ultimaresena
Mostrando entradas con la etiqueta Mercè Rodoreda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mercè Rodoreda. Mostrar todas las entradas

viernes, 31 de enero de 2014

Y los sueños, sueños son

Decía Calderón. Bueno, decía Segismundo en la obra de Calderón.

sueñoOs confesaré algo: tengo una pequeña obsesión con los sueños. Ya sean los míos, los de otra persona o los que leo en libros. Los últimos son los que más me gustan; los primeros, los que menos, porque a veces me dejan todo el día descolocado. Así que si, a lo mejor, me veis distraído, más de lo habitual, tal vez es porque haya soñado algo. Pero no estamos hablando de mí, aquí hablamos de literatura, que para algo el blog se llama desde hace ya casi un lustro (Ô, le temps!) Lector Empedernido y no Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy Matías Ruedas.
Hay algo en los sueños de las novelas que me fascinan inmediatamente, algo raro, y por eso me atrapan, porque son raros, y si están escritos de forma rara, pues mejor. A veces el onirismo tiene una función decorativa, pero en otras ocasiones intenta decir algo sin decirlo, ¡ah, y qué típico de los humanos es esto!
¿Y a qué viene esta divagación repentina? La cosa empezó cuando me encontraba leyendo Aristotle and Dante Discover the Secrets of the Universe (reseña "en proceso") y me encontré con gorriones cayendo del cielo, como si fueran lluvia.

Everything was spinning but when I closed my eyes, the room was motionless and dark.
And then the dreams came.
Birds were falling from the sky. Sparrows. Millions and millions of sparrows. They were falling like rain and they were hitting me as they fell and I had their blood all over me and I couldn't find a place to protect myself. Their beaks were breaking my skin like arrows.

Y no sé por qué, pero a pesar de la violencia, a pesar de que los picos rasgaran la piel de Ari, a pesar de la sangre, me pareció una imagen tan inusual como magnífica. Gorriones cayendo del cielo. Tal vez no imagino la sangre, tal vez veo cómo antes de llegar al suelo, los pájaros convierten su caída en vuelo y planean a ras del suelo.

Entonces comencé a pensar en todos los sueños que había leído y en cómo todos me habían dejado con la misma sensación: encandilado por tal imagen, preguntándome cómo el autor conseguía ese efecto tan real y, a la vez, ilusorio, que me hacía sentir como si fuera yo el que acabase de despertar de un sueño. Me acordé del sueño de Armanda en Espejo roto (primero tenéis la cita en catalán, después en castellano traducida por mí).

La senyora Teresa somrigué: "Ara és vostè que m'hauria de parlar del seu somni." L'Armanda digué amb una certa melangia: "Sempre somnio el mateix; ja ho sap. Aquesta nit pasada, també." "¿L'àngel?" "L'àngel", afirmà l'Armanda. "¿Vostè volava amunt, com sempre?" "No, senyora. Jo estava en el meu llit i de dintre del llombrígol em començava a sortir un fum en forma de jo i que no acabava de ser jo." "¿L'ànima?", preguntà la senyora Teresa, tot aguantant un pastisset mig menjat a l'alçada de la boca. "L'ànima. I així que havia atravessat la teulada, s'acostava a ell (...). Jo, ànima, no tenia pits de tan petitons que eren... L'àngel, amb la ploma de les ales una mica rossa a les puntes, tenia la cabellera que semblava un glop de nit." La senoyra Teresa la interrompé: "No m'havia dit mai que tingués cabellera." "Les últimes vegades, sí. I m'agafava per la cintura, amb un sol braç com un cinturó, i amb l'altre braç enlaire i un dit estirat s'obria camí cap al cel. Jo, amb els peus penjant, mig desmasiada i mig eixordada pels batecs de les ales, em deixava agafar; volàvem més enllà del cel i ens assèiem damunt de la lluna fins que l'àngel se n'anava tot dient-me que tornaria. M'havia estès damunt d'una pila de pols de lluna dura com un roc... i tornava enamorat. I ara, senyora Teresa, prou." "Però les altres vegades el somni s'acabava quan s'asseien." "Sí, senyora, però un somni, si sempre és el mateix, es veu que canvia. Ja és prou misteriós que el somiï tant i tant. Ara, cada vegada que el somio, és diferent, i quan em fico al llit ja penso ¿com serà?" "Miri, Armanda, els pastissos que queden; mengi-se'ls abans de dormir perquè la dolçor li dugui el seu somni d'amor. No el deixi morir, Armanda… no el deixi morir mai."

