jueves, 9 de agosto de 2012

Los rostros vetustos no inspiran a los jóvenes

El otro día, haciendo el perezoso por FB, como cualquier joven de dieciocho años que se precie, me encontré con la foto que podéis ver a la derecha: Michael Phelps celebrando su "oro". Aparte de lo cómica que puede resultar para aquéllos familiarizados con la famosísima franquicia de Nintendo (entre los que me incluyo), la imagen me hizo reflexionar poco a poco sobre un tema que siempre ronda mi cabeza: por qué los autores clásicos, los que llegan a envejecer, siempre se nos muestran en los libros de texto con sus rostros más agrietados y sus cabelleras en el súmmum de la blancura.

Sé lo que estáis pensando: qué capacidad, casi fantasiosa, tiene Matt para relacionar a Mr. Phelps exhibiendo un cartucho de Pokémon Edición Oro para Gameboy Color con la vejez de los escritores muertos. Sí, soy asombroso; pero todo tiene una explicación lógica y racional. O no.

El caso es que tenemos a los atletas Olímpicos, con su aspecto joven y en la flor de la vida, admirados por cientos de adolescentes que practican sus mismas disciplinas y que ansían ser tan sobresalientes como ellos. Entonces, eso me llevó a pensar en algo que nos dijo una vez en clase la profesora de CMC hace más de un año; estábamos dando el tema de la evolución, que recordaba perfectamente de 4º de la ESO, y una foto de Charles Darwin decoraba el margen de la página del libro. Entonces, la profesora dijo: "Aquí tenemos a Charles Darwin, con su barba y en los últimos años de su vida. La verdad es que no sé por qué ponen siempre una foto suya de viejo, en sus días también fue joven, y casi todos sus estudios y anotaciones, incluso su viaje en el Beagle que le llevó a escribir El origen de las especies, los realizó antes de los treinta años". Y parecerá un poco tonto, pero hasta entonces no me di cuenta de semejante verdad, fue casi como una revelación: no hay filósofo, científico ni escritor, a no ser que muriera joven, que aparezca en los libros de texto en sus años mozos. De este modo, la sabiduría, el conocimiento y el talento se enlazan con la madurez e incluso con la vejez. ¿Y qué clase de ejemplo es ese para los jóvenes? Entonces es normal que puedan llegar a ver la filosofía, la ciencia y la literatura como algo aburrido, algo característico y único de los adultos, algo completamente ajeno a la juventud, cuando en realidad esas ansias de conocimiento y de crear arte provienen de un fervor y una pasión juveniles.


Pero Charles Darwin no es el único ejemplo que se puede poner. Sin ir demasiado lejos en el tiempo, tenemos al escritor norteamericano Ernest Hemingway. ¿Tenéis idea de todo lo que llegó a hacer Mr. Hemingway cuando era joven, antes de los treinta años e incluso antes de los veinte? A los dieciocho años participó en la Primera Guerra Mundial y durante la convalecencia de enamoró de una enfermera norteamericana que prefirió quedarse con un oficial italiano. Después, se fue de corresponsal a Grecia, París y al Próximo Oriente. A partir de 1936, batalló junto al bando Republicano en la Guerra Civil Española. Años más tarde, incluso participó en el desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial y fue uno de los primeros soldados en entrar en el París liberado. Vale, aquí ya tenía cuarenta y cinco años, pero sigue siendo un gran mérito, ¿no? Y sin embargo, siempre -o al menos yo- lo vemos con su jersey de cuello alto y su espesa barba canosa en lugar de con su uniforme militar a los diecinueve años.


Pero no todo es tan "injusto" respecto a las experiencias personales. ¿Conocéis a Arthur Rimbaud? Fue un poeta francés perteneciente al posromanticismo y de la vida del cuál se podría hacer un culebrón digno de la sobremesa de cualquier cadena de televisión. Se fugó varias veces de casa entre los catorce y los dieciséis años, y a los diecisiete se escapó definitivamente y marchó de París. Mantuvo una tórrida y tormentosa relación amorosa con el poeta Paul Verlaine y escribió sus mejores poemas con una botella de vino a la derecha y con hachís a la izquierda. Después de que su desequilibrado amante le disparara en la muñeca, le dejó y marchó a su granja familiar. A los veintiún años dejó la literatura definitivamente y vagabundeó por todo el mundo hasta los treinta y siete años, cuando murió. A él, sin embargo, siempre le he visto en el mismo retrato a los diecisiete años... ¿la razón? Dos: que murió joven y que pocos retratos más se conservan, por no decir ninguno.

