Durante cuatro meses he retrasado el placer obligatoria de leer la segunda parte de esta trilogía por dos razones: por las novedades que se han cruzado en mi camino y por su grosor que me decía "vacaciones de verano... verano... verano..."
Pero hace menos de dos semanas dije: "Ahora o nunca".
Y aquí estamos...
CUIDADO, LA RESEÑA CONTIENE SPOILERS DE LA COSECHA DE SAMHEIN
(clic en la imagen para acceder a la reseña)

Nota: 4,7/5
Reseña: Han pasado
cinco semanas desde que Rocavarancolia le mostró a la cosecha su poder y lo cruel que podía llegar a ser. La muerte de Alexander, el simpático y animado pelirrojo, les sorprendió a todos y les marcó sorprendéntemente. Para colmo, Adrian fue apuñalado por el misterioso y solitario chico de los tejados, corriendo riesgo de muerte.
Pensaron que todo había acabado. Sus esperanzas de salir vivos de ahí quedaron en nada. El torreón Margalar quedó en silencio.
Pero la muerte de Alex no fue en vano.
Gracias a su muerte, el hechizo quedó desactivado y pudieron entrar en el torreón, encontrando libros de magia. Encontrando la cura para Adrian. Su salvación. Su único recurso para mantenerse vivos en infierno que es Rocavarancolia: la magia.
A partir de entonces explorarán la ciudad e intentarán descubrir todos sus secretos: ¿cómo se fundó Rocavarancolia?¿Porqué les han traído ahí?¿Qué sucederá cuando salga la Luna Roja?
Mientras tanto, la muerte de Belisario sigue siendo una incógnita para los miembros del Consejo Real y el recelo se ha instaurado en ellos.
Las intrigas se siguen tejiendo...
La Luna Roja se acerca cada día que pasa.
Pero tal vez no sea la Luna lo que debería de preocupar a la cosecha ni la supervivencia de ésta al Consejo.
...Algo mayor... una fuerza más oscura y temible que la Luna Roja resurge en Rocavarancolia...
Marina le tomó de la mano, se la estrechó con fuerza y le sonrió. Hector le devolvió la sonrisa. Luego miró a su alrededor; la desazón que sentía era tan terrible que necesitaba comprobar con urgencia que todos estaban bien. Vio a Natalia sentada en un banco junto al estanque, comiendo con desgana un pedazo de pan y fingiendo que no los miraba. Ricardo se había unido a Bruno en el estudio de las inscripciones de las lápidas y ambos conversaban en voz baja. Rachel y Lizbeth charlaban junto a un seto, con las manos entrelazadas y el pelo lleno de flores. Más allá estaba Marco, mirando con expresión ausente el gigantesco panteón negro.
Y bajo los pies de todos ellos, los muertos no dejaban de hablar:
-No lo vi venir. ¿Te lo puedes creer? ¡Veneno en la comida! ¡Esperaba algo más de imaginación por parte de alguien que vivía bajo mi mismo techo! ¡Lo peor no fue que me asesinara, lo peor fue que me defraudara de tal modo!
-Creía que iba a vivir para siempre. Qué iluso, qué estúpido fui. Creí que tenía todo el tiempo del mundo...
-Niños de sangre caliente y aliento fresco... Niños perdidos, niños robados... Esquivad la oscuridad, ¿me oís?, cuidaos de las sombras, jamás podréis imaginar lo que os espera en ellas. ¿Me oís? Jamás.
He tardado en leer este libro más de lo que me hubiera gustado.

¿Mi excusa? Ya la he dicho: el grosor que me susurraba "verano" y que nunca veía el momento para empezarlo debido a las novedades que se cruzaban en mi camino.
¡Idiota de mí!
Admito que
las primeras páginas no fueron santo de mi devoción, y admito que apunto estuve de volver a retrasar su lectura.
Suerte de mi escasa constancia, que de algo sirvió, y de mi obstinado orgullo.
Seguí... y seguí... Y
pronto pasé a ser uno más. Pronto dejé el rol de lector y acompañé a la cosecha en sus expediciones. Pronto formé a pasar parte del Consejo Real. Pronto Rocavarancolia me tuvo hechizado de nuevo y fui juguete de sus crueles juegos.
Oh, y
no me arrepiento.
Cotrina lo ha vuelto a hacer: ha conseguido que bajara la guardia mientras paseaba entre los edificios de piedra gris semiderruidos y pensar que todo iría bien. Pero no le he permitido convencerme y dejarme confiar en Rocavarancolia. Ya pasó una vez. Ya confié y aprendí a no confiar más.
Y os aconsejo que vosotros también.
En esta segunda parte se nos revelarán más misterios acerca de la ciudad, descubriremos nuevos edificios y lugares (algunos atroces y otros, aunque parezca imposible, hermosos y bellos) gracias a las expediciones de los niños y también conoceremos parte de la historia de Rocavarancolia.

La
prosa de José Antonio es
increíble: consigue atraparte e inducirte imágenes nítidas en la cabeza, consigue maravillarte con los encantos y atrocidades de Rocavarancolia y te hace pensar que estás en la mismísima ciudad, en peligro y con miles de criaturas acechándote (aunque creo que esto ya ha quedado claro, pero no está mal remarcarlo, ¿no?).
Las
descripciones son
uno de los puntos fuertes de la novela: aunque algunas de ellas pueden llegar a ser, a mi parecer, algo largas, están escritas de una forma totalmente perfecta, incluso, digamos, mágica, ya que las palabras se irán convirtiendo en aquello intentan describir. Cotrina no se enrolla demasiado (al menos no todo el tiempo) y cuando lo hace es porque es del todo necesario: todas las palabras se quedan cortas para reflejar Rocavarancolia, y estoy seguro que cada uno se la imagina con un matiz distinto.
Respecto a los
diálogos, éstos son
otra de las cualidades de la novela, ya que están muy bien hilados y algunos de ellos tienen matices poéticos, es decir, frases con un sentido "profundo" que te dan para pensar o simplemente te llegan hondo
(ejemejmescenadelbaileejemejem)Y los
personajes... ¡
Geniales! No hay ninguno que no me caiga en

gracia (bueno, miento, a alguno de los miembro del Consejo Real no me importaría lanzarlo al foso de lava de Rocavaragálago).
Cada uno de los chicos de la cosecha tiene una personalidad muy bien definida, y eso tiene su mérito, debido a que si de por sí ya cuesta que un solo personaje tenga personalidad, 12 muchachos, perdón, 11, debe de conllevar su trabajo.
También hace falta citar la
evolución de los personajes respecto a la anterior entrega de la trilogía: a lo largo de esta novela veremos como la ciudad les endurece, pero mejor me callo y dejo que esto lo comprobéis vosotros mismos, no os quiero destripar mucho el libro, pues no tiene desperdicio.
Y sobre el
final...
no os espereis un final abierto mínimamente, es decir, que te deje con las ganas justas para el siguiente...
Todo lo contrario. Tras acabar el libro tuve la misma sensación que al acabar
La cosecha de Samhein: "
¿... Ya está? No, no está, no puede acabar aquí
. Voy a buscar el tíquet, creo que le faltan páginas, seguramente me lo han vendido defectuoso...".
Así que ahora no me queda más que esperar a la tercera parte, y por favor, que no tarde demasiado (aunque luego seré tan idiota como esta vez y tardaré en leerlo).
En resumen: una
novela tan buena como la anterior, pero menos traumática y lacrimógena, pues ya sabemos como es la ciudad y lo que es capaz de hacer.
La
narración de Cotrina sigue siendo igual de perfecta: es
ágil y cuenta con
todo lujo de detalles.
Si aún lo tienes pendiente, no lo retrases más.
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