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lunes, 14 de julio de 2014

The (Jane Austen) Experience III

The (Classic) Experience es una sección de Lector Empedernido -como si yo fuera el único intelectual que reseña clásicos- en la cual haré pequeñas reseñas de las novelas clásicas que vaya leyendo (desgraciadamente, son pocas). Esta sección es aperiódica, es decir, tendréis una entrega siempre que a mi me salga del monóculo.


Orgullo y prejuicio, de Jane Austen

orgullo y prejuicioEs una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. Es algo que todo el mundo sabe, hasta el mismo susodicho, y es que se trata de una verdad tan arraigada en las mentes de su vecindad que poco les importa los sentimientos del desdichado y adinerado caballero, pues cada una de las familias que lo rodean lo consideran de su legítima propiedad o de la de una u otra de sus hijas.
A decir verdad, no hay nadie quien tenga tan presente esta regla universal como la señora Bennet, y aunque su comportamiento llegue a parecer exagerado o incluso ridículo, su situación no es para menos: cinco hijas, la mayor de las cuales ya raya los veintidós años, una renta escasa para tan amplia familia, y una hacienda que, a la muerte de su marido, pasará a un desconocido primo de este. ¿Cómo podría pensar en otra cosa que no fuera el matrimonio en tal situación?

Es por ello que la familia queda totalmente trastocada cuando Netherfield Park, una mansión de la vecindad, es alquilada por el joven, atractivo, soltero y, más importante, adinerado (¡5000 libras al año!) señor Bingley. ¡Y cuán afortunada se siente la señora Bennet cuando se percata de la evidente preferencia que siente el joven, atractivo, soltero y adinerado Bingley por su hija mayor, Jane!
Pero no todo iba a ser tan maravilloso: las hijas menores, Kitty y Lydia, son dos bobaliconas que se dedican a perseguir a los oficiales del regimiento acampado en Meryton. Y Bingley no viene solo: le acompañan sus altivas y clasistas hermanas y un amigo más rico que él (¡¡10000 libras al año!!), el señor Darcy, pero orgulloso, demasiado orgulloso, por lo que Elizabeth, la segunda de las señoritas Bennet, no tardará en despreciarlo y en jurar que jamás bailará con él.

—Reconozco —dijo Darcy— que no tengo la habilidad que otros poseen de conversar fácilmente con las personas que jamás he visto. No puedo hacerme a esas conversaciones y fingir que me intereso por sus cosas como se acostumbra.
—Mis dedos —repuso Elizabeth— no se mueven sobre este instrumento del modo magistral con que he visto moverse los dedos de otras mujeres; no tienen la misma fuerza ni la misma agilidad, y no pueden producir la misma impresión. Pero siempre he creído que era culpa mía, por no haberme querido tomar el trabajo de hacer ejercicios. No porque mis dedos no sean capaces, como los de cualquier otra mujer, de tocar perfectamente.
Darcy sonrió y le dijo:
—Tiene usted toda la razón. Ha empleado el tiempo mucho mejor, Nadie que tenga el privilegio de escucharla podrá ponerle peros. Ninguno de los dos toca ante desconocidos.

pride-and-prejudice__1Orgullo y prejuicio es uno de esos clásicos, como tantos otros, de los que popularmente se tiene un concepto totalmente distorsionado, probablemente a causa de esta popularidad. La idea tradicional postula que se trata de una de las mejores novelas de amor de toda la literatura, concepto similar al que se tiene de Cumbres borrascosas, y me pregunto a qué nivel se horrorizaría Austen al ver que su obra ha sido tan simplificada a través de dos siglos. Que nadie me malinterprete, pues no estoy diciendo que el público lector sea cada vez más tonto y más simple, aunque sí se ha ido haciendo más amplio y, por lo tanto, menos intelectual y selecto (no, esto no era una defensa del elitismo literario, sino una simple observación). Lo que sí ha cambiado y lo que sí perjudica la lectura y la comprensión de Orgullo y prejuicio es la sociedad. Si queremos entender bien las novelas de Austen, o al menos acercarnos a lo que probablemente quería transmitir la autora (de lo cual, en cualquier escritor, nunca podremos estar totalmente seguros y no es la única lectura que podemos extraer), tenemos que tener un conocimiento básico de esta sociedad tan característica que nos muestra Jane Austen: la sociedad burguesa inglesa de finales del XVIII y principios del XIX.

No, la sociedad de Austen no es victoriana. Normalmente se conoce por el nombre de georgian society, ya que este período histórico coincidió con el reinado de Jorge III; se trata de los años en los que Inglaterra se vio sacudida por la Guerra de Independencia Norteamericana, la posterior pérdida de las Trece Colonias, la Revolución francesa, las invasiones napoleónicas y el inicio de la Revolución pride-and-prejudice__3Industrial; sin embargo, todos estos fenómenos no interesan en la obra de Austen: nuestra autora nunca habla ni de política ni de historia (muy al contrario de lo que hacía otro autor con tendencias realistas coetáneo a Austen, Honoré de Balzac), sino que se limita a mostrar su sociedad y el comportamiento humano dentro de esta: se trata de una sociedad burguesa, campestre, que vive de las rentas y desprecia el comercio y cuyos únicos entretenimientos eran la lectura, los paseos, las cartas y los bailes; y que, por encima de todo, ansiaban el prestigio que comportaba la compañía de la nobleza.

A partir de todo esto podemos entender el comportamiento de la señora Bennet y de sus hijas menores (Lydia y Catherine), ciertos deseos de la señorita Bingley y la reverencia que despierta lady Catherine de Bourgh en el señor Collins y en la mayoría de personajes de la novela..., excepto en Elizabeth Bennet. Efectivamente, todos los personajes que cumplen cada una de las características de lo que sería un individuo corriente de la georgian society son completamente ridiculizados mediante una aguda sátira a lo largo de la novela.