Pero dejémonos de experiencias personales, ya que la juventud no tiene solo que relacionarse con una vida aventurera como la de Hemingway o con relaciones destructivas como la de Rimbaud. La juventud también es de espíritu, y eso lo refleja muy bien Hermann Hesse en sus obras, especialmente o al menos en las tres que he leído y (dicho sea de paso) recomiendo: Demian, Siddhartha y Bajo las ruedas. Sobre todo en la primera, que trata esencialmente sobre el paso de la infancia a la madurez. Sin embargo, Hesse no iba a ser una excepción y, en contra del espíritu rebelde juvenil que retransmiten estas tres novelas, siempre lo vemos con su rostro envejecido. Y no por falta de fotografías.


Por último, otro caso ya más particular que me produce sentimientos encontrados y que pongo porque, simplemente, soy un gran admirador de ella: Mercè Rodoreda (me apuesto 200 libras esterlinas a que más de uno pensaba que me iba a referir a Jane Austen). La escritora catalana escribió muchos cuentos y unos cuantos libros, la mayoría de los cuales tienen como protagonista a una chica joven. Sin embargo, en dichos cuentos y novelas la temática predominante es la angustia del paso del tiempo. Lo que me replantea una conflictividad de sentimientos: ¿cómo se debería mostrar a esta escritora? ¿Como la chica joven y guapa que fue o como la señora encantadora que todos los estudiantes catalanes conocemos? Personalmente, creo que debería verse como la primera, siguiendo el argumento que me ha llevado a escribir este artículo.


En definitiva, como creo que ha quedado claro a lo largo de toda la entrada, pienso que todos estos personajes, tanto literarios, como pintores, como científicos o filósofos, deberían ser representados con fotos o retratos de su juventud, si es que los hay (o con ambos, de jóvenes y de adultos envejecidos -pues a todos nos espera el mismo destino-), para poder servir de modelo a los jóvenes. Puede que sus mejores obras pertenezcan a sus épocas de madurez, pues, como todos sabemos, uno no consigue la excelencia a una corta edad, pero sí es cuando empieza a recorrer el camino que le llevará a la maestría o bien el que le acercará a ella. Mostrados como ancianos, solo se consigue que veamos a estos personajes y los logros que consiguieron como algo lejano que nunca podríamos conseguir nosotros porque no nos vemos identificados con esos rostros envejecidos, maduros y llenos de sabiduría. Somos jóvenes inexpertos, ignorantes de la vida e ingenuos, con sueños y aspiraciones, tal como ellos fueron una vez. Y eso es lo que no se nos enseña.

15 comentarios:

Sedy 9 de agosto de 2012, 14:59  

La foto de Phelps es brutal xDD Yo también me identifico como una freak de la GameBoy Color y me ha hecho gracia el guiño del nadador.
Sobre lo de las fotos de la vejez, alguna vez también se me había pasado por la cabeza. Y es verdad: la impresión que nos da a los jóvenes que las fotos sean de personas mayores es que el tema es aburrido o anticuado (aunque no lo sea para nada).
Coincido contigo. No estaría de más que pusieran fotos de la juventud también, que es cuando investigaron, escribieron y vivieron todo lo que les hace importantes.

Aineric 9 de agosto de 2012, 16:10  

Me ha gustado la entrada. Tienes toda la razón, sí.

poy 9 de agosto de 2012, 16:52  

Me ha encantado la entrada, la verdad es que nunca había pensado en ello. Tienes toda la razón, mucho de los autores hicieron grandes cosas a una edad joven. Siempre supuse que sería algo del tipo "cogemos la foto más reciente" xD
Besos

Ju25ju 9 de agosto de 2012, 17:33  

Pues bien dicho. Opino exactamente lo mismo :D

Kelemvor 9 de agosto de 2012, 19:37  

Qué gran artículo por favor!! Totalmente de acuerdo!!

Te felicito!

Anna Gallagher 9 de agosto de 2012, 21:14  

Desciendo de mi mundo (ese en el que internet es un lujo que solo me puedo permitir durante 5 minutos al día) para decirte que he leído la entrada y que mereces un GRAN aplauso por esta gran reflexión. Nunca me había parado a pensar en ello, y lo cierto es que tienes toda la razón. Me quito el sombrero ante ti.

Este párrafo final es digno de ser enmarcado para poder releerlo en el futuro.

Andvari 9 de agosto de 2012, 22:10  

Después de este artículo puedo asegurar que le amo profundamente, Sir. Así, sin más. Qué genialidad de entrada.

Yer_Soul 9 de agosto de 2012, 22:39  

Aparte de decir que me asombra tu capacidad de hilar tomo, empezando por Pokémon, pasando por los Olímpicos y parando en Darwin y Hemingway, diré que tienes un punto en lo que dices. No dice mucho a un adolescente rebelde que le pongan a un viejales, no es muy identificativo, cuando los años de experiencias y tal son los años mozos. Touché Matt.

