco que llevo de carrera y que el mismo
T.S. Eliot defendía.
Con todo esto no pretendo colocar a Suzanne Collins a la misma altura que Lorca o Eliot, simplemente ejemplificaros que
ahora iré más allá, tal vez, de lo que la propia autora norteamericana escribió:
- El suicidio: aunque Katniss fuera en parte consciente de que el Capitolio no les dejaría comerse las bayas para no tener que matarse el uno al otro, el mismo intento de suicidio ya tiene un valor y una profundidad en sí bastante palpable. El suicidio, desde el punto de vista de la religión cristiana, es un pecado que asegura tu entrada al Infierno, pues Dios es el único que tiene poder para quitarte la vida y decidir cuándo y cómo mueres. Dios te otorga la vida y Dios te desprovee de ella. Suicidarse es rebelarse contra Dios, es decidir tú por Él cuándo acabar con tu vida. Pues lo mismo sucede en el marco de los Juegos del Hambre: solo el Capitolio decide cuándo y cómo mueres, el intento de suicidio de Katniss y Peeta es una rebelión, tal como Panem lo interpreta y como ya lo había mencionado yo anteriormente. El Capitolio había decidido cuál sería la muerte de uno de los dos: morir a manos del otro amante y mostrar cómo ni el amor es un obstáculo contra el sumo poder del presidente Snow. Pero Katniss lo ve, se rebela contra el Capitolio, decide "no ser una pieza más en sus Juegos", tal como dijo Peeta, y morir a su modo.
- El sinsajo: este es un símbolo más que evidente, ya que la propia Collins no oculta su significado, así que no me entretendré demasiado. El sinsajo es la libertad, es la revolución, es el poder del pueblo, la capacidad de vencer al Capitolio.
- El vestido de novia: creo que todos recordamos con exactitud el vestido de novia que Cinna confecciona para Katniss. Para dar emoción y acentuar la tragedia del Vasallaje de los Veinticinco a ojos del público, Katniss aparece en su entrevista con el vestido de novia que llevaría en su falsa boda con Peeta si el destino no se hubiera interpuesto, de nuevo, entre los dos amantes del Distrito 12. Pero no acaba ahí la cosa: el vestido prende en llamas y se convierte en un vestido negro, de plumas, igual que un sinsajo. El primer significada con el que nos encontramos es claro: Katniss es el sinsajo, Katniss es la líder de la revolución; pero podemos ir un poco más allá: ese vestido representa el punto en el que Katniss deja atrás la fácil y falsa vida que le ofrece el Capitolio por una vida difícil pero sincera, la de conducir a su pueblo hacia la libertad, aunque no sepa hasta que punto los demás ya la habían inducido en ese plan siendo parte esencial del mismo. Prácticamente Katniss ya no tiene elección: ya se ha convertido en la inspiración que Panem necesitaba.
- Primrose Everdeen: Prim no es tan solo la hermana pequeña de Katniss, sino que también representa a todos los niños de Panem, cosa que se puede apreciar claramente en el hecho de que, a Katniss, Rue le recuerda a Prim a pesar de sus diferencias físicas. Pero, además, Prim es también el futuro, la esperanza de un mundo mejor que parece abrirse después de la revolución y que se ve amenazado con su muerte y con el liderazgo de Coin.
- Buttercup: el gato de Prim no podría estar exento de significación. No sé si os habréis fijado, pero yo creo que, sin lugar a dudas, Buttercup es un reflejo de Katniss. Ambos se odian mutuamente, están curtidos por la dureza de la vida en el Distrito 12, campan a sus anchas y se preocupan por Prim y la quieren infinitamente. Este reflejo es aún más patente en la escena de Sinsajo en la cual Katniss le grita a Buttercup que se marche, que Prim ha muerto y que jamás volverá, ocasionando así un diálogo consigo misma que posibilita la aceptación de la muerte de Prim y el estallido de todas las emociones que ha estado guardando en su interior.
FENÓMENO DE MASAS, DESPRESTIGIO ASEGURADO.
Me hace mucha gracia la gente que
nunca lee literatura juvenil pero, cuando se publica el nuevo
bombazo del momento, se lo lee y, abrazado sus lecturas más maduras, no titubea ni vacila al decir "
No aporta nada nuevo al género" quedándose más ancho que su prepotencia. Tal vez si ese sujeto leyera verdaderamente literatura juvenil y viera la cantidad de
libros clónicos que hay, comprendería que verdaderamente sí aporta algo nuevo al género.
Los Juegos del Hambre, en concreto, se
publicó en Estados Unidos en
2008, el mismo año en que
Crepúsculo llegó su máximo apogeo gracias a la adaptación cinematográfica.