-------------------------

La señora Teresa sonrió: "Ahora es usted quien me tendría que hablar de su sueño". Armanda dijo con cierta melancolía: "Siempre sueño lo mismo; ya lo sabe. Esta noche pasada, también". "¿El ángel?" "El ángel", afirmó Armanda. "¿Usted volaba arriba, como siempre?" "No, señora. Yo estaba en mi cama y de dentro del ombligo me comenzaba a salir un humo en forma de yo y que no acabab de ser yo". "¿El alma?", preguntó la señora Teresa, aguantando un pastelito medio comido a la altura de la boca. "El alma. Y así que había atravesado el tejado, se acostaba a él (...). Yo, alma, no tenía pechos de tan pequeñitos que eran... El ángel, con las plumas de las alas un poco rubias en las puntas, tenía la cabellera que parecía un trago de noche." La señora Teresa la interrumpió: "No me había dicho nunca que tuviera cabellera." "Las últimas veces, sí. Y me cogía por la cintura, con un solo brazo como un cinturón, y con el otro brazo alzado y un dedo estirado se abría camino hacia el cielo. Yo, con los pies colgando, medio desmayada y medio ensordecida por el latido de las alas, me dejaba coger; volábamos más allá del cielo y nos sentábamos encima de la luna hasta que el ángel se iba diciéndome que volvería. Me había tendido sobre un montón de polvo de luna duro como una roca... y volvía enamorado. Y ahora, señora Teresa, basta." "Pero las otras veces el sueño se acababa cuando se sentaban." "Sí, señora, pero un sueño, si siempre es el mismo, se ve que cambia. Ya es bastante misterioso que lo sueñe tanto y tanto. Ahora, cada vez que lo sueño, es diferente, y cuando me meto en la cama ya pienso ¿cómo será?" "Mire, Armanda, los pasteles que quedan, cómaselos antes de dormir para que el dulzor le traiga su sueño de amor. No lo deje morir, Armanda... no lo deje morir nunca."

Hay algo en el sueño de Armanda, algo íntimo y oscuro, que hace que me sobrecoja. Aunque, realmente, es mucho más interesante el sueño que dice tener la señora Teresa, en el que el viento le gemía que el tiempo no existe, pero que ella lo tenía en sus manos y podía hacer lo que quisiera con él...

angelNormalmente, una obra literaria es un código que se tiene que ir descifrando para llegar a conocer lo que el autor quería decir sin decirlo, como el mismo sueño. El sueño es lo que escapa al personaje, es un código dentro de otro código, es algo meta, como os gusta tanto decir por Twitter; o tal vez sea tan solo una paranoia del autor, quien sabe, un "aquí voy a poner lo primero que me pase por la cabeza y que los críticos se peleen por buscarle un sentido". A veces me gusta pensar que es lo primero, porque no me siento solo; otras, me gusta pensar que es lo segundo, porque así me río un rato y vuelvo a ser consciente de lo absurda que puede ser la realidad, de cómo seguimos esperando a ese Godot.

Así que... ¿Los sueños, sueños son?

Read more...

lunes, 27 de enero de 2014

Lo que el 2013 se llevó [Clásicos]

ranking2013Normalmente, los blogueros se dedican a hacer estas entradas recopilatorias de las mejores lecturas del año a finales del año en cuestión, pero para entender esta entrada a finales del primer mes del nuevo año tenemos que tener en cuenta que yo soy más chulo que un ocho y que no he tenido tiempo absolutamente de nada hasta hace una escasa semana (aunque, aceptémoslo, mi awesomeness y mi hipsterismo tienen mucho más peso en esta cuestión). Además, mi chulería, efectivamente, va tanto más allá del ocho que pienso dividir este "ranking" en tres entradas.
Una vez propuesto este breve prólogo, creo que ya es hora de ir al grano, que al fin y al cabo lo que os interesa es conocer las obras que más me han impactado durante el 2013 y no leer cómo me doy bombo: hoy tocan los clásicos.

CLÁSICOS

El principito

el_principitoInfantil o no, es un clásico. Y, la verdad, no sé hasta qué punto El principito es un libro infantil. Mi historia con la obra de Saint-Exupéry es tan antigua como el mismísimo tiempo, pero por unas cosas y otras no me topé realmente con ella hasta que vi una edición por 6€ al lado de la caja registradora de Casa del Libro. Me dije "ahora o nunca" y pagué. Fue un fin de semana mágico en el que gasté tantos pósits marcando citas que casi me quedé sin ellos. Y con lo cortito y maravilloso que es, no puedo evitar recomendároslo fervientemente e intentar releerlo cada año.

—Un día, vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.
Y poco después agregaste:
—¿Sabes?... Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol...
—¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?
El principito no respondió.

Esperando a Godot

esperando_godotEste fue mi primer contacto con Samuel Beckett y os aseguro que no tengo la intención de que se quede en un rollo de una sola noche. Nunca antes me había relacionado con el teatro del absurdo, y si decidí darle una oportunidad fue porque unos compañeros de la facultad se lo leyeron al mismo tiempo y me picaron. Pasé unos días atrapado entre sus páginas a causa del modo en que Beckett mezclaba ese humor absurdo con el más crudo existencialismo y nihilismo. ¿Cómo podía sonreír ante la más desnuda y fría realidad? ¿Era para ocultar el profundo desasosiego que me producía la espera de Didi y Gogo?
La verdad es que poco más os puedo decir, pues ha sido de las pocas obras que me ha dejado sin palabras.

ESTRAGON: Siempre encontramos algo que nos produce la sensación de existir, ¿no es cierto, Didi?
VLADIMIR (impaciente): Claro que sí, claro que sí, somos magos.