Sin embargo, Lizzy, la adorada y popular Elizabeth Bennet, la que la comunidad janeite alza como la mejor heroína de Jane Austen y su preferida (no me incluyáis en este grupo), tampoco queda libre de burla, no, al menos a mi parecer. El hecho de que el desprecio de Elizabeth hacia Darcy se inicie en un comentario tan banal como «No es lo bastante guapa como para tentarme» (algo que fácilmente podría haber olvidado), dice mucho del orgullo que también se encuentra en Lizzy, pero no solo eso: si nos fijamos, los sentimientos de Elizabeth empiezan a cambiar en cuanto visita a Pemberley, incluso bromea sobre ello con su hermana Jane. Por otro lado, podemos fijarnos en el propio Darcy, que si bien cuenta con una personalidad y una historia, podemos observar dos aspectos curiosos: que lo que más le define es ser el amo de Pemberley y de la mitad de Derbyshire y que su nombre es «Fitzwilliam»; en las Chatsworth_Bridgelenguas anglosajonas, el prefijo «fitz» acostumbra a significar «hijo de», y aunque no conocemos el nombre del antiguo señor Darcy, el padre de Fitzwilliam, fácilmente podría ser este «William»: así, el tan adorado Fitzwilliam Darcy no sería más que el hijo de alguien y el poseedor de una mansión. Así, la digna Elizabeth, la defensora a capa y espada del matrimonio por amor, de la dignidad, acaba enamorándose (gradual y sutilmente) de una casa y de una abultada renta, no de un hombre.

No podría acabar este intenso alegato, en que se ha convertido la reseña, sobre la sátira social que representa en realidad Orgullo y prejuicio sin hablar de la maravillosa prosa de Austen: me gusta definirla como «ordenada» porque ese es el efecto que produce, las palabras están donde corresponden y Jane Austen consigue con ello que pensemos lo que tenemos que pensar, que nos hagamos una idea determinada (aunque ello pueda difuminarse a causa del paso del tiempo). Pero lo que en realidad cabe destacar es la fina ironía austeniana, tan bien disimulada que a ojos de un lector ingenuo no es apreciable (en mi primera lectura, todo me lo tomé en serio, y así de poco me gustó), pero que a ojos de un lector atento y conocedor de esa sociedad, no dejará de despertar en él sonrisas divertidas y grandes y espontáneas carcajadas.

pride-and-prejudice__2No me queda otra, pues, que recomendar fervientemente la lectura de Orgullo y prejuicio, pero no la recomendaría a todo el mundo como primera incursión en Austen. Orgullo y prejuicio, aunque no es la obra más compleja de la escritora inglesa (considero que este puesto corresponde a Mansfield Park), sí es la más satírica e irónica, la más aguda y la que ofrece más interpretaciones, por lo que se trata de una lectura que tiene que hacerse cuidadosamente para poder ver más allá de la historia de amor que se nos ha dicho popularmente que ofrece.

408 págs * 12,50€ * Ediciones Cátedra (Letras Universales)
*Edición conmemorativa 30 años de Letras Universales*

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lunes, 19 de agosto de 2013

Expresiones literarias para el día a día

expresiones_literariasEl libro clásico tiene elementos que podemos relacionar con nuestra experiencia cotidiana, es decir, nos sensibiliza y construye marcos que nos permiten observar nuevas experiencias. Por ejemplo, todos hemos oído adjetivos relacionados con la literatura, como quijotesco o kafkiano; obviamente, y tal como decía Borges (al menos según mis apuntes), no podemos definir algo como "kafkiano" hasta que no hemos leído alguna novela de Kafka y nos encontramos con una situación parecida. ¿A quién no le ha pasado que se ha despertado un día transformado en un bicho horrendo parecido a una cucaracha y se ha dicho «Maldición, ¡tengo que ir al instituto y tengo seis patas!»? Entonces es cuando dos horas más tarde, en clase, sentados al lado de nuestro compañero, podríamos comentar «¡Qué mañana más kafkiana he tenido hoy!».

No, no me he despertado con antenas y seis patas (hoy no); lo que pretendía haceros ver es que, como algunos ya sabréis, la literatura va mucho más allá de sus páginas, y no solo los clásicos consiguen este alcance. No sé vosotros, pero yo hablo muchas veces con lo que llamo "expresiones literarias" (en realidad le acabo de poner nombre ahora mismo, para poder escribir todo este galimatías). Mis amigos más cercanos pueden verificarlo. Y no me entienden. Pero todo sea por resultar pedante y divertido. El caso es que ciertos personajes establecen un comportamiento que luego veo reflejado en ciertas personas en la vida diaria o, incluso, en otros personajes de distintas novelas o películas. En otras palabras, los personajes resultan tan humanos que saltan de las páginas y se dan un paseo por la calle... o por otras historias.


Marcarse un Bella Swan: dícese del acto de buscar información sobre un ser paranormal en Google. Vamos, estoy seguro que no soy el único que ha pensado que su compañero de clase era un alien y nada más llegar a casa ha encendido el portátil para buscar información sobre las líneas de Nazca y las marcas en los campos de maíz estadounidenses. No digo que sea una mala idea, pero fue divertido ver como en Teen Wolf Stiles sigue el mismo procedimiento y busca en Google "licantropía".

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Tener cara de Raskólnikov: dícese de aquel sujeto que tiene cara de psicópata, de loco, de asesino, que perturbado, que da miedo, vaya, que tan pronto está estudiando como le asesta un hachazo a alguien. Reconozco que este no lo he utilizado aún porque hace prácticamente una semana que terminé Crimen y castigo y mi vida social en los últimos días ha sido escasa o nula, pero seguro que no tardaré mucho en darle uso.

Ser un Porfiri Petróvich: sin entretenerme, diré que esta expresión es la equivalente a ser un pain in my ass.

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Hacer un Emma Woodhouse: este consiste en darse cuenta, de forma repentina y mediante la reflexión, de que estás enamorado. Así, de golpe, «¡Lo que me pasa es que amo a X!». Es esa verdad que has tenido siempre y que de golpe sale a la superficie y lo soluciona todo. O simplemente cuando tú o la persona en sí se aburre mucho en casa y empieza a darle vueltas a la cabeza. Lo mejor es cuando la propia Emma o Cher (su yo adolescente del retelling de los noventa), se da cuenta de la "terrible verdad". También podemos utilizarlo para referirnos a una celestina completamente desastrosa.

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Vivir en Gatlin: dícese del hecho de vivir en una ciudad o pueblo donde la cultura o cualquier tipo de ocio brilla por su ausencia, es decir, consiste en vivir en una localidad donde todos sus habitantes tienen una mente cerrada, unas miras fijas y un conocimiento del mundo reducido o inexistente y donde, para colmo, solo hay un cine y las librerías solo cuentan con los últimos best-sellers publicados.

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Ser un Henry o una Mary Crawford: versión masculina y femenina respectivamente. Consiste, básicamente, en ser un mujeriego o una ligera de cascos. Siendo sinceros, reconozco que estos son los que más utilizo en mi día a día y en mis cotilleos habituales.

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Hacer un Cincuenta Sombras: doy por sentado que este no necesita más explicaciones.

Hacer un Emma Bovary: viene a ser lo mismo que un Cincuenta Sombras pero en un carruaje y dando constantes vueltas por la ciudad. Emma sabe lo que se hace.

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Marcarse un Peeta: este también es de mis preferidos. Dícese de aquel que suspira por la chica de sus sueños y espera a que un "milagro" ocurra mientras hornea pan y glasea los pasteles de la panadería de sus padres. Y finalmente ocurre el "milagro" esperado (olvidemos que en este caso se trata de una matanza). Es el Stalk and wait for the best. También podemos utilizarlo para referirnos a conseguir salir de la Friendzone.

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Ser un Mr. Darcy: este tiene diversas connotaciones, las cuales pondré a continuación.

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  1. Ser el hombre ideal de cualquier mujer que haya leído a Austen.
  2. Ser el tío borde y con pasta que se lleva a la chica comprándola con dinero.
  3. Tener un palo metido por el culo y ser un borde (este, este es el significado que le doy yo).
Tener más paciencia que Anne Elliot: expresión conocida comúnmente como «Tener más paciencia que un santo». También podríamos decir «Tener más paciencia que Penélope».

Hacer un Anna Karenina: este no lo explico porque es spoiler, pero para los que sepan el final pues básicamente es hacerle eso a alguien cuando estás muy, muy enfadado (metafóricamente, por supuesto).

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Marcarse un Jacobo el Lobo / Johanna Mason: versión masculina y femenina respectivamente. Significa quitarse la camiseta o desnudarse sin ningún sentido, gratuitamente, porque sí. Este resulta especialmente útil en muchas películas y series. ¡Estos libertinos de Hollywood!

Ser una Lydia Bennet: dícese de la chica que pierde hasta el sentido de la orientación por el oficial de turno, es decir, en términos acordes a nuestros tiempos, el chico guapo de turno. También nos podemos referir con ello a una chica que siente especial pasión por las cintas de pelo.

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Y con esto acabo, al menos de momento. ¡Quién sabe, tal vez dentro de un año haga otra entrada descubriendo nuevos comportamientos! Seguramente ahora estaréis pensando que estoy más pa'llá que pa'cá, pero, oye, eso ya deberíais saberlo.

Ah, por cierto, tengo el copyright, son mías, las usáis y os denuncio.

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lunes, 28 de enero de 2013

Hoy es el bicentenario de la no-historia de amor más famosa de la literatura universal

200px-Jane_Austen_coloured_versionCómo no. En fin, si yo no publicase una entrada hoy acerca del bicentenario de la publicación de Orgullo y prejuicio... ¿qué clase de estudioso-aficionado de Jane Austen sería? Exacto. Bastante desprestigio sufrí cuando se me pasó por un día la celebración de su 237º cumpleaños.
La cuestión es que llevo más de una semana leyendo tweets y actualizaciones de FB de diversas editoriales que no cesaban de recordar que hoy se cumplían doscientos años de la publicación de Orgullo y prejuicio, la novela más prestigiosa de Jane Austen titulada en un inicio como First Impressions o False Impressions, haciendo mención a ella como la "historia de amor más conocida de toda la literatura". Leerlo una vez, vale. Leerlo cientos de veces, no.

Si algo me duele profundamente —sí, hay muchas cosas que me dan directo en la patata, así soy yo, y cada vez más, es que se tache a Jane Austen como una autora romántica (romántica en el sentido de amor y mariposas en el estómago, no en el sentido del suicidio y del sturm und drang) y que no se vea más allá de la relación amorosa entre los protagonistas... Es decir, es obvio que las novelas de Austen 1359303644_291243_1359305919_album_normalcuentan con una trama romántica que las adaptaciones, tanto de la pequeña como de la gran pantalla, acentúan y que es la que en los libros se aprecia más fácilmente al fin y al cabo, Persuasión es, esencialmente, una historia de amor, de perdón, de arrepentimiento y de incertidumbre; y el componente amoroso en Sentido y sensibilidad, también tiene más importancia que el resto, pero en mi humilde opinión no creo que Orgullo y prejuicio sea una historia de amor.

Orgullo y prejuicio trata de, esencialmente, el matrimonio. Ya, por ejemplo, desde la primera oración podemos notar el tono irónico y satírico que nos acompañará durante toda la obra:

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.

En la sociedad georgiana, es decir, la sociedad de la época que retrata Jane Austen, el único modo en que una mujer de buena, o mínima, clase y posición podía sobrevivir sin deshonrarse (sin trabajar, diciéndolo claramente) era el matrimonio, un matrimonio, a ser posible, con un hombre que poseyera la fortuna necesaria para poder vivir una vida cómoda y holgada. El afán de encontrar un buen marido que asegurara una buena vida y posición era la obsesión de todas las chicas burguesas, y de sus familias, de la campiña inglesa (y de las ciudades).

Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.

1359303644_291243_1359306408_album_normalEn este marco, pero, Austen nos coloca a dos jóvenes de poca riqueza que no buscan el matrimonio: Elizabeth Bennet piensa por ella misma y no tiene miedo de dar su más sincera opinión y Jane Bennet, más dulce y recatada, considera, así como también lo hace su hermana Lizzy, que el matrimonio debe fundamentarse en el amor y no en el dinero. Claro que con una madre que solo piensa en casarlas y con dos hermanas pequeñas que solo piensan en los oficiales, poco importarán sus opiniones.

Si nos fijamos, son las figuras más románticas o más típicas de esa sociedad las que se encuentran más ridiculizadas y parodiadas en toda la novela: la señora Bennet es un chiste con patas y su esposo no deja de reírse de ella sutilmente; a Kitty y a Lydia Bennet dan ganas de darles dos bofetadas; Caroline Bingley, por muy guapa y muy rica que sea, no sabe hacer otra cosa que pasearse por una habitación; y el señor Collins, a pesar de tener el puesto de pastor en la más honorable finca de Inglaterra de la más honorable aún Lady Catherine de Bourgh, es un pretendiente que deja bastantes cosas que desear... 

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Austen se centra esencialmente en captar el comportamiento humano, imprevisible y contradictorio, y en reflejar la sociedad de su época sin hacer mención alguna a los sucesos históricos. Orgullo y prejuicio critica a través de la más fina ironía y sarcasmo esa obsesión por el matrimonio y los bienes materiales.

Como no quiero hacer esta entrada más extensa de lo necesario, ni tampoco minarla de spoilers aunque un spoiler, en una gran obra, basándome en mi propia experiencia, no tiene importancia alguna, os lo aseguro, callaré aquí. Orgullo y prejuicio no es, no del todo, una historia de amor... al fin y al cabo, Elizabeth no se queda prendada totalmente de Fitzwilliam Darcy hasta que la opulencia de su mansión la deslumbra y la ciega.

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miércoles, 20 de junio de 2012

Reseña: Fama y prejuicio

Título: Fama y prejuicio
Título original: Epic Fail
Autora: Claire LaZebnik
Año de publicación: 2012
Editorial: Molino
ISBN:978-84-2720-210-8
Precio: 14 €
Páginas: 254
Edad: + 13
Saga: autoconclusivo
Película: no
Sitio web: no
Ilustraciones: no
Encuadernación: tapa blanda con solapas
Punto de vista narrativo: 1ªpersona en pasado

Sinopsis:

Elise acaba de mudarse a Massachussets, California, con su familia. Al igual que sus tres hermanas, se sienten un tanto pueblerinas al lado de sus compañeros con coches deportivos y ropa de marca. Pronto, su hermana mayor, se enamorará del atractivo Chase, y arrastrará a la pobre Elise con ellos a todas partes. Es entonces cuando conoce a Derek, el frío, distante y ególatra rey del instituto. Pero, ¿Es realmente Derek como ella cree o solo es una pose? Una revisión del clásico de Jane Austen Orgullo y prejuicio elaborado con destreza y originalidad y ambientado en nuestro tiempo, donde la fama y el dinero parecen ser lo único que importa.

Nota: 3,7/5

Reseña: Es una verdad mundialmente reconocida que el hijo de una celebridad siente un día u otro la necesidad de salir con la hija de la directora de su instituto.
Cuando a la doctora Gardiner le ofrecen el puesto de directora en el prestigioso instituto Coral Tree Prep de Los Ángeles y a su marido, el señor Benton, la posibilidad de ejercer como profesor de matemáticas ahí mismo, no se lo piensan dos veces para trasladarse a la ciudad de las estrellas de cine junto a sus cuatro hijas, las hermanas Benton.
Juliana es la mayor de las cuatro, y también la más guapa y dulce, nunca se atrevería a pensar nada malo de nadie ni tampoco a decirlo. Elise es la segunda en edad, tiene un carácter firme y no se deja arrastrar por nadie. Layla es la tercera, acaba de entrar en la adolescencia, solo piensa en chicos, en hacer amigas y en cepillarse el pelo. Y por último está Kaitlyn, la hermana pequeña, aún una niña que sin saber como no deja de irritar a su hermana Layla.

Las hermanas mayores se sienten inquietas por su nueva vida en el exclusivo Coral Tree. No obstante, Juliana no tarda en hacer buenas migas con Chase Baldwin, el chico más guapo del instituto, y con su hermana Chelsea; en cambio, Elise no deja de tener encontronazos con esta y la mejor amiga de la susodicha, Gifford. Además, cuando Chase y Juliana empiezan a salir juntos, Elise se verá obligada a pasar más tiempo con el amigo de Chase, Derek Edwards, el hijo de una famosísima actriz de cine. Lástima que tenga un humor de perros...
Sin embargo, no todo podía ser malo para Elise... vale que tenga que tener siempre un ojo encima de su alocada hermana Layla y soportar a una panda de estirados famosos, pero hasta en el Coral Tree puede haber algo bueno... como Webster Grant, un chico adorable y encantador que va a su clase de astronomía. Pero si es tan majo... ¿porqué Derek no lo soporta? ¿Qué es lo que ocultan las sonrisas del Coral Tree? Y lo más importante... ¿qué tiene Derek metido en el culo para ser tan borde?

-¿Qué? -pregunté; Chelsea movió un dedo para que me acercara más, así que me incliné hacia ella, cada vez menos paciente y repetí-: ¿Qué?
-Aunque tu madre me ha fastidiado el día a fondo, voy a ser buena y darte un buen consejo, porque no hay que castigar a la gente por lo que hagan sus padres -empezó diciendo, tras recoger las manos con aire remilgado sobre el regazo; después señaló a Webster con la barbilla y bajó la voz-: No seas demasiado amable con él.
-¿Perdona? -pregunté, parpadeando.
-Es un perdedor. No le gusta a nadie. Y si te haces amiga suya, comprarás un billete directo a la Ciudad de los Perdedores.
-¿Y queda cerca del Pueblo de los Lerdos? -pregunté, dando una palmada y poniendo cara de falsa emoción-. Esperaba poder visitarla antes de morir.
-Solo intentaba ayudar -repuso ella, resoplando.
-Y yo solo intento agradecértelo -respondí, y le di la espalda.
Webster se había reclinado cómodamente en su silla; tenía las piernas cruzadas delante de él y los brazos sobre el pupitre, la viva imagen de la pereza. Me guiñó un ojo.
-¿La princesa Chelsea sufre una pataleta real? -preguntó con más sorna que enfado.
Sonreí, pero antes de que pudiera responder, el profesor entró en el aula y nos pidió a todos que "abriéramos las orejas".

Lo primero que me llamó la atención de la novela de LaZebnik fue la portada y el título original, Epic fail. Pero ahí se quedó, en una mera impresión, ni siquiera miré el argumento... Más tarde, en la presentación de Molino, nos topamos con que dicha editorial la publicaría. Andvari, Selene y yo nos llevamos las manos a la cabeza. ¡Fama y prejuicio! ¡Aquel libro que me había llamado la atención amenazaba con ser otra blasfemia del mercado juvenil a nuestra amada Austen! Pero el personal de Molino no tardó en eliminar cualquier temor que tuviéramos... Y yo decidí hacerles caso. Y menos mal, porque en el libro de Claire LaZebnik me encontré con una versión moderna de Orgullo y prejuicio digna de ser leída por los admiradores de la escritora inglesa.
Los cambios respecto la obra original son los justos y necesarios para adaptar los sucesos a nuestros tiempos y al entorno de lujo de los adolescentes californianos; es decir, los personajes pueden cambiar de nombre, pero mantienen sus roles y su comportamiento, hasta el punto de que el libro es lo suficientemente distinto al original pero sin resultar un sacrilegio ni tampoco un plagio con cuatro tonterías cambiadas y fuera de lugar.

La narración de Claire LaZebnik resulta ágil y rápida, sin pretensiones, de manera que nos sentimos totalmente enganchados desde el principio, ya que tal prosa va acompañada de un ritmo trepidante que nos hace pasar página tras página sin descanso. Además, como si lo dicho fuera poco, la novela cuenta con capítulos cortos. ¡Capítulos cortos, de diez páginas como mucho! Si hay algo que amo en los libros, más que la magia que desprenden, es que los capítulos no se extiendan innecesariamente, ya que cuanto más cortos son, más ágil se hace la lectura.
Por lo que respecta a las descripciones, estas no abundan demasiado, pues se trata de una novela en que predominan más la narración y, sobre todo, el diálogo -lleno de chispa e ingenio-, y las que nos encontramos no se extienden ni se hacen pesadas, pero tampoco resultan vagas ni superficiales.

Sobre los personajes, poco puedo decir, ya que todos ellos cuentan con la misma personalidad que sus semejantes en la novela original de Jane Austen, tal como he dicho anteriormente. Como mis inteligentes e intuitivos lectores habréis podido adivinar, Elise es el equivalente de Elizabeth Bennet; Juliana, el de Jane Bennet; Chase, el de Charles Bingley; Derek, el de Fitzwilliam Darcy; y Webster Grant, el de George Wickham. Entonces, ¿no sería todo un poco previsible si ya se ha leído Orgullo y prejuicio o se ha visto alguna de sus innumerables versiones como la inmejorable versión cinematográfica de 2005? Sí y no. Obviamente, los hechos vienen a ser los mismos, pero lo divertido y emocionante es saber cómo LaZebnik recrea las escenas clave o añade algunos elementos de su propia cosecha que enriquecen la historia.

Entonces, ¿por qué le doy un 3,7/5? Pues porque, básicamente, aunque me ha gustado, se trata meramente de una novela con la que pasaremos unas tardes de lo más entretenidas y divertidas, llenas de carcajadas y sonrisas. Además, creo que me ha gustado tanto por el simple hecho de haber leído previamente Orgullo y prejuicio, ya que durante toda la lectura no paraba de tener dibujada una sonrisa tonta en la cara provocada por todas las referencias al libro de Austen y al reconocer los paralelismos entre ambas novelas.

Así pues, ¿lo recomendaría? , pero solamente si has leído el libro original o si, al menos, has visto la película. Sino, tal vez os parezca un libro algo simplón con una bonita historia de amor y poco más (aunque si buscáis algo así, adelante). Tal como ya ha quedado patente a lo largo de la reseña, los fans de Jane Austen encontrarán en Fama y prejuicio una digna, ligera y divertida versión moderna de la obra más conocida de la escritora inglesa.

La autora: Claire LaZebnik

Nació en Massachussets y después de estudiar en Harvard se mudó a la costa oeste, donde empezó a escribir. Ha publicado cuatro novelas con un toque romántico y varios ensayos a cuatro manos. Actualmente vive en Los Ángeles con sus cuatro hijos, su marido -guionista de Los simpson-, y una pandilla de mascotas.

http://clairelazebnik.com/


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sábado, 28 de abril de 2012

La guía de Sir Matthew P. "Bennet" van der Rhodes para sobrevivir a la Inglaterra georgiana

Sir Matthew P. "Bennet" van der Rhodes, señor de Lector Empedernido, en el condado de la Blogofera Literaria, era un hombre que jamás leía para entretenerse otro libro que cualquiera de Jane Austen; en ellos hallaba ocupación para sus horas de ocio y consuelo en las de abatimiento; allí se llenaba su alma de admiración y respeto al considerar el limitado resto de la obra acabada de la escritora inglesa; cualquier desazón originada en asuntos domésticos se convertía fácilmente en piadoso desdén cuando su vista recorría la serie casi interminable de familias que sucedían sus novelas preferidas y, por fin, ya que otras páginas no le resultaban lo bastante atractivas, allí podía leer de nuevos esas historias con renovado interés.

De este modo, era una verdad mundialmente reconocida que todo hombre o mujer, poseedor de una gran curiosidad por Jane Austen, se dirigía a Sir Matthew. Esta verdad estaba tan arraigada en la mente del joven bloguero que consideraba su obligación dar forma a todos los consejos que había dado conforme se adentraba en cada una de las novelas de Miss Austen. Así que a ello se dispuso. Aunque también era cierto que nadie que hubiera conocido a Matthew van der Rhodes en su infancia habría imaginado que el destino le reservaba un papel de estudioso de Austen. Ni su posición social ni el carácter de sus padres, ni siquiera la falta de estudios de literatura comparada del niño -pues aún le faltaba, y le falta, una gran cantidad de conocimiento sobre tal disciplina humanista- favorecían a tal suposición.

Una vez dicho todo esto, y dejando de hablar de mí mismo en tercera persona, cosa que, reconozco, da mucha grima, si de verdad eres fanático de Jane Austen, o la mitad que yo, ya habrás pillado todas las referencias del párrafo anterior y, por lo tanto, no necesitas nada de lo que diré a continuación, por lo que me atrevo a deducir que tu lectura de este post se basará en un simple afán de curiosidad y de crítica de mi criterio.
Esta entrada, queridos lectores y lectoras, solo tiene la intención de aconsejar a aquellos que se quieren adentrar en el universo de Pemberley, de Mansfield, de Kellynch Hall y de Austen en general y que o bien no saben por donde empezar o bien, por donde continuar.

Así que todo esto sería lo que le diría a una persona que nunca ha abierto un libro de Jane Austen pero que tiene la intención de hacerlo.

1. La abadía de Northanger

Mucha gente empieza a adentrarse en la pluma de Austen leyendo su obra más famosa y considerada por muchos como la mejor: Orgullo y prejuicio. Yo, personalmente, creo que no hay peor error. Considero que Orgullo y prejuicio es una obra difícil al principio, a la que cuesta habituarse si no conoces a la autora, ya que es justamente lo que me pasó a mí; sus primeras páginas me resultaron tediosas y muchas referencias y chistes no los entendí, aunque ahora, al recordarlos, me empiezo a reír solo. Además, es largo, y el estilo de Jane Austen es mayormente narrativo y descriptivo, escasea el diálogo, y para quien no esté acostumbrado pues puede resultarle aburrido. Y no conviene que el lector se aburra al empezar a leer la obra de un autor clásico... De modo que mi primera recomendación para leer a Jane Austen es La abadía de Northanger. ¿Y por qué? Porque se trata de una obra corta, de menos de 300 páginas y muy, muy divertida. La intención de nuestra autora al escribir la obra era parodiar todas las novelas de estilo gótico que se publicaron en su tiempo y que estaban tanto de moda, por lo que está llena de referencias a tales novelas y de situaciones cómicas relacionadas con enredos provocados por la gran capacidad imaginativa de su protagonista, Catherine Morland. Además, es un libro bastante distinto al estilo habitual de Austen, aunque se entreven esas veladas de baile y los malentendidos entre los personajes por conductas que pueden resultar contradictorias tan característicos de nuestra escritora.

2. Sentido y sensibilidad

La historia de las hermanas Dashwood es una historia sobre las adversidades que podrían sufrir dos jóvenes solteras de la Inglaterra georgiana y de dos maneras de afrontarlas: por un lado tenemos a Elinor, juiciosa, cauta y fuerte; y por el otro tenemos a Marianne, pasional, arriesgada y débil. Y ambas viven la una para la otra. Pero cuando su padre muere, las hermanas Dashwood y su madre se ven desprovistas de hogar, ya que la heredad de Nordland Park pasa a ser del hermanastro de las Dashwood y de su desagradable esposa... Es por toda esta trama inicial que Sentido y sensibilidad se convierte en la segunda novela de Austen que deberíais leer; en esta el estilo de la autora se acerca más al suyo característico: es más larga que La abadía de Northanger, tiene mucha narración y descripción, las costumbres sociales y el pensamiento de la época que ironiza se hacen más patentes y los enredos y giros argumentales cobran más fuerza. Además, para mí es una de sus obras preferidas, ya que la fuerza de Elinor me conmovió profundamente y el desenlace me emocionó.

3. Orgullo y prejuicio

Es en este punto cuando creo que uno ya está preparado para conocer a la familia Bennet: ya se ha probado su fina ironía y su estilo narrativo y descriptivo lo suficiente para poder adorar esta obra en todas sus dimensiones. En ella nos encontramos con, tal como he dicho, la familia Bennet, una familia ruidosa, de cinco hijas, sin ningún varón y poco decorosa, donde parece que las únicas cabezas pensantes son el padre, el señor Bennet, y sus hijas mayores, Jane y Elizabeth, mientras que el resto de cabezas piensan, si es que lo hacen, únicamente en el matrimonio.

Orgullo y prejuicio es considerada la mejor obra de Jane Austen por su crítica social de la burguesía y el clero de la Inglaterra de principios de siglo XIX y por su estudio de las relaciones humanas: las apariencias engañan y eso Austen nos lo deja bien claro, ya que no siempre lo que hacemos puede coincidir con nuestras verdaderas intenciones y las primeras impresiones no deberían ser las que importaran.

4. Emma

Si me dieran la posibilidad de viajar en el tiempo, es decir, si el Doctor se me apareciera con su TARDIS, viajaría a Chawton a finales de marzo de 1815, localizaría a Jane, la cogería de los hombros con toda la falta de decoro posible y la agitaría gritándole "¿POR QUÉ, JANE, POR QUÉ?". Solo Dios sabe lo mucho que respeto a esta mujer, pero Emma es una espinita que siento clavada en mi corazón cada vez que recuerdo su obra. Y no precisamente por su protagonista. Justo cuando nuestra Jane se encontraba en plena escritura, le comunicaba a su hermana Cassandra mediante correspondencia que temía que la protagonista de su nueva obra, Emma Woodhouse, no cayera demasiado bien al público por ser rica, altiva y algo engreída. Pero Jane no podría haber estado más equivocada: Emma Woodhouse es un personaje que me gustó muchísimo, ya que me resultó muy divertida y contradictoria, un ser humano al fin y al cabo. Lo que falla en esta obra es su extensión. Demasiado larga, demasiado narrativa y demasiado descriptiva, pasan pocas cosas y se explican en muchas páginas, y aunque hay bastantes situaciones cómicas la novela me resultó mayormente tediosa y se me hizo más larga de lo que ya es -pero tampoco es que me desagradara absolutamente, aunque sí es la que menos me gustó de todas.
Entonces, ¿porqué hay que leerla en cuarto puesto? Pues porque si la leéis al principio, le podríais coger manía a Austen, y si la leéis la última, os quedaríais con un mal recuerdo. También podríais leerla en 3r puesto si La abadía de Northanger y Sentido y sensibilidad ya os han convencido totalmente de la maestría de Jane.

5. Persuasión

Esta es, como La abadía de Northanger, una obra muy diferente a todas las de Jane Austen. Escrita durante los últimos años de su vida, esta novela tiene una importante carga dramática. Más que un drama es un dramón: trata sobre el arrepentimiento y la incertidumbre, y es por ello la obra más pasional y más llena de sentimiento de Austen. Así, con su trama, se convirtió en mi obra favorita de la escritora inglesa por encima de las demás (ya sabéis lo mucho que a mí me gusta un buen drama). Además, es corta, menos de 300 páginas que se pasarán en un suspiro.
¿Y si para mí es tan buena por qué creo que deberíais leerla tan tarde? Porque si os llega a gustar tanto como me gustó a mí, tal vez las demás novelas os podrían saber a poco, o podríais esperar de ellas tantas emociones contenidas como en esta -pues, al contrario de lo que popularmente se cree, Jane Austen no escribió novelas de amor eterno, apasionado y torturado; para eso ya tenéis a las Brontë.

6. Mansfield Park

Última obra que leí de Austen y última que creo que deberíais leer. Mansfield Park se trata de una novela larga y algo densa, pero al contrario que en Emma, pasan muchas cosas y se explican en las páginas justas y necesarias. En Mansfield no pararán de pasar cosas y Fanny no parará de observarlas, y pensaréis "¿Ya ha acabado este hilo argumental? ¡Pero si queda mucho libro! ¿Qué PUEDE pasar ahora?". Pues pasará algo, no sufráis.
Mansfield Park es considerado por muchos como el trabajo más maduro de Jane Austen, y yo también lo considero como tal. En él me he encontrado el análisis del comportamiento humano y de las relaciones humanas característicos de Austen de un modo mucho más notorio y de mayor importancia para la trama, ya que el carácter observador, pasivo y crítico de Fanny tiene el objetivo de que conozcamos la personalidad de los habitantes de Mansfield (y esto es lo que a muchos, equívocamente, les ha llevado a tacharla de pánfila, insulsa y estúpida).
Es por todo esto que creo que es mejor leerla en último o penúltimo lugar, ya que una vez acostumbrados al estilo de Austen, podremos apreciar todos sus contenidos y su extensión no nos pesará, sino al contrario, echaremos en falta más páginas.

Y aquí hállome yo,
desconsolado al haber terminado de leer todas sus novelas acabadas, pero quedándome el consuelo de que me quedan sus obras inacabadas y su obra de juventud aún por leer... y muchas relecturas que realizar.
Recordad, por cierto, que no soy (aún) ningún literato y que esta es solo la opinión de un humilde lector que tuvo la oportunidad de tastar a esta gran escritora y de conocer su vida.

¡Espero que os haya gustado y servido de ayuda!

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viernes, 23 de diciembre de 2011

Del plagio por encima de la calidad

Hacía ya un tiempo que esta entrada daba vueltas por mi cabeza, buscando el tiempo inexistente para poder escribirla y colgarla, y todo por dos razones: una, para aparentar, como siempre, que no tengo el blog más abandonado que un yogur Hacendado en un colegio privado, y dos, por una conversación que tuve, hará un mes, un lunes cruel y largo como un día sin pan, con una compañera de mi instituto. La cosa fue así:


-¡Maaatt! ¡Este finde he visto la peli de Orgullo y prejuicio!
-¿Ah, sí? ¡Qué guay! ¿Y qué? ¿Te gustó?
-¡Sí, sí! Es súper bonita, me encantó. ¡Qué fuerte lo de Wickham!, ¿eh? ¡Y no veas como se las gasta Elizabeth!
-¡Síii!
Risas.
-Pero... es una historia muy típica, ¿no?


-¿Porqué lo dices?
-Ya sabes... chica conoce a chico, no se gustan, se odian, luego se conocen, niegan sus sentimientos, acaban enamorados perdidamente...
-Bueno... -dije, intentando hacerme el tolerante y rezando a Dios para que me diera paciencia no fuerza para tirarle la obra entera de Austen a la cabeza- ¿Eres consciente de que Orgullo y prejuicio tiene como 200 años, verdad? Todas las historias posteriores, las comedias románticas actuales, están basadas en el planteamiento de la novela de Jane Austen.
-Ya, ya; pero eso no es excusa. Desde la Grecia clásica hay historias así...
-Bueno, tal vez...


Vale, llamadme inculto si es así, pero yo, con el único conocimiento básico de literatura comparada al estudiar en primero de bachillerato Literatura Universal, no conozco ninguna obra con el mismo argumento que Orgullo y prejuicio anterior al siglo XVII y/o perteneciente a la Grecia arcaica/clásica/helenística. Bueno, ¿contamos el impulso sexual inesperado de Edipo hacia Yocasta sin saber que era su madre? Si es así, si existe alguna, iluminadme, lo digo seriamente.

Dejando de lado la existencia o no de una obra similar, ¿importaría algo? ¿Le quitaría el mérito a Jane Austen de haber escrito una obra que reflejara tan bien el comportamiento del juicio humano, las equivocaciones que este puede cometer, y las pasiones serenas si ya hubiera existido una obra con el mismo argumento? Bueno, coincidiremos todos en que primero tendríamos que leernos ambas, juzgar cuál es la de mayor calidad y decidir si OyP es un mal plagio o un buen replanteamiento de la misma historia. Y es aquí donde quería yo llegar.

Cualquiera con unas nociones básicas de literatura sabe que Madame Bovary (Gustave Flaubert), Ana Karenina (León Tolstói) y La Regenta (Leopoldo Alas, "Clarín") tratan exactamente sobre lo mismo: una mujer que, cansada de la soporífera vida matrimonial y enfrontada con la sociedad asfixiante que la rodea, busca el aliciente y las pasiones que solo el adulterio le puede proporcionar, además de contener una profunda crítica social sobre la hipocresía de la burguesía y el clero del siglo XIX -en La Regenta, algo menos que en las otras y más puritana, con la Iglesia y Cánovas hemos topado-; y sin embargo, las tres están igual de valoradas y se consideran obras maestras de su literatura (yo, esto, no me pienso parar a comprobarlo a mis 17 años, bastante tengo ya en mi cabeza para leer tres obras realistas que se acercan o superan las 1000 páginas).

¿A qué conclusión podemos llegar con esto? Que la originalidad, lo que valoramos tanto en la literatura actualmente, no es más importante que el estilo y la narración. Pongamos ejemplos más actuales y más típicos: la literatura juvenil VAMPÍRICA. ¿Cuántos libros hemos leído de chicas de poco más de 16 años, sociópatas, que se enamoran de un vampiro de poco más de 16 años -cumplidos hace cientos- igual o más sociópata que ellas? Pues miles, supongo, si no no frecuentaríais un blog de literatura juvenil como el mío. Pongamos como referente a todos estos libros la saga de Crónicas vampíricas (Vampire Diaries) de L. J. Smith -la tetralogía original de 1991-. Bien, siguiendo el razonamiento de la originalidad versus plagio, la historia de Edward y Bella en Crepúsculo es exactamente igual a la de los hermanos Salvatore. La historia de Claire, Michael y de los vampiros de Morganville es muy parecida a la de Crepúsculo. Bianca y Lucas llevan a cabo su affair amoroso en la academia Medianoche como Claire en Morganville. Y, por supuestísimo, Rose y Dimitri no hacen más que emular a Bianca y a Lucas pero en la Academia St Vladimir. Seamos realistas: todas estas novelas parten de una misma base, el ya mencionado romance entre una chica humana y un vampiro u otro ser sobrenatural. Ahora bien, ¿podemos comparar el argumento, y dicho sea de paso, la calidad, de estas novelas entre sí? Cualquiera que las haya leído sabrá que no. Que Rose dista mucho de lo que es Bella, y que Dimitri es totalmente diferente a Edward; que aunque Vampire Academy suceda en un internado elitista no se parece ni remotamente a Medianoche. Cuál es mi sorpresa cuando recomiendo esta saga a mis amigos y me dicen "¿Aún te gustan las novelas de vampiros? ¡Si es más de lo mismo!". Y puede que así sea, que lo mucho cansa y lo poco gusta. Y que son pocas las novelas que se publican actualmente que incluyen algo diferente a las ya leídas, a parte de la especie sobrenatural a la que pertenece el chico malo.

Otro ejemplo, con el cual seré breve: ¿alguien que se haya leído -y le hayan gustado- Los Juegos del Hambre gives a shit sobre su similitud con Battle Royale, respecto a lo de encerrar a unos cuantos adolescentes en un campo de batalla para que sobreviva solo uno? Me responderé yo mismo: no. Al menos, yo no. Porque dejando de lado la muerte, la sangre y los adolescentes asesinos, Battle Royale y Los Juegos del Hambre no se parecen una absoluta y mismísima *pitido*.

Para acabar, otro más para volver a la obra más conocida de J. A.: El diario de Bridget Jones. Es una verdad mundialmente reconocida que la obra de Helen Fielding, o al menos su adaptación cinematográfica, es una versión moderna de Orgullo y prejuicio. Sin ir más lejos, el protagonista masculino, a parte de ser asquerosamente rico y altivo, se llama Mark Darcy; Daniel Cleaver hace el papel de Wickham y Bridget es una Elizabeth Bennet verdaderamente solterona y algo vulgar (pero genial). Fans de ambos libros, ¿os importa? ¿Os parece más mala El diario de Bridget Jones por ser tan parecida a Orgullo y prejuicio? Porque a mi, que H. F. bebiera totalmente de J. A. me importa más bien poco y disfruto de ambas.

Entonces, ¿de verdad importa si ya existe alguna otra historia con un mismo planteamiento? Bueno, importará, tal vez, para el escritor original -aunque si seguimos con el ejemplo de L. J. Smith, no creo que se queje mucho, pues el tirón de Crepúsculo le ha servido para que sus libros se vendan de nuevo casi veinte años después y, encima, se publiquen por primera vez en otros países, como en el caso de España-. Es decir, si se mejora el argumento principal y no se hace una copia absurda, pobre y sin ningún tipo de originalidad añadida... ¿verdaderamente existe un problema? Pero no me malinterpretéis, tampoco estoy diciendo que es plan de copiar coma por coma y punto por punto la obra original añadiéndole una narración mejorada... Ahora bien, si la obra resulta rezumar una originalidad bajo cero y un estilo penoso que no nos hace olvidar que su tema ya ha sido explotado... bien, eso ya es motivo de queja.

Tal vez no deberíamos comportarnos como Darcy ni prejuzgar como Elizabeth Bennet.

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Las fotos originales de las cabeceras han sido buscadas en Wehearit.

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