A nuestro país, llegó un año más tarde, en
2009, en un contexto en el cual el
público juvenil empezaba a
cansarse mínimamente de tanto romance sobrenatural. El
mercado estaba
saturado de vampiros y, contra todo pronóstico —porque todos apuntábamos a que los ángeles se situarían como el nuevo centro de la literatura juvenil—,
Los Juegos del Hambre marcaron un
punto de inflexión: el público dijo
basta y las
distopías se empezaron a publicar como churros (y creo que ahora, en 2013, nos empezamos a preguntar cuál será la nueva moda de la literatura juvenil). Ojo,
no estoy defendiendo las modas ni tampoco la publicación de
libros clónicos (al contrario,
estoy totalmente en contra de dicha estrategia por parte de las editoriales, pues, aunque puede que les funcione para mantenerse a flote en tiempos de crisis, creo que
perjudica gravemente a la literatura juvenil —pero de esto ya hablaré largo y tendido en otra ocasión—), simplemente digo que no puedes decir que
Los Juegos del Hambre no aportaron nada nuevo a la literatura juvenil basándote en la presencia de un
triángulo amoroso que, como he intentado dejar claro a lo largo de todo el artículo,
no es uno normal y corriente. La trilogía de Suzanne Collins consiguió
cambiar el rumbo que seguía la
literatura juvenil en el cual parecía encasillada desde la publicación de
Crepúsculo, y, además, aportó una
profundidad en su temática y sus conflictos
impropios del género, profundidad que en pocos otros libros juveniles he encontrado.
Otro tema es todo el
fenómeno fan que ha suscitado
Los Juegos del Hambre: me he encontrado con muchos
fan-arts de la trilogía, algunos muy buenos y otros muy
noños que se centraban en las
cualidades físicas de los personajes masculinos que más atraen al
público femenino objetivo (sí, me refiero a
Finnick Odair, quien, todos aquellos que nos hayamos leído la trilogía, sabemos que es mucho más que un
guaperas: es un hombre
enamorado de Annie, una chica con un profundo trauma piscológico, que
muere después de casarse con ella y de dejarla
embarazada). A partir de estos
fan-arts, muchos han tachado directamente la saga de Collins de "
otros libros dedicados a quinceañeras mojabragas". Mi pregunta es:
¿está legitimado el desprestigio de una obra a partir de lo que sus fans hagan con ella? La verdad es que que algo se convierta en un
fenómeno de masas acarrea mucho daño, daño en ocasiones merecido pero en la mayoría de casos causado simplemente por el típico "
it's too mainstream". Todos hemos caído en el "
it's too mainstream" y quien lo niegue miente cual bellaco. Lo que vengo a decir es que tachar directamente algo de
inmaduro, o reforzar tus argumentos en contra de ello, a paritr de
fan-arts o
fan-fics cuando hay

otra parte de estos que no son así...
no tiene mucho sentido.
Todos somos fans de algo, unos más extremistas que otros, y lo que puedes criticar, ya sea porque no te gusta o porque no te parece adecuado, sería el
público y no el objeto de culto —y tal vez, ni eso, ¿no somos todos libres de hacer lo que nos venga en gana mientras no perjudiquemos a nadie?—.
CONCLUSIÓN.
No quiero caer en el típico "
para gustos, los colores", pero verdaderamente
la conclusión final sería esta. Yo, de
Los Juegos del Hambre, he extraído
esta lectura.
¿Es la única? No, para nada, tal como he dicho al principio.
¿Es la más correcta? No creo que tenga los conocimientos, las herramientas ni el ego necesario para decir
que sí o que no. Lo que sí
quiero dejar bien claro antes de acabar —porque será el motivo de mi linchamiento— es que
no pretendo cambiar la opinión de nadie ni obligar a nadie a amar
Los Juegos del Hambre, y este artículo tampoco tiene la
intención de imponer la idea de "
Este es el verdadero sentido de la trilogía de Suzanne Collins, si no lo pillas es que eres tonto y cualquier otra opinión que no se ajuste a este pensamiento no es válida". Tan solo he querido
exponer una serie de puntos por los que considero que
Los Juegos del Hambre supone
algo distinto dentro de la literatura juvenil, gracias a lo cual marca una diferencia y
debería perdurar. Que haya conseguido o no esa intención, es otro tema: el escritor empieza a escribir su obra con una intención y la acaba con otra. Y que tenga razón y
Los Juegos del Hambre consiga
sobrevivir y
perdurar en la literatura juvenil... bueno, solo
el tiempo lo dirá.
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