Lolita

¿Aún me queda algo que decir sobre la más conocida de Nabokov? Mi relación con el escritor ruso empezó en el más profundo odio cuando descubrí que Jane Austen no le caía demasiado en gracia, pero cuando Lolita me miró seductoramente desde el estante de la librería, pude resistirme menos de lo que lo hizo Humbert Humbert cuando la vio en el jardín junto a las flores.
De Lolita, como ya os decía, he hablado muchísimo, y aunque ha pasado cerca de un año desde que la leí (Ô, le temps!), sigo sin poder sacármela de la cabeza. La obsesión, la perversión, el deseo..., todo se mezcla en la obra de Nabokov tanto para revolveros el estómago como para haceros estallar la cabeza y romperos el alma.

Recuerdo que ya en el primer partido suyo que contemplé me sentí agitado por una serie de convulsiones casi dolorosas a medida que iba asimilando tanta belleza. Mi Lolita tenía un modo peculiar de levantar la rodilla izquierda, que hasta entonces mantenía doblada, al iniciar el amplio y elástico servicio, durante el cual se desarrollaría y se recortaría contra el sol, a lo largo de unos segundos, una concatenación fundamental de equilibrio entre el pie de puntillas, el virginal sobaco, el bronceado brazo y la raqueta lanzada hacia atrás, mientras ella sonreía con dientes centelleantes al globo minúsculo, suspendido en lo alto, en el cenit del cosmos poderoso y lleno de gracia que había creado con el expreso fin de caer sobre él con un límpido zumbido de su látigo dorado.
Aquel servicio tenía belleza, juventud y precisión, así como una trayectoria de pureza clásica; y, a pesar de su tremenda velocidad, era muy fácil devolverlo, ya que en su vuelo largo y elefante no había el menor desvío.
Gimo de frustración cuando pienso que hoy podría tener inmortalizados en cintas de celuloide cada uno de sus reveses, cada uno de sus hechizos. ¡Serían muchísimo más que las instantáneas que quemé!


Jardí vora el mar

jardí_vora_el_marLa cuarta novela de Mercè Rodoreda que leo y la cuarta que me mantiene en vilo, esta vez haciendo balancear mis sentimientos arriba y abajo como si se tratara del mismísimo oleaje. Para mí, Rodoreda no es solo sinónimo de verano porque sea la única época del año en que tenga tiempo de leerla plenamente, sino por su estilo en sí, floral y lírico, con ciertos toques woolfianos, parecido a los rayos del sol que se cuelan por entre las hojas de los árboles y a la fresca brisa nocturna. Y más en esta novela, cuyo argumento se desarrolla en, efectivamente, un jardín junto al mar, y explica la historia, narrada desde la perspectiva del jardinero, de la pareja que alquila la casa cada verano y sus amigos.

Vam passejar una bona estona amunt i avall pel camí de la til·la, sense badar boca. A vegades sentíem un vol d'ocell entre les fulles.
—Els fem por.
—Vagi a dormir, és molt tard...
Va dir que li havien vingut ganes de banyar-se i va baixar a la platja. Jo me'n vaig anar a dormir. Vaig dormir molt malament. Tot i que d'això fa bastant de temps, quan em costa de dormir, recordo com si fos ara el vol d'un ocell entre branques i la veu de l'Eugeni, molt baixa: "Els fem por..."
-----------------
Paseamos un buen rato arriba y abajo por el camino de la tila, sin abrir la boca. A veces oíamos el vuelo de un pájaro entre las hojas.
—Les damos miedo.
—Vaya a dormir, es muy tarde...
Dijo que le habían dado ganas de bañarse y bajó a la playa. Yo me fui a dormir. Dormí muy mal. Aunque de esto hace bastante tiempo, cuando me cuesta dormir, recuerdo como si fuera ahora el vuelo de un pájaro entre las ramas y la voz de Eugeni, muy baja: "Les damos miedo..."

La señora Dalloway

la-senora-dalloway-9788420671710Ya me encontré con Virginia Woolf hará dos años, cuando leí Las olas: el resultado fue un terrible dolor de cabeza y una sensación... extraña, pero agradable. Me dio dolor de cabeza porque fue difícil de entender, de seguir (la estructura, formada a través de seis monólogos internos que se van entrelazando, no facilita su comprensión), pero estaba escrito de una manera que resultaba una verdadera delicia; La señora Dalloway me constató esta primera impresión: Woolf es una autora que no se lee, se siente; a veces puedes no entender lo que Virginia está diciendo, pero siempre te embargará una sensación, algún color predominará sobre los otros y entonces no comprenderás lo que está ocurriendo, lo sabrás.

Y allí estaba él, cruzando Londres para decirle a Clarissa sin rodeos que la quería. Que es algo que no se dice nunca, pensó. En parte por pereza; y en parte por timidez. Y Clarissa: era difícil pensar en ella; ecepto a rachas, como durante el almuerzo, cuando la había visto con toda claridad, su vida entera. (...); iba pensando en todo ello, se veía que estaba pensando en todo ello, gris, tenaz, apuesto, limpio, mientras atravesaba el parque para decirle a su mujer que la quería.
Porque se lo iba a decir con aquellas mismas palabras en cuanto entrara en la habitación. Ta que era una cosa bien triste no decir nunca lo que se siente, pensó, cruzando Green Park y descubriendo con placer cómo a la sombra de los árboles estaban desparramadas familias enteras (...)