Eneri 9 de agosto de 2012, 23:16  

Mi profesora de literatura universal comentó lo mismo que dices en esta entrada. Siendo sincera, a mí ni me va ni me viene que la fotografía sea de antes o de después. Me es tan totalmente indiferente que casi ni me fijo en ese detalle (por no fijarme, no me fijo ni en las caras).

Aunque por supuesto no te quito razón. Supongo que a otros jóvenes, les resultaría más vistoso ver que grandes maestros de diferentes áreas fueron jóvenes como ellos (cosa totalmente natural).

Buena reflexión, sin duda :)

Nina 10 de agosto de 2012, 3:51  

Y decir que la más famosa foto de Albert Einstein es cuando está todo pelo parado sacando la lengua XD

muy buena reflexion

Enaid 10 de agosto de 2012, 14:32  

*Aplausos*

Nunca había pensado en ello, la verdad...

Pues sí, tienes toda la razón del mundo. Parece ser que las personas mayores no tuvieron juventud ni retratos de aquel entonces.

Pero yo no creo que se quede solamente en la fotografía, sino en el libro como objeto en si.

¿Por qué ediciones feas, con portadas cincuentañeras y fotografías de abueletes? No editoriales, ¡no! Reediten, pongan portadas bonitas y actuales, pongan a Mercè como la joven atractiva que era y guarden un bombón delicioso en un envoltorio atractivo.

Por muy clásicos que sean, la literatura no debe pasar de moda y rezagar esas estupendas historias a estantes polvorientos.

Hace falta acercar los clásicos a la juventud, darles a entender que la literatura no es algo de personas mayores, sino que esos rostros vetustos fueron una vez jóvenes adolescentes no tan distintos a los de hoy en día.

Sin más, decir que esta es una genial entrada, Matt.

Mike 10 de agosto de 2012, 17:05  

Probablemente, el mejor artículo que hayas escrito en el blog. Plas, plas, plas.

Selene 10 de agosto de 2012, 20:06  

¡Yo también lo he pensado muchas veces! Creo que quizás se pongan imágenes de cuando son mayores porque es... su último aspecto, aquel que la gente reconoce (al menos en el caso de personas que murieron hace relativamente poco). Por poner un ejemplo, a medida que Rodoreda iba creciendo, las fotografías en los libros iban evolucionando, hasta que murió y supongo que como la gente la reconocía como la afable abuelita pues hala, dejaron eso.

Para autores que siguen vivos está bien poner las fotografías actuales, sean mayores o viejos... Más que nada para reconocerlos si te los cruzas cuando vas a comprar el pan xD Pero en el caso de gente que ya ha muerto... Yo qué sé, que pongan la fotografía de la época en que el autor escribió el libro. A mí me gustaría, proque no es lo mismo un libro escrito con 30 años que uno con 60. Y vamos, es como los deportistas... Ponen las fotos de sus años mozos, que es cuando triunfaron. Pues debería ser lo mismo con los libros. ¿Escrito con 35 años? Pues meted la foto más cercana a esa edad.

Estoy de acuerdo en lo que dices que da una imagen lejana del triunfo. De hecho, mientras leía iba pensando en Hemingway, su barba y su jersey de cuello alto xD ¡Y claro que hizo grandes cosas este hombre en su juventud! Pero tampoco me pegaría verlo vestido de soldado en la contra de "El viejo y el mar", que fue de lo último que publicó xD Más que nada porque te liaría y te preguntarías si ese hombre escribió eso a esa edad y encima estando en el ejército. Por eso decía lo de adecuar las fotos a la edad que toque, ya sea hablando de literatura o de descubrimientos científicos.

Y me callo, me callo, que cuando empiezo no paro.

¡Mis congratulaciones por esta gran entrada, Sir!

Javier Ruescas 26 de agosto de 2012, 3:05  

Aquí va el comentario 14 xD! Una gran verdad lo que dices. Creo que los jóvenes nos sentiríamos más motivados si en lugar de ver a personas ancianas y con barbas nos recordaran que ellos también tuvieron nuestra edad e hicieron grandes cosas. Artículos como este son los que abren la mente :)!

Javier

Deigar 27 de agosto de 2012, 3:30  

Totalmente de acuerdo. Jamás me había puesto a pensar en eso pero es muy cierto todo lo que dices. Deberían mostrarse jóvenes, radiantes, con ilusiones, como nosotros. Porque al fin y al cabo, todos pasaron por esa etapa.

Excelente, Matt. Me he encantado tu artículo.

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Las fotos originales de las cabeceras han sido buscadas en Wehearit.

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