Read more...

martes, 9 de julio de 2013

Necesito alguien que me abanique

La vida en verano de un amante de las letras es muy sacrificada, porque todas las actividades de las que disfruta requieren las dos manos: leer y escribir. De acuerdo, los e-readers han facilitado el uso del libro con una sola mano, quedando la otra libre, como cuando tomas una Shandy, pero no es lo mismo, admitámoslo. Así, mientras uno lee o escribe, se encuentra con que no puede abanicarse. El aire que entra por la ventana, aparte de escaso, se encuentra contaminado por el calor que emiten los aparatos de extracción de aquellos vecinos que pueden permitirse encender el aire acondicionado. El ventilador también gasta, y lo único que hace es mover el aire caliente.

Conclusión: si no quiero sufrir el calor que emite la colcha de mi cama o la tela de mi silla al absorber mi propia temperatura corporal mientras leo, o bien si quiero soportar el quemazón que produce mi ordenador en las muñecas mientras escribo, necesito alguien que me abanique. Gratis.

Pero como resultaría algo extraño, más propio de las novelas que constituyen el último boom editorial, ya me abanico yo mismo con el punto de libro. Y es que cuando lees tanto sobre el mar, no te queda otra.

summer_books_banner

Ahora mismo estoy leyendo Jardí vora el mar, de la gran Rodoreda, y el tomo 1 de Kids on the slope, un manga de cuyo anime oí hablar por primera vez a Yeri y en seguida llamó mi atención. El mar está presente en ambos, en el primero casi como un personaje más, rivalizando con la importancia del jardín, y en el segundo, de momento, como algo de fondo, poco importante, pero que dota a la lectura del manga un ambiente relajante y veraniego. Después de tropezarme con dos lecturas que se me han atragantado un poco y que han ocupado más de dos semanas de mis vacaciones, la prosa de Mercè y el dibujo de Kodama es justo lo que necesitaba. A uno nunca le viene mal desconectar de todo, aunque pase mucho calor.

Read more...

miércoles, 19 de septiembre de 2012

The (Mercè Rodoreda) Experience III

The (Classic) Experience es una sección de Lector Empedernido -como si yo fuera el único intelectual que reseña clásicos- en la cual haré pequeñas reseñas de las novelas clásicas que vaya leyendo (desgraciadamente, son pocas). Esta sección es aperiódica, es decir, tendréis una entrega siempre que a mi me salga del monóculo.


El carrer de les Camèlies, de Mercè Rodoreda

La dejaron abandonada en una cesta, al pie de una reja de un jardín y el vigilante la encontró. Casi recién nacida y con un papel en el pecho enganchado con un imperdible donde habían escrito en lápiz su nombre: Cecília Ce. Cecília estaba bien escrito, con buena letra, pero Ce estaba tembloroso, irregular, como si quien lo escribiera hubiera estado llorando.
Cecília fue acogida por el señor Jaume y la señora Magdalena, amos de la casa donde la habían dejado. Su risa de bebé los conquistó. Pero Cecília era una niña muy rara, que odiaba estar entre los muros de esa casa. Y no sabía si su padre era un pianista o un criminal. Decían que podría ser un pianista porque tenía las manos grandes y delgadas, y que podría ser un criminal porque tenía el lóbulo de las orejas enganchado a la cara, y eso era signo de maldad. Por eso se escapa un día y va al Liceu, solo quiere ver a los músicos pero cuando llega los músicos ya han entrado. Y un chico, con un un mechón de cabellos sobre la frente, la ve perdida y la lleva a casa. Ese chico se llamaba Eusebi.
Esta es la historia de Cecília Ce. La niña que fue abandonada en la calle de las Camelias.

És veritat que m'havia posat a viure amb ell quan ja no m'agradava massa, vull dir quan veure'l ja no em feia tremolar, però aviat em va tornar a agradar moltíssim, de ben a la vora, i ell era com si es morís, i em deia que des del dia que li havia demanar que em tirés aigua per esbandir-me no havia tingut cinc minuts de pau com si un déu dolent l'hagués condemnat a pensar només en mi. Em parlava de les nits que havia passat mirant la nostra barraca perquè jo era a dins, i deia que segons quines nits em veia amb ulls de pensament d'amor, i em veia sortir de la barraca però que jo no era de debó, només la il·lusió de mi, i que quan em tenia a tocar m'abraçava i quan es despertava del seu somni despert es trobava abraçat amb la nit. I sempre em deia coses així, que m'esborronaven.

~------------------------------------------------------~

Es verdad que me había puesto a vivir con él cuando ya no me gustaba demasiado, quiero decir cuando verlo ya no me hacía temblar, pero pronto me volvió a gustar muchísimo, bien cerca, i él era como si se muriera, y me decía que desde el día que le había pedido que me tirase agua para enjugarme no había tenido cinco minutos de paz como si un dios malvado le hubiera condenado a pensar solo en mí. Me hablaba de las noches que había pasado mirando nuestra barraca porque yo estaba dentro, y decía que según qué noches me veía con ojos de pensamiento de amor, y me veía salir de la barraca pero que yo no era de verdad, sólo una ilusión de mí, y que cuando me tenía cerca me abrazaba y cuando se despertaba de su sueño despierto se encontraba abrazado a la noche. Y siempre me decía cosas así, que me horrorizaban.

Siempre que leo algo de Mercè Rodoreda, ya sea un cuento o una novela, lo empiezo y lo termino de la misma forma: al leer la primera página me encuentro entre una nebulosa lírica y confusa, y cuando acabo la última los ojos se me empañan de lágrimas y mis labios esbozan una sonrisa boba. Aunque unas historias sean más buenas que otras, leer a Rodoreda es mágico, musical, especialmente en catalán, aunque dudo que en castellano esa magia se pueda perder, es prácticamente imposible. Por eso, cada vez que me acerco a un libro de Mercè Rodoreda que no he leído aún, tengo miedo. Miedo de encontrar un fallo, de que no me conquiste, de que no me encandile, de que no meza mi mente con su prosa y su vaivén característico. Miedo infundado, pero racional al fin y al cabo. Por suerte, El carrer de les Camèlies me ha hecho ver que Mercè fue humana y que también podía equivocarse. No, no me malinterpretéis, claro que me ha gustado, pero de las tres novelas que he leído (esta, La plaça del Diamant y Mirall trencat) ha sido la que menos, pero igualmente ha sido una lectura magnífica.

El motivo de esta pequeña decepción, si es que puede llamarse así a falta de una palabra más adecuada (mi cabeza se niega a asociar la palabra decepción con Rodoreda), ha sido que, después de Mirall trencat, había olvidado que la especialidad de mi Mercè son los personajes y ambientes marginales, y al encontrarme de lleno con ello, mi mente sufrió un pequeño shock y tardó en asimilarlo. Pero cuando me acostumbré lo disfruté más. La narración era exactamente igual como recordaba: bien cuidada, perfectamente escrita y hermosa; el ritmo, sin embargo, lo he encontrado más rápido que en las otras dos novelas suyas que he leído (seguramente debido a que la última fue Mirall trencat y en su tiempo interno transcurren casi más de cincuenta años). Las descripciones, por otro lado, las he encontrado como siempre, bien cuidadas y completamente poéticas -las comparaciones y metáforas que esta señora conseguía hacer son increíbles. Además, si con algo disfruto yo de esta autora es su capacidad minuciosa de crear un ambiente y una historia, llenándola de pequeños detalles que se repiten sucesivamente a lo largo de la novela logrando introducir símbolos y dotando de una continuidad creíble la vida de los personajes.

A la banda de Montjuïc es va alçar un coet. Seblava que hagués sortit del mar i va caure desfet com si un dimoni hagués esmicolat una estrella.

~------------------------------------------------------~

En el lado de Montjuïc se alzó un cohete. Parecía que hubiera salido del mar y cayó desecho como si un demonio hubiese desmenuzado una estrella.

De los personajes, poco puedo decir, ya que son tantos que a penas se definen completamente y aparecen casi como un borrón que, a pesar de ello, influyen de manera muy importante en la vida de la protagonista, Cecília.
Cecília Ce, por su parte, es una protagonista un poco peculiar: tiene sus manías y vive para lucir y sentirse mujer. Es un personaje que sufre bastante, casi más, a mi parecer, que cualquier otra protagonista rodorediana que haya leído hasta el momento (porque Natàlia, al fin y al cabo, solo tenía que soportar unas palomas que la hacían volver loca, pero lo que Cecília vive no tiene nombre).

Dicho todo esto, creo que podría recomendar El carrer de les Camèlies (La calle de las Camelias) como obra de introducción a aquellos que quieran empezar a leer algo de Mercè Rodoreda, básicamente porque creo que puede gustar lo suficiente como para volver a querer a leer algo más suyo y así adentrarse entonces en La plaça del Diamant (La plaza del Diamante) para que os acabara de conquistar. El carrer de les Camèlies es, entonces, una obra musical y dulce a pesar de la cruda dureza de las situaciones que presenta. Al fin y al cabo, a Cecília la dejaron en una calle rodeada de flores.

Por último, me gustaría cerrar esta reseña con este artículo publicado en El País el 1983 sobre Mercè Rodoreda escrito por Gabriel García Márquez.

Read more...

viernes, 3 de agosto de 2012

The (Mercè Rodoreda) Experience II

The (Classic) Experience es una sección de Lector Empedernido -como si yo fuera el único intelectual que reseña clásicos- en la cual haré pequeñas reseñas de las novelas clásicas que vaya leyendo (desgraciadamente, son pocas). Esta sección es aperiódica, es decir, tendréis una entrega siempre que a mi me salga del monóculo.


Mirall trencat, Mercè Rodoreda

Esta es la historia de una casa, de un jardín abandonado y de tres generaciones de una misma familia. Es la historia de una joven que ayudaba a su madre a vender pescado en la Boqueria, de un broche de un ramo de flores brillantes y de un abanico con una manzana verde pintada en él. Es la historia de un armario nacarado en negro con dos soldados japoneses pintados en dorado en las puertas y de unas plumas de pavo real. De rosas blancas como puños, de un jarrón de cristal y hierro, de violetas, de columnas de mármol rosas, de unos pendientes de estrella, de una aguja de corbata con una perla gris y rosada, de un laurel, de tres cedros centenarios, de una laguna que, hacia el centro, tenía hasta siete palmos de profundidad... y de secretos.

Esta es la historia de un
espejo que refleja el tiempo... de un espejo roto.

"Jo, ànima, no tenia pits de tan petitons que eren... L'àngel, amb la ploma de les ales una mica rossa a les puntes, tenia la cabellera que semblava un glop de nit." La senoyra Teresa la interrompé: "No m'havia dit mai que tingués cabellera." "Les últimes vegades, sí. I m'agafava per la cintura, amb un sol braç com un cinturó, i amb l'altre braç enlaire i un dit estirat s'obria camí cap al cel. Jo, amb els peus penjant, mig desmasiada i mig eixordada pels batecs de les ales, em deixava agafar; volàvem més enllà del cel i ens assèiem damunt de la lluna fins que l'àngel se n'anava tot dient-me que tornaria. M'havia estès damunt d'una pila de pols de lluna dura com un roc... i tornava enamorat. I ara, senyora Teresa, prou." "Però les altres vegades el somni s'acabava quan s'asseien." "Sí, senyora, però un somni, si sempre és el mateix, es veu que canvia. Ja és prou misteriós que el somiï tant i tant. Ara, cada vegada que el somio, és diferent, i quan em fico al llit ja penso ¿com serà?" "Miri, Armanda, els pastissos que queden; mengi-se'ls abans de dormir perquè la dolçor li dugui el seu somni d'amor. No el deixi morir, Armanda… no el deixi morir mai."
~
"Yo, alma, no tenía pechos de tan pequeñitos que eran... El ángel, con las plumas de las alas un poco rubias en las puntas, tenía la cabellera que parecía un trago de noche." La señora Teresa la interrumpió: "No me había dicho nunca que tuviera cabellera." "Las últimas veces, sí. Y me cogía por la cintura, con un solo brazo como un cinturón, y con el otro brazo alzado y un dedo estirado se abría camino hacia el cielo. Yo, con los pies colgando, medio desmayada y medio ensordecida por el latido de las alas, me dejaba coger; volábamos más allá del cielo y nos sentábamos encima de la luna hasta que el ángel se iba diciéndome que volvería. Me había tendido sobre un montón de polvo de luna duro como una roca... y volvía enamorado. Y ahora, señora Teresa, basta." "Pero las otras veces el sueño se acababa cuando se sentaban." "Sí, señora, pero un sueño, si siempre es el mismo, se ve que cambia. Ya es bastante misterioso que lo sueñe tanto y tanto. Ahora, cada vez que lo sueño, es diferente, y cuando me meto en la cama ya pienso ¿cómo será?" "Mire, Armanda, los pasteles que quedan, cómaselos antes de dormir para que el dulzor le traiga su sueño de amor. No lo deje morir, Armanda... no lo deje morir nunca."

Mi historia con esta novela se remonta hasta casi diez años atrás. Con la edad que tenía por aquél entonces, poco sabía de la programación que daban en televisión... para mí solo existían los animes que ya veía de niño y las series de dibujos animados. Pero el anuncio de una serie de TV3 llamó mi atención: unas escaleras, una mujer con un dominó violeta, un espejo que caía y que se rompía y un título, Mirall trencat. Años más tarde aún lo recordaba... y me sorprendió encontrarme con ese mismo título en el libro de lengua catalana. Desde entonces supe que debía leerlo, que Mercè Rodoreda me tenía preparado algo especial para mí, y ya pude casi afirmarlo con mi lectura de La plaça del Diamant. Y tuve miedo de leerlo, tuve miedo mientras leía Mirall trencat... temía que me decepcionase... pero no lo ha hecho. Creo que Mercè nunca podría decepcionarme.

La narración de esta novela es ligeramente diferente a la de La plaça del Diamant porque no está escrita en primera persona, sino en tercera, aunque este pequeño detalle no impide que nos sintamos próximos a los personajes. No obstante, el lirismo, que parece ser una característica inmanente en todas las obras de Rodoreda, estará allí para acompañarnos a la largo de la historia de la familia Valldaura. Además, también nos encontraremos con la puntuación especial de la autora, con la utilización de las comillas en los diálogos en lugar de nuestros amados guiones, e incluso, en ocasiones, con pensamientos entremezclados con descripciones. No negaré que en algunos momentos el estilo tan propio de la autora ha llegado a confundirme y he tenido que leerme más de dos veces un fragmento para entenderlo correctamente, pero puedo asegurar que esos momentos los podría contar con los dedos de una mano y que su belleza puede curar todos los males.

Por otro lado, es necesario destacar la estructura de esta obra, llena de anacronías, especialmente analepsis, que ayudan a conocer mejor a los personajes, su historia y su pasado, amén de otros pequeños detalles que enriquecen la historia y que lo conectan todo. También me gustaría destacar la temática de la novela, que parece ser un tema recurrente en los libros de Mercè Rodoreda: el paso del tiempo, su efecto sobre las personas y la psicología humana; entremezclados de forma magistral y que harán las delicias de todo aquel obsesionado con ellos -como un servidor.

¿Y qué podría decir sobre sus personajes? Pues no mucho, ya que por poco que dijera podría destriparos algún momento de la novela. Solo puedo decir que han conseguido fascinarme, todos y cada uno de ellos, con su profunda, compleja y marcada personalidad, y más de uno me ha sorprendido ya fuera para mal o para bien.

En definitiva, ¿lo recomendaría? Por supuesto. ¿Rodoreda ocupa ya un lugar más que especial en mi corazón y en mi estantería? Indudablemente. Tanto su prosa como sus historias han conseguido cautivarme, al menos ya en dos ocasiones y en algunos de sus cuentos, y estoy seguro que volverá a lograrlo con el resto de sus libros. En Mirall trencat o Espejo roto podréis encontrar una historia desgarradora de una casa, de un jardín abandonado y de tres generaciones de una misma familia que os conmoverá y os estremecerá a cada página.

Read more...

jueves, 12 de julio de 2012

Tres tristes tigres comen trigo durante tres años

Una vez más, como cada año, os habla el Matt del pasado.


Hace dos años, os dije que al empezar no tenía ninguna intención de que el blog se convirtiera en lo que se ha convertido, y hace un año os expliqué cómo surgió todo y de qué forma evolucionó.
Visto así, este año no tendría nada que explicaros. Podría pasar del tema, programar una simple entrada con una imagen de una tarta de cumpleaños y decir que el blog cumple tres años y, hale, viento fresco. Podría organizar un concurso, pero soy demasiado vago. Ese no es mi estilo. Supongo que soy masoquista, que me gusta escribir entradas kilométricas sin ningún premio al final por las cuales la gente normal no se interesa. Ah, pero así soy yo. Así es mi blog.
Así que esta vez me toca explicaros qué es para mí el blog y qué me ha aportado


Al principio, como bien sabéis, este espacio no era más para mí que una simple vía de entretenimiento, una forma de decir "ey, a mí también me gusta la literatura juvenil" que fuera exclusivamente mía, donde yo fuera el único soberano para así poder dar rienda suelta a mi humilde ego. Y de una afición, pasó a una profesión, una dedicación a la que entregaba la mitad de mi alma, mientras que la otra seguía ocupada con cuestiones escolares. Se convirtió, finalmente, en una vía de escape.

Así que pasaron los años, mi afán como lector creció y acabé leyendo clásicos. Comencé primero con Cumbres borrascosas, pero tal historia de pasiones desproporcionadas, de odio puro y venganza, me dejó tan conmocionado que descansé durante una larga temporada... hasta que cursé literatura universal y degusté a Kafka y a Shakespeare. Y en verano Salinger me perturbó, Austen me cautivó y Rodoreda me emocionó. Más tarde, Camus me entendió, Hesse me apoyó, y ahora mismo Woolf me confunde. Y a todo momento estoy dispuesto a compartir todas estas experiencias con vosotros.

Enlace
Ya veis, además de mucha gente que ha merecido la pena conocer, este humilde espacio ha conseguido que poco a poco fuera amando la literatura en todas sus formas (o en la mayoría de ellas). Además, es curioso que justo tres años después de ese momento de locura momentánea, producida por puro aburrimiento, en que decidí crear un blog sobre libros, llegue a saber a través de un SMS que estudiaré una carrera estrechamente relacionada con las letras y la literatura. El destino tiene su propio sentido del humor.

Yo, mientras tanto, seguiré investigando en la sección de clásicos de la Fnac, me picarán la curiosidad autores como Henry James y John Dos Passos y pensaré que tal vez no será una idea tan estrambótica el hecho de leer Anna Karenina o Los hermanos Karamázov (aunque se me vaya rápido de la cabeza). Eso sí, la visita a la sección juvenil, tan familiar y sencilla, no me la quitará nadie.

Verdaderamente, tres años pasan en un suspiro.


Entretanto, borremos de un golpe el tic-tac del reloj del tiempo.

Las olas, Virgina Woolf

Read more...

viernes, 5 de agosto de 2011

The (Mercè Rodoreda) Experience

The (Classic) Experience es una sección de Lector Empedernido -como si yo fuera el único intelectual que reseña clásicos- en la cual haré pequeñas reseñas de las novelas clásicas que vaya leyendo (desgraciadamente, son pocas). Esta sección es aperiódica, es decir, tendréis una entrega siempre que a mi me salga del monóculo.


La plaça del Diamant, Mercè Rodoreda

Natàlia es una chica joven como otra cualquiera, es feliz, tiene un prometido muy dulce que se llama Pere y un trabajo en una pastelería tan dulce como su prometido. Una vida normal y tranquila.
Hasta que un día su mejor amiga, Julieta, le dice de ir a la fiesta mayor de Gràcia, en la plaça del Diamant, que sortearán cafeteras, a bailar un rato y para que conozca a su novio; pero Natàlia no tiene ganas de salir, no le apetece bailar... aunque finalmente accede a ir, porque ella es así, porque sufre si tiene que decirle que no a alguien a quien quiere. Y allí conoce a Quimet, un chico atractivo que le hace ojitos, que la embelesa con la mirada de sus ojos de mico, que no deja de seducirla por mucho que ella diga que tiene prometido... y a ella le hace gracia, le gusta. Y bailan y bailan. Bailan toda la noche. Baila cuando la plaza se vacía y bailan cuando la orquesta deja de tocar. "Vuela, vuela, vuela Colometa", le dice. Y las luces se apagan. Y ella deja de ser Natàlia.

Cuando alguna vez había oido: esta persona es de corcho, no sabía qué querían decir. Para mí, el corcho era un tapón. Si no entraba en la botella, después de haberla destapado, lo estrechaba con un cuchillo como si hiciera punta a un lápiz. Y el corcho crujía. Y costaba de cortar porque no era ni duro ni blando. Y al final entendí qué querían decir cuando decían que esta persona es de corcho... porque, de corcho, lo era yo. No porque fuera de corcho si no porque me tuve que hacer de corcho. Y el corazón de nieve. Me tuve que hacer de corcho para seguir adelante, porque si en lugar de ser de corcho con el corazón de nieve, hubiera sido, como antes, de carne que cuando te pellizcas te hace daño, no habría podido pasar por un puente tan alto y tan estrecho y tan largo.

~------------------------------------------------~

Quan alguna vegada havia sentit: aquesta persona és de suro, no sabia què volien dir. Per mi, el suro era un tap. Si no entrava en l'ampolla, després d'haver-la destapada, l'aprimava amb un ganivet com si fes punta a un llapis. I el suro grinyolava. I costava de tallar perquè no era ni dur ni tou. I a l'últim vaig entendre què volien dir quan deien aquesta persona es de suro... perquè, de suro, ho era jo. No perquè fos de suro sinó perquè em vaig haver de fer de suro per poder tirar endavant, perquè si en comptes de ser de suro amb el cor de neu, hagués estat, com abans, de carn que quan et pessigues et fa mal, no hauria pogut passar per un pont tan alt i tan estret i tan llarg.

Todo empezó cuando, a final de curso, vimos la mini-serie que hizo RTVE de La plaça del Diamant -ojo si hacéis click, que los capítulos tienen abajo un resumen bien cargadito de spoilers de lo que pasa en el libro- (me niego rotundamente a llamarlo La plaza del Diamante). En casa ya tenía esperándome desde hace un año otra novela de Mercè Rodoreda, Mirall trencat (me niego rotundamente a llamarlo Espejo roto), que seguramente devore este verano, y tras ver la serie no dudé ni un instante en comprarme La plaça. Qué sorpresa cuando descubrí que mi hermano lo tenía de cuando cursaba bachillerato en sus años mozos. Así que se lo robé y me di un descanso de Jane Austen durante los exámenes. Qué gran decisión.

La narración de Mercè Rodoreda es una de las mejores que he leído en mi vida de lector: simple, hermosa, poética y ligera. Lo tiene absolutamente todo, creando un estilo único aderezado con un encanto que hace que no quieras parar de leer y leer. Eso sí, cuesta pillarle el truco porque apenas utiliza los elementos típicos de la puntuación, sobre todo los guiones, de forma que al principio puede resultar algo confuso, pero a lo que no tardamos en acostumbrarnos y a ser una gran ventaja, ya que nos propiciará una lectura más rápida acorde con el paso del tiempo que transcurre en la novela (toda la vida de Natàlia).

Las descripciones son impresionantes, describen lo justo y las encontramos en la justa medida, sin que se nos agobie con ellas. El ritmo es más que adecuado, volamos a través de las páginas y del tiempo, desde el régimen de Primo de Rivera hasta la dictadura franquista, pasando por la Segunda República y la guerra Civil.
Por no hablar de los símbolos que oculta Mercè a lo largo de la novela: las balanzas de la escalera, simbolizando la constancia y la seguridad; el embudo, que significa la vida, que se escurre y se estrecha hasta el final; y las palomas... (colom en catalán significa paloma, de ahí viene el mote de Natàlia, Colometa -Palomita-)

¿Y qué podría decir de Natàlia, o de Colometa? No demasiado, no quiero spoilearos como hacen los libros de literatura catalana... aunque aún así la lectura no perdería su fuerza y su pasión. Natàlia, aunque no lo parezca, es un personaje fuerte, que aguanta, y aguanta muchísimo, aunque pueda parecer una pánfila y una pusilánime. La acompañaremos a lo largo de su vida, de la guerra y de la posguerra, cogiéndole cariño y sintiéndonos afines a ella.

¿La recomiendo? Sin lugar a dudas, sobre todo si entendéis el catalán (pues os puedo asegurar que en catalán os gustará muchísimo más, ya que es la versión original). Se trata de un libro lleno de pasión, sentimientos y emociones, que me ha conmovido y convencido para leer toda la obra de Mercè Rodoreda, y que trata el paso del tiempo con una crueldad y un realismo aterrador, afligiéndonos como si fuera nuestra propia vida la que se ha escurrido por el embudo y no la de Natàlia.

Read more...

Eventos

ultimareseña ultimareseña

¿Des de dónde visitan "Lector Empedernido"?

Imagen de título:

Las fotos originales de las cabeceras han sido buscadas en Wehearit.

  © Blogger templates Psi